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Ruta de amantes

Mara y su columna semanal. Los amantes y sus choques recurrentes. Camino sinuoso y con visibilidad nula. Masculino ileso. Femenino gravemente herido. Al final de la nota una señal que todos deberíamos respetar.

¿Cuál es la señal que indica el desvío en una relación de amantes? ¿Por qué para las mujeres son las rutas más cortas hacia ninguna parte o terminan con un cartel de “estamos trabajando”?
¿Por qué las confundimos con autopistas a grandes destinos y por qué ellos van hasta aquí cerquita, dispuestos a pegar la vuelta?

Yo nunca imaginé que con tanto desparpajo y tanta sugestión nosotras nos íbamos a meter en tremendo callejón sin salida. No se me ocurrió pensar que con tanta torpeza de querer parecernos a ellos no íbamos a darnos cuenta de que, poniéndonos en ese asiento, funcionaríamos como repuesto. ¿No nos dejaron claro ellos que no hay como el original?
Sin garantía le dimos para adelante y veo que todas chocan de ida.

¿Por qué se mandaron tan aceleradas? Porque se creyeron la nominación del término “amantes” que, luego, en el hecho en sí mismo, difiere de lo que una mujer entiende como amor.

Se podría decir que no es más que un vínculo y tal vez el más impreciso de definir. ¿Será que no está contemplado por la ley que lo hace más incomprensible? ¿Será que esa ruta  nueva nos dejó sin luces?

Ahí veo yo a todos ellos yendo por colectora, livianitos e improvisados atentos siempre a la próxima salida. Ahí vamos nosotras aferradas al volante por la autopista principal con cinturón, matafuego, seguro al día, tarjeta verde y haciendo mil señas de luces.

Sí, ellos bien saben que a 60 km/h es posible disfrutar mejor del paisaje, parar a cargar nafta y tomar un cafecito por si el viaje se pone incómodo.

A 120 km/h no hay mate que no desborde. Y ni hablar de por dónde vamos pasando.

Nos vamos de viaje y metemos todo en la valija. Lo necesario, lo no tanto y un poquito más por las dudas. El gran bajón está en volverse sin haber usado ni la décima parte de lo que llevábamos. Y la verdad cuando queda ropa sin usar (y lo poco que se usó no lo vio nadie) todas nos quedamos con ese destino metido en la cabeza cómo si no hubiera otros lugares para conocer.



Como buenos volantes ellos pueden tomar el retorno con una U como corresponde, en una sola maniobra y no en cuatro, con precaución, armando un embotellamiento de insultos.

Parece que los amantes no tuvieran puntos de encuentros. Y acá está la igualdad no identificada entre los géneros. Los dos buscan afecto pero lo encuentran en lugares diferentes. Ellos en el paisaje y nosotras en el destino. Si no hay meta no corremos el riesgo. A ellos el sólo planteo de un punto de llegada los mete en una rotonda.

¿Qué ellos pueden separar el sexo del amor? Mentira. Ellos encuentran el amor en el sexo.

Somos nosotras las que separamos los dos conceptos y es por eso que nunca estamos conformes. Ya no alcanza con un encuentro de placer, falta el chocolate, el llamado y la posible vida juntos (con una pareja de perros labradores) y tus hijos y mis hijos qué ¡justo! se llevan bárbaro. No hay suegras, no hay juicios y ni hablar de problemas de caja chica.

En definitiva las mujeres amantes o quienes estén a punto de tomar algún acceso deben saber que sí o sí se paga peaje y, chicas, no sale dos mangos.

Algún hombre dijo: Las amantes son como los 0km. A los 3 meses ya no huelen tan bien.