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Detuvieron al novio de la asesinada Natalia Di Gallo, MDZ te cuenta la trama
Con casi ocho años de demora, luego de la presentación de una querella, la Justicia ordenó la detención y la prisión preventiva de Nicolás Gómez, novio de la joven asesinada a fines de 2003 en el Parque Pereyra Iraola. MDZ te cuenta la trama detrás de la trama de un crimen feroz.
Ocho años debieron pasar para que la Justicia reactivara la investigación de la muerte de Natalia Di Gallo, una joven asesinada a fines de 2003 en el Parque Pereyra Iraola en la provincia de Buenos Aires.
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La medida fue dictada por la jueza de Garantías de Quilmes, Adriana Myszkin, quien además dictó la prisión preventiva por lo que Nicolás Gómez permanecerá detenido hasta el comienzo del juicio oral.
Hay que recordar que el 1º de enero de 2004 el cuerpo de Natalia fue encontrado en un zanjón del Camino General Belgrano, cerca del parque Pereyra Iraola de Berazategui. El 28 de diciembre anterior, Nicolás la pasó a buscar para llevarla a cenar, pero finalmente fueron al parque. Horas más tarde, Gómez denunció que un hombre los había asaltado y se llevó a la chica.
Este último estuvo detenido tres meses, pero luego fue liberado por falta de mérito. La familia de Natalia, por su parte, siempre creyó que mentía respecto a lo que ocurrió aquella noche.
La historia no oficial
"Tengo a la cana encima y lo único que hice fue poner la bolsa donde me dijeron", reprodujo el grabador de los investigadores. Con la cinta en su poder, el fiscal de la causa, Claudio Pelayo, ordenó a los efectivos de la DDI de Quilmes en 2004 la detención de Nicolás Gómez, la cual se hizo efectiva el miércoles 21 de enero por la mañana en la casa de su madre, Marta, en Florencio Varela.
No conforme con ello, el fiscal ordenó varios allanamientos más en busca de cómplices: de uno de ellos sería la voz atrapada por las escuchas telefónicas. Aunque en los procedimientos no hubo detenidos, se secuestró gran cantidad de elementos que servirían de pruebas para futuras detenciones. "Se escaparon por poco, pero estamos en la pista correcta", anunció un oficial de la policía bonaerense. Esas palabras durarían poco: de las tres hipótesis que manejaban al principio los investigadores, todas han comenzado a perder peso.
La primera es la del propio Gómez, quien declaró que la noche del 29 de diciembre un desconocido de barba y pelo oscuro rompió el vidrio trasero de su Renault 11 estacionado en el Parque Pereyra Iraola y secuestró a Natalia, que apareció muerta cuatro días después a cinco kilómetros de ese lugar. Natalia, de 16 años, había roto pocos días atrás con su novio Alejandro, y Gómez -ex compañero del colegio Santo Tomás de Florencio Varela-, la invitó a salir esa noche. Tanto en la fiscalía como en la policía esta versión ha perdido total credibilidad. Por caso, jamás se encontraron vidrios sobre el cadáver de Natalia, algo imposible si realmente el desconocido hubiera roto la luneta del auto, ya que según Gómez ambos estaban en el asiento trasero.
La segunda es que la muerte fue causada por una tercera persona o por varias personas más, pero que Gómez actuó como entregador. Los investigadores han trabajado intensamente en esta pista, porque es a la que apuntan la mayoría de los indicios.
La tercera directamente señala a Gómez como el homicida.
Según publicó oportunamente la desaparecida revista Semana, "Nicolás Gómez, según sus padres, es un chico como cualquiera, un hincha de River que ama el vóley, a tal punto que construyó una canchita casera en su patio. Gómez terminó la secundaria en 2002 y como no se definía por ninguna carrera universitaria terminó trabajando como remisero aprovechando el regalo de su padre ángel, un Renault 11 celeste. Así, consiguió trabajo en la remisería Fer, a pocas cuadras de la casa paterna, en la calle Húsares al 4500, Quilmes (Nicolás vive con su madre y su hermana mayor Jessica en Florencio Varela)".
Fuera de su vida pública, los investigadores siempre sospecharon que Nicolás tenía estrechos vínculos con un grupo cuasi mafioso. La versión off the record de los indagadores dice que esa noche del 29 de diciembre, un grupo de jóvenes montado en un Peugeot 504 blanco, luego de cometer un robo menor, fue visto en el Parque Pereyra Iraola. Que el líder de esa banda sería un chico apodado "El Cabezón", cuya casa en Bosques fue allanada, aunque él logró escaparse. Y que Nicolás Gómez lo conocía.
Un ex preso señaló oportunamente que la banda que actuó en el crimen de Natalia estaría vinculada con el negocio y la venta de cocaína y marihuana.
La otra persona que integraría este grupo sería la reproducida en un identikit armado sobre la base de las declaraciones de varios testigos, quienes aseguraron haber visto esa noche en el parque a un joven de barba y pelo oscuro. Curiosamente, la misma descripción que dio Gómez del supuesto secuestrador. Y también sería conocido de Gómez.
"Está claro que en este caso actuaron por lo menos dos personas y que Natalia fue agredida sexualmente", aseguró en 2004 a este periodista Roberto Damboriana, abogado de la familia Di Gallo. El padre de la víctima, Juan Di Gallo, también sospechaba del joven: "No creo para nada en la versión que da: sabe más de lo que dice y está ocultando algo", aseguró en esos días.
En el mismo sentido, otros testimonios sumaron puntos a la hipótesis de la entrega: un matrimonio que volvía de un bingo la noche del crimen declaró que vio cómo un joven subía a golpes a otra persona a un auto en la zona del Parque Pereyra Iraola. Lo llamativo de esta declaración es que la pareja señaló que delante de ese auto, el Renault 11, había otro, un Peugeot 504, del cual se asomaba una cabeza que miraba para atrás como asegurándose de que la persona golpeada entrara al vehículo.
Se sabe hoy que Natalia recibió un fuerte golpe en la cabeza, aunque los primeros peritajes sostuvieron que murió asfixiada dentro de las bolsas de consorcio donde la encontraron, y que las bolsas no tenían rastros de haber estado en contacto con la tierra del parque. "A la chica la envolvieron en otro lado y luego dejaron el cuerpo en el lugar donde fue encontrado. Por eso estamos seguros de que fueron varios los que la mataron", dijo a la prensa un comisario que participó de la investigación.
Concluyendo
Las versiones sobre una supuesta entrega vinculada al submundo de la droga en la zona sur de la provincia de Buenos Aires son un secreto a voces en el marco de la causa por la muerte de Natalia Di Gallo y tal vez por eso nunca se termine de esclarecer la verdad detrás de este tema. La mafia se mueve comprando voluntades, ya sea a través de dinero o a través de la violencia.
Los investigadores judiciales siempre sostuvieron que había que profundizar la indagación más allá de la probada responsabilidad de Gómez. “Hay punteros políticos muy importantes, que aparecen nombrados en otras muertes y que están amparados por conocidos intendentes de la zona sur del gran Buenos Aires”, dijo uno de los policías a este cronista. El dato, aunque real, nunca se profundizó.
En fin, para destapar lo que se esconde detrás de lo ocurrido la Justicia tendría que investigar a un hombre de apellido Rasmussen, dueño de un boliche bailable llamado Rimbo, en Avenida Calchaquí 4249 de la zona de Quilmes y relacionado con la policía local y el intendente de la zona. Esa es la punta del ovillo.
Este último estuvo detenido tres meses, pero luego fue liberado por falta de mérito. La familia de Natalia, por su parte, siempre creyó que mentía respecto a lo que ocurrió aquella noche.
La historia no oficial
"Tengo a la cana encima y lo único que hice fue poner la bolsa donde me dijeron", reprodujo el grabador de los investigadores. Con la cinta en su poder, el fiscal de la causa, Claudio Pelayo, ordenó a los efectivos de la DDI de Quilmes en 2004 la detención de Nicolás Gómez, la cual se hizo efectiva el miércoles 21 de enero por la mañana en la casa de su madre, Marta, en Florencio Varela.
No conforme con ello, el fiscal ordenó varios allanamientos más en busca de cómplices: de uno de ellos sería la voz atrapada por las escuchas telefónicas. Aunque en los procedimientos no hubo detenidos, se secuestró gran cantidad de elementos que servirían de pruebas para futuras detenciones. "Se escaparon por poco, pero estamos en la pista correcta", anunció un oficial de la policía bonaerense. Esas palabras durarían poco: de las tres hipótesis que manejaban al principio los investigadores, todas han comenzado a perder peso.
La primera es la del propio Gómez, quien declaró que la noche del 29 de diciembre un desconocido de barba y pelo oscuro rompió el vidrio trasero de su Renault 11 estacionado en el Parque Pereyra Iraola y secuestró a Natalia, que apareció muerta cuatro días después a cinco kilómetros de ese lugar. Natalia, de 16 años, había roto pocos días atrás con su novio Alejandro, y Gómez -ex compañero del colegio Santo Tomás de Florencio Varela-, la invitó a salir esa noche. Tanto en la fiscalía como en la policía esta versión ha perdido total credibilidad. Por caso, jamás se encontraron vidrios sobre el cadáver de Natalia, algo imposible si realmente el desconocido hubiera roto la luneta del auto, ya que según Gómez ambos estaban en el asiento trasero.
La segunda es que la muerte fue causada por una tercera persona o por varias personas más, pero que Gómez actuó como entregador. Los investigadores han trabajado intensamente en esta pista, porque es a la que apuntan la mayoría de los indicios.
La tercera directamente señala a Gómez como el homicida.
Según publicó oportunamente la desaparecida revista Semana, "Nicolás Gómez, según sus padres, es un chico como cualquiera, un hincha de River que ama el vóley, a tal punto que construyó una canchita casera en su patio. Gómez terminó la secundaria en 2002 y como no se definía por ninguna carrera universitaria terminó trabajando como remisero aprovechando el regalo de su padre ángel, un Renault 11 celeste. Así, consiguió trabajo en la remisería Fer, a pocas cuadras de la casa paterna, en la calle Húsares al 4500, Quilmes (Nicolás vive con su madre y su hermana mayor Jessica en Florencio Varela)".
Fuera de su vida pública, los investigadores siempre sospecharon que Nicolás tenía estrechos vínculos con un grupo cuasi mafioso. La versión off the record de los indagadores dice que esa noche del 29 de diciembre, un grupo de jóvenes montado en un Peugeot 504 blanco, luego de cometer un robo menor, fue visto en el Parque Pereyra Iraola. Que el líder de esa banda sería un chico apodado "El Cabezón", cuya casa en Bosques fue allanada, aunque él logró escaparse. Y que Nicolás Gómez lo conocía.
Un ex preso señaló oportunamente que la banda que actuó en el crimen de Natalia estaría vinculada con el negocio y la venta de cocaína y marihuana.
La otra persona que integraría este grupo sería la reproducida en un identikit armado sobre la base de las declaraciones de varios testigos, quienes aseguraron haber visto esa noche en el parque a un joven de barba y pelo oscuro. Curiosamente, la misma descripción que dio Gómez del supuesto secuestrador. Y también sería conocido de Gómez.
"Está claro que en este caso actuaron por lo menos dos personas y que Natalia fue agredida sexualmente", aseguró en 2004 a este periodista Roberto Damboriana, abogado de la familia Di Gallo. El padre de la víctima, Juan Di Gallo, también sospechaba del joven: "No creo para nada en la versión que da: sabe más de lo que dice y está ocultando algo", aseguró en esos días.
En el mismo sentido, otros testimonios sumaron puntos a la hipótesis de la entrega: un matrimonio que volvía de un bingo la noche del crimen declaró que vio cómo un joven subía a golpes a otra persona a un auto en la zona del Parque Pereyra Iraola. Lo llamativo de esta declaración es que la pareja señaló que delante de ese auto, el Renault 11, había otro, un Peugeot 504, del cual se asomaba una cabeza que miraba para atrás como asegurándose de que la persona golpeada entrara al vehículo.
Se sabe hoy que Natalia recibió un fuerte golpe en la cabeza, aunque los primeros peritajes sostuvieron que murió asfixiada dentro de las bolsas de consorcio donde la encontraron, y que las bolsas no tenían rastros de haber estado en contacto con la tierra del parque. "A la chica la envolvieron en otro lado y luego dejaron el cuerpo en el lugar donde fue encontrado. Por eso estamos seguros de que fueron varios los que la mataron", dijo a la prensa un comisario que participó de la investigación.
Concluyendo
Las versiones sobre una supuesta entrega vinculada al submundo de la droga en la zona sur de la provincia de Buenos Aires son un secreto a voces en el marco de la causa por la muerte de Natalia Di Gallo y tal vez por eso nunca se termine de esclarecer la verdad detrás de este tema. La mafia se mueve comprando voluntades, ya sea a través de dinero o a través de la violencia.
Los investigadores judiciales siempre sostuvieron que había que profundizar la indagación más allá de la probada responsabilidad de Gómez. “Hay punteros políticos muy importantes, que aparecen nombrados en otras muertes y que están amparados por conocidos intendentes de la zona sur del gran Buenos Aires”, dijo uno de los policías a este cronista. El dato, aunque real, nunca se profundizó.
En fin, para destapar lo que se esconde detrás de lo ocurrido la Justicia tendría que investigar a un hombre de apellido Rasmussen, dueño de un boliche bailable llamado Rimbo, en Avenida Calchaquí 4249 de la zona de Quilmes y relacionado con la policía local y el intendente de la zona. Esa es la punta del ovillo.