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¿El deseo murió en las mujeres?

Las mujeres ya no quieren tener sexo y los hombres no piensan enterarse. Ginecólogos que hacen lo que pueden, chicas que no quieren hacer nada y Mara que nos pone a todos a hablar del tema que nadie quiere admitir.
Una historia deseada.
Una historia deseada.

Parece que no hay una edad específica, un estado o una situación. Así de indefinible se instala fuerte el síntoma común confesado entre amigas y convertido en tabú para los muchachos. Las mujeres con pareja estable han perdido el deseo. Aquellas, las mismas que fueran capaces de todo son ahora capaces de más, decir que no. (Un “no” adornado con el típico estoy profundamente dormida capaz de sacrificar hasta el final de Dr. House.)

Y ya lo había escuchado yo, el 80% de las consultas ginecológicas terminan con un clásico. La paciente antes de irse mira al doctor y así, como de paso, le avisa que no tiene ganas, ganas de lo que ud. ya sabe doctor,¿me entiende? El médico suspira (décimo caso en el día) y mirando el reloj de su escritorio calcula que se atrasará otros veinte minutos a la hora y media que ya trae a contra reloj.

Sí, método en auge. Éste de pedir consultas (de modo inconsciente, claro) por dolor, ardor, control, descontrol e incomodidad. Luego se tirará el tema sobre el final como si el médico pudiera tirar un tip y se avanzará. Ellas delatarán lo que les preocupa, aquello que las atormenta, a tal punto de estar dispuestas a confesárselo todo, a medicarse e inclusive, a renunciar para siempre a esa parte que hoy parece pertenecer al cuerpo de otra.

¿Falta de amor? No, no. Sólo falta de deseo.

Los médicos ya conocen el mecanismo. Esperan el desenlace natural con la derecha metida en el cajón de los geles y el gingseng. Algún optimista nos derivará a un sexólogo al que no iremos (uno nunca sabe quién estará en la sala de espera). Otros nos empujarán a la comunicación en la pareja. La mayoría nos arreglaremos con lo que tengamos más a mano, o sea, Rampolla, el extraño Lady O y esos consejos de amigas que antes tendrás que desentrañar porque, ya sabemos chicas, que a muchas les cuesta confesar y entre mujeres no hay nada más tentador que sentarse en el trono de la Guía Sexual para Todas. Sí, confesar, definitivamente te deja fuera de esa categoría.

Es así como se abordan preguntas imprecisas como: Doctora, ¿Existe alguna posibilidad de que esté irrumpiendo en mí una etapa similar a la menopáusica pero con relación al sexo? El punto es, ¿Ud. podría hacerme un certificado para presentarle a mi marido?..  O revelaciones contundentes tipo,  “Mi etapa sexual cumplió un ciclo. Podría vivir sin sexo por el resto de mis días”. Como así también, “Yo lo soluciono tomando un buen Vino antes…, lo que me preocupa, doctora, es el alcoholismo”.

O como mi propia sentencia que luego de la revisación de rutina anuncié a mi ginecóloga. Mirándola a los ojos y con profundo dolor le dije, “Doc, él ha muerto”. Con un leve, muy leve sobresalto ella se acomodó en su silla y dejó caer la lapicera sobre el recetario. “¿Quién?”, me dijo casi preparándose para contenerme. “El deseo”, dije yo. “Ha muerto el deseo”. “En mí y en casi todas las mujeres que conozco”.  Fue entonces cuando, relajando los músculos de su cara, tomó la lapicera de ambos extremos y se reclinó en su silla diciendo: “Mara querida, a esta altura ya es bueno que sepas que tu deseo no moriría sin vos”. “Ni tampoco moriría el de esas mujeres que decís conocer, sin ellas”. “Lo que muere es el objeto del deseo”.

Me fui aliviada sabiendo de mi deseo intacto, e intrigada por los nuevos objetos que este insatisfecho crónico en mí habría de buscar de ahora en más. Entendí que este bichito voraz fisgoneaba incansable hasta detectar ése, su nuevo objeto, lo atrapaba y jugaba con él un tiempo hasta devorarlo y salir en busca de otro.

Entendí entonces el porqué del constante cambio del objeto del deseo en las mujeres. Tan complejas como había podido comprobar en aquel curso de sexología y, claro, en carne propia. Podría mutar desde una persona a un estado, el maternal por ejemplo, a una forma de pensar, a un proyecto o en nosotras mismas.

Qué problema. Todas las mujeres que conozco tienen un amante que las enloquece. Todas están siendo seducidas por eso que las mantiene vivas. Y lo peor: los hombres no parecen muy preocupados.