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Apagá la tele y encendé la educación de tus hijos: la polémica de un proyecto chileno

Chile abre un debate: ¿los padres tienen que firmar un compromiso de apagar la TV para mejorar el rendimiento escolar de sus hijos? Participá de una discusión abierta detrás de la cordillera. Opinan expertos mendocinos.

La idea nació en Chile y está rebotando en todas partes. hay opiniones a favor y en contra, pero, sinceramente, no puede pasar desapercibido por la sinceridad con que se afrontó la problemática de la educación en el vecino país.

La cuestión es así: el Ministerio de Educación, a cargo del ultraconservador Joaquín Lavín, convocó a padres y "apoderados" (algo así como nuestros "tutores o encargados") a firmar un "Contrato de Honor por la Educación".

Lo avalaron 1 millón 700 mil personas, la mitad de los padres, tutores, encargados o apoderados de los niños que estudian en todo Chile.

¿Cuál es la idea? Que los adultos que tienen a su cargo a los estudiantes suscriban una serie de compromisos en beneficio de la educación de esos pibes.

Según informó el diario La Segunda, en dicho contrato, los padres se comprometen, entre otros puntos, a:

- enviar a sus hijos puntualmente al colegio,

- asistir a las reuniones de apoderados y entrevistas con los profesores y,

- a conversar con los menores sobre el colegio.

Pero también, al estampar su rúbrica, se comprometieron a que sus hijos :

- duerman diez horas, no vean televisión por más de una hora al día,

- leerles 15 minutos al día si el menor aún no sabe leer ,

- o, si ya sabe, procurar que haga una lectura de 20 minutos diarios, además de incentivarles hábitos de vida sana y deporte.

La polémica

A simple vista, el proyecto está bueno.

Pero los expertos en educación han salido al cruce de la iniciativa del gobierno de Piñera.

Por ejemplo, un diputado que se llama Mario Venegas (Democracia Cristiana), que es miembro de la comisión de Educación de la Cámara, calificó al "Contrato de Honor por la Educación" como "un texto propagandístico, que no tiene una real injerencia en mejorar la calidad de la educación en el país".

Cuestionan el costo del proyecto, de unos 200 mil dólares en impresión y distribución de las cartas.

Según El Mercurio, sus críticas apuntan también a que el contrato de honor es un compromiso "unilateral", ya que "se le pide a los padres cumplir con una serie de aspectos, pero no hay un compromiso por parte del ministerio". Sostuvo además que "en los establecimientos hay malestar, ya que se les ha agregado una tarea extra, debiendo distraer funciones para lograr que los padres firmen y luego enviar los contratos al ministerio, una pérdida de tiempo y recursos".

Los expertos mendocinos opinan: "Rechazo al sentido común"

"Lo que sucede en el mundo no deja de sorprenderme", nos dice Alejandro Castro Santander, psicólogo y experto en temas educativos, autor de numerosos libros sobre el tema.

"Necesitamos pedirle a los padres que se comprometan a hacer lo que deben hacer. Muchos dirán: ´¿Qué problema hay en firmarlo?´, ´no le hace mal a nadie´, etc. Y realmente no daña a nadie, pero parece provocar un rechazo al sentido común", sostiene.

Castro Santander explica que "si bien muchos padres hoy necesitan que se les oriente acerca de qué es lo mejor para que su hijo crezca sano de cabeza y corazón, creo que desde un gobierno escolar sería más apropiado pensar en un programa de ´formación de padres´ como servicio a las familias, que luego favorecerá, entre otras cosas, el éxito académico".

Considera que "de extenderse esta propuesta de contratos de honor, los directivos podrán pedirle a los docentes que falten menos, y para esto, que se comprometan a no tomar frío en invierno o evitar comer mucho los fines de semana, porque los lunes... Muchos padres podrán contraatacar y pedirle también a los docentes que se comprometan a tenerle más paciencia a los niños y a buscar nuevas estrategias didácticas que logren competir con la TV de plasma, Internet y los video juegos. Y así podríamos extender esto a la vida social, firmando al renovar el carnet de conductor un compromiso de no beber alcohol al conducir, no pasar los límites de velocidad o los semáforos en rojo. De igual manera estos contratos pueden apelar al honor de los contribuyentes y comprometerlos a pagar los impuestos, y a su vez, el gobierno de turno cumplir lo prometido en campaña".

Entusiasmado con un tema que pocas veces llega a las portadas de los diarios, pero que seguramente sí implica a muchas familias a la hora de la reunión con sus hijos, Castro Santander se sincera: "Podríamos seguir durante muchas horas hablando sobre cuáles son aquellas conductas que debemos realizar, porque favorecen la vida personal y social, y que, por supuesto, pueden ser incorporadas en estos pintorescos y simpáticos contratos".

Pero, dice, "personalmente, prefiero formar a los niños desde muy chicos en habilidades personales y sociales, para que cuando sean grandes no haya que recordarles, lo que deben hacer por ellos mismos y los demás, porque es bueno que lo hagan. La nuestra es una generación desobediente y transgresora, que da mal ejemplo y necesita muchas veces, de un tipo exigencia que va más allá del demandar el honor. Para esto, deberíamos hacer firmar un contrato del mismo tenor a los responsables de hacer cumplir las leyes."

A modo de propuesta, indica que "sería conveniente que el ministro del país hermano, también firmara un contrato de honor, comprometiéndose a que cada niño que pase por las aulas no se distraerá, aprovechará el tiempo de cada clase y no producirá ni sufrirá violencia de parte de sus compañeros, en fin, aprenderá en un clima muy similar al de aquellos hogares que ya se han comprometido a comportarse como padres responsables.  Como nos enseña esta original propuesta, la vida familiar y escolar es más sencilla de lo que pensamos".

"Hablemos de la crisis educativa"

En tanto, para Elia Bianchi de Zizzias, creadora de la Fundación Ludoniño y ex diputada nacional por Mendoza,  "lo que hay que cuestionar, tanto en Chile como en Argentina, es la crisis de la educación en general, y de la escuela pública en particular".

"La escuela -explica Bianchi de Zizzias- es una construcción social que refleja el estado de la sociedad actual".

En tanto, sostiene su opinión de que "el contrato suscripto en Chile me parece sólo un llamado de atención a padres, docentes , pero ignora el compromiso del Estado".

Puntualmente, considera que "aunque la firma del mismo es voluntaria, su contenido es prescriptivo, con enunciados que comprometen el ámbito privado de las familias. Dudo de su eficacia". 

Por otra parte, indica, "me recuerda los contratos de Compromiso de convivencia firmado por padres, docentes y alumnos en nuestra escuelas, cuyo contenido  es solo una expresión formal de deseos, que en la práctica no es tenido en cuenta y forma parte de la extensa
burocracia de los organismos de conducción".

La repercusión en Chile

El Mostrador: "El Estado, en el living".

Iquique TV: Las imágenes del compromiso

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Gabriel Conte en Twitter: @ConteGabriel