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Los nuevos solteros (la revancha)
Mara se mete con los cuarentones solteros, sus poses y situaciones y lo hace de una manera descarnada. Pero el tema no se queda allí: le contesta Rodo Casado.
Como era de esperar, esto no iba a quedar así. Si las nuevas solteras nos pusimos sobre la mesa para que nos desmenuzaran los lectores, lo justo es que se haga con ustedes lo mismo. Y la verdad, ¡dan para una columna diaria!
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¿Qué pastillas toman? ¿Adónde guardaban tanta guita? ¿Desde cuándo les gusta salir a correr? ¿Por qué ahora no van tanto a lo de la mamá? ¿Entonces, eran buenos padres?, ¡pero haber sabido antes!
... Paren, paren, organicémonos (diría el famoso chiste de salón). En serio: ¿qué les pasó?
Vamos, tranquilos, soy Mara, pueden contarme lo que quieran que de acá no sale. ¿Les descubrieron alguna enfermedad incurable? ¿Por qué todos ustedes, pero absolutamente todos, actúan como si tuvieran los días contados?
Está bien que la vida es una sola pero, literalmente, se la están devorando a tarascones. ¡Dejen una camisa Polo en la vidriera! ¡Se agotaron los Minicoopers, los Audi TT y las Harleys! ¡Quédense una noche sin hacer nada!
Cuando miro la vereda de Barlatina y los veo casi agarrados de los bordes de las mesas para no lanzarse encima de todas las mujeres que pasamos, me pregunto: ¿De dónde salieron? ¿De Boulogne Sur Mer, Caseros, Devoto?
Aturdidos por la repentina soltura de las féminas desbordadas, los nuevos solteros parecen haber cerrado un pacto secreto y han redoblado la apuesta. Como galgos babosos han salido en carrera desenfrenada atropellándose unos a otros por quien es el primero en agarrar la presa.
¿Por qué tanto alboroto? ¿Por qué tanta desesperación?
¡Yo tengo la respuesta! Porque los nuevos solteros están grandes. Porque no imaginaron encontrarse en esta situación. Porque ahora pertenecen al grupo de los que rondan los 40 y acaban de separarse o no cerraron a tiempo con sus ex novias y ahora se les va el tren. Y lo que se veía desde el encierro matrimonial como una laguna azul de posibilidades infinitas con ninfas infartantes, ahora, desde el desamparo del divorcio, se ve más bien como la pileta del Aquapark llena de pirañas y tiburones. Ok, hay muchas mujeres solas y están bárbaras, pero hay que ganárselas y después, lo más difícil… cumplir las promesas que se dijeron bajo los efectos de dos mojitos, un champagne con Speed y una Caipi de maracuyá.
Y tras varias experiencias sexuales vacías y flojitas de papeles, demasiado alcohol, y maratónicas salidas con amigos guías 10 años más jóvenes, entienden que el mercado es competitivo y hay que posicionar la marca, o sea ustedes mismos, antes de que otros ganen porciones de la torta y el producto pierda vigencia.
Si, si. No hay mucha piola para dejarse el pelo tan larguito atrás, estar quemados, usar cinturones con tachas, remeras pegadas al cuerpo cuello V y facturar lo que tendrían que haber facturado cuando sus mujeres los bancaban bajo la incondicional ley del amor. Hay que apurarse. Hay que ajustar motores y acelerar levantando toda la polvareda que se pueda.
Los cuarentones saben que son buscados y tienen grandes posibilidades de liderar el mercado. Sólo una regla de ahora en más: Disciplina, en el entrenamiento y en las comidas. Algo que disfrazarán bajo el concepto de sentirse mejor, del desenchufe. No es necesario que los amigos sepan que tienen milanesas de soja en el freezer y que ya probaron las tartas de Cormillot.
Tampoco dar detalles como que duermen abrazados a la almohada y con una lucecita prendida o que sus mamás les ayudan con el planchado de las camisas. ¡Cosas íntimas che! Lo importante es llegar dignos a la pesca en ese mar de minas disponibles en Arístides y poder reemplazar, por una noche, la almohada por algo más cariñoso.
El que ronda los 40 busca la de 20, 25, la que no tiene proyectos ni quiere formalizar, ni siquiera busca que tenga algo en la cabeza, simplemente descargar la energía sexual en algo durito. Le sobra con verla dos veces por semana, los demás días tiene a sus hijos, come afuera con amigos y se da los lujos que no podía de casado (mirar TYC de lunes a lunes y desayunar las aceitunas que quedaron de la pizza de la noche anterior). Por lo general baja mucho de peso, porque ya no lo esperan con pollito a la portuguesa como en los últimos años de casado, y en cambio medio limón y una botella de agua le guiñan el ojo cuando abre la heladera. Su cabeza repasa minuto a minuto cómo lograr un buen acuerdo de visitas a los hijos, quien se queda con qué cosa, casa, auto, propiedades, lotes, etc. El FB es su lugar favorito, ahí tirotea a ex novias, compañeras del secundario con quien considera le quedaron cuentas pendientes y no tiene ningún filtro en solicitudes de amistad. Como la gran mayoría ha quedado sin un peso luego de la separación, son cultores del bajo perfil y de la salida gasolera. Pero no van a dejar de cumplir el sueño del plasma con home theater y sí, se dan el gusto con el equipo de música que siempre quisieron tener.
Los cuarentones son grandes rastreadores de eventos ya que están algo aburridos (ahora van a muestras de arte, degustaciones, road tests o entregas de premios en el club) y como nueva obligación tienen que estar más atentos a la tendencia para no quedar como Enrique el Antiguo con la pilcha. Arrugan ante las dos sesiones semanales en el psicólogo pero saben que es la única manera de superar que la ex se haya quedado con la casa.
Son ubicables en Chacras y en Arístides durante las noches y durante el día en Peatonal vereda Sur.
Los que pasaron los cincuenta son para sacarse el sombrero. Son los gladiadores del pantalón pinzado, los soldados de la camisa bien planchada y el auto limpio. Maestros de la experiencia estos tipos se encuentran entre la espada y la pared (la pared es el tiempo que les queda y la espada, los solteros más jóvenes) pero con hormonas suficientes como para no dejarse vencer, los cincuentones han decidido dar batalla. ¡Haber sabido que la vida los iba a poner en esta situación, hubieran empezado a hacer gimnasia a los 30! Pero ya está, ya no hay mucho por hacer. El cuerpo que quedó después de 25 años de asado y chupi no lo van a cambiar en un año de spinning. ¡Además, eso es de p….!
Noo. No son fáciles. Ellos ya tienen sus opiniones formadas y no les van a venir a esta altura de la vida con pilates y aerobox. No van a dejar el tinto y mucho menos van a llevarse un medallón de pescado para que se lo pongan en la parrilla en los asados de los viernes.
Una vez superado ese cuerpo en decadencia, y si es necesario, con el Viagra entre los dientes sólo resta echar mano a lo que no se les ocurre a los más jóvenes: Actitud, mucha, e Inteligencia, toda la que se tenga. Con estas dos espadas estos gladiadores van a dar la batalla de sus vidas, conseguir una mujer que sea compatible, que no esté loca, que tenga como máximo dos operaciones estéticas y que los cuide por si los tienen que internar en el futuro.
Ya no están para ir a bailar y mucho menos para hacer papelones en bares porque probablemente estén sus hijos ahí. Estos campeones están en otra, miran a la recién separada con ojo de tigre, saben que ese es su segmento (ávidas de cariño, con sexualidad descuidada y pocas ganas de volver a engancharse con alguien).
Es el que te invita mucho a comer a restaurantes caros, es el que sabe casi todo de vos, porque conoce a tus viejos, a tus tíos. Regala flores, cita películas de Luchiano Visconti pero se aggiornó a la tecnología cambiando su hotmail por gmail, mensajeando más rápido que los de 14, mirando videos en Youtube, sabiendo usar la señal Bluetooth y, ojo, está re on line.
La lucha es dura y en la arena, se encuentran de todo: separadas perseguidas por sus ex, casadas con maridos mafiosos, oportunistas de turno y dramas de todo tipo (golpeadas, sometidas, esquizofrénicas, compulsivas, celosas al extremo, demandantes, dependientes, adictas al sexo, ex botineras, hipocondríacas, depresivas etc.) Pero los gladiadores heroicos pelean con armas válidas: invitaciones a pasar el fin de semana a chile, nuevos implantes dentales, hijos independientes, actitud James Bond e inteligencia emocional producto de 10 o 15 años de terapia. Y mientras los cuarentones disimulan la panza ellos la sacan como muestra de tantas batallas ganadas.
Pragmáticos y seguros, como debe ser un gran combatiente, tienen el objetivo claro. Por eso cuando vean a uno con un minón al lado, no duden tanto, se la han ganado con honor. (y cada billete de esa cena ha costado sangre, sudor y lágrimas.)
Ubicables durante las noches en sus dptos de 5ta y Villa Mediterránea y durante el día en Peatonal vereda Norte y Galerías.
Pero más allá de la edad y de las formas, de las estrategias y de los objetivos de cada uno estamos ante ese tremendo indescifrable: la soledad. Ese monstruo que nos asusta más de grandes que de chicos. El que se disfraza de paraíso terrenal cuando nos falta. El que desea el casado y aterra al soltero, el que nos da placer cuando leemos un libro y el que nos lo quita cuando salimos a comer. Ese lado oscuro que todo el mundo esconde en el sótano, dejándolo crecer y crecer. El que nadie quiere admitir que le teme porque queda mal, admitirlo es mostrar la dependencia del otro, la ausencia de vida interior como le dicen. No es así. La soledad es inevitable para todos en algún momento de la vida, siempre ése en el que precisamente parece imprescindible una compañía.
Los nuevos solteros seguirán buscando. Jamás dirán explícitamente la verdad de lo que les pasa. Simplemente porque no lo saben. Seguirán cubriendo esa búsqueda con chistes sobre sexo. Algunos menos atinados caerán en la bajeza de hacer esos antiguos comentarios machistas. ¡Mentira otra vez! Buscan enamorarse y que por fin sea para siempre.
Es increíble cómo podemos rearmarnos una y mil veces. Cómo la desesperanza se remasteriza, se pasa a digital y vuelve como nueva para estrenarla con alguien que, tal vez, haya pasado por el mismo proceso. ¿Cuántos somos ya?
Todos en la misma. Ellos y nosotras. Y por una cosa o por la otra (nosotras por ser distintas de las que fuimos y ellos por ser lo que nunca pudieron) todavía seguimos sin encontrarnos.
Vamos, tranquilos, soy Mara, pueden contarme lo que quieran que de acá no sale. ¿Les descubrieron alguna enfermedad incurable? ¿Por qué todos ustedes, pero absolutamente todos, actúan como si tuvieran los días contados?
Está bien que la vida es una sola pero, literalmente, se la están devorando a tarascones. ¡Dejen una camisa Polo en la vidriera! ¡Se agotaron los Minicoopers, los Audi TT y las Harleys! ¡Quédense una noche sin hacer nada!
Cuando miro la vereda de Barlatina y los veo casi agarrados de los bordes de las mesas para no lanzarse encima de todas las mujeres que pasamos, me pregunto: ¿De dónde salieron? ¿De Boulogne Sur Mer, Caseros, Devoto?
Aturdidos por la repentina soltura de las féminas desbordadas, los nuevos solteros parecen haber cerrado un pacto secreto y han redoblado la apuesta. Como galgos babosos han salido en carrera desenfrenada atropellándose unos a otros por quien es el primero en agarrar la presa.
¿Por qué tanto alboroto? ¿Por qué tanta desesperación?
¡Yo tengo la respuesta! Porque los nuevos solteros están grandes. Porque no imaginaron encontrarse en esta situación. Porque ahora pertenecen al grupo de los que rondan los 40 y acaban de separarse o no cerraron a tiempo con sus ex novias y ahora se les va el tren. Y lo que se veía desde el encierro matrimonial como una laguna azul de posibilidades infinitas con ninfas infartantes, ahora, desde el desamparo del divorcio, se ve más bien como la pileta del Aquapark llena de pirañas y tiburones. Ok, hay muchas mujeres solas y están bárbaras, pero hay que ganárselas y después, lo más difícil… cumplir las promesas que se dijeron bajo los efectos de dos mojitos, un champagne con Speed y una Caipi de maracuyá.
Y tras varias experiencias sexuales vacías y flojitas de papeles, demasiado alcohol, y maratónicas salidas con amigos guías 10 años más jóvenes, entienden que el mercado es competitivo y hay que posicionar la marca, o sea ustedes mismos, antes de que otros ganen porciones de la torta y el producto pierda vigencia.
Si, si. No hay mucha piola para dejarse el pelo tan larguito atrás, estar quemados, usar cinturones con tachas, remeras pegadas al cuerpo cuello V y facturar lo que tendrían que haber facturado cuando sus mujeres los bancaban bajo la incondicional ley del amor. Hay que apurarse. Hay que ajustar motores y acelerar levantando toda la polvareda que se pueda.
Los cuarentones saben que son buscados y tienen grandes posibilidades de liderar el mercado. Sólo una regla de ahora en más: Disciplina, en el entrenamiento y en las comidas. Algo que disfrazarán bajo el concepto de sentirse mejor, del desenchufe. No es necesario que los amigos sepan que tienen milanesas de soja en el freezer y que ya probaron las tartas de Cormillot.
Tampoco dar detalles como que duermen abrazados a la almohada y con una lucecita prendida o que sus mamás les ayudan con el planchado de las camisas. ¡Cosas íntimas che! Lo importante es llegar dignos a la pesca en ese mar de minas disponibles en Arístides y poder reemplazar, por una noche, la almohada por algo más cariñoso.
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Los cuarentones son grandes rastreadores de eventos ya que están algo aburridos (ahora van a muestras de arte, degustaciones, road tests o entregas de premios en el club) y como nueva obligación tienen que estar más atentos a la tendencia para no quedar como Enrique el Antiguo con la pilcha. Arrugan ante las dos sesiones semanales en el psicólogo pero saben que es la única manera de superar que la ex se haya quedado con la casa.
Son ubicables en Chacras y en Arístides durante las noches y durante el día en Peatonal vereda Sur.
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Noo. No son fáciles. Ellos ya tienen sus opiniones formadas y no les van a venir a esta altura de la vida con pilates y aerobox. No van a dejar el tinto y mucho menos van a llevarse un medallón de pescado para que se lo pongan en la parrilla en los asados de los viernes.
Una vez superado ese cuerpo en decadencia, y si es necesario, con el Viagra entre los dientes sólo resta echar mano a lo que no se les ocurre a los más jóvenes: Actitud, mucha, e Inteligencia, toda la que se tenga. Con estas dos espadas estos gladiadores van a dar la batalla de sus vidas, conseguir una mujer que sea compatible, que no esté loca, que tenga como máximo dos operaciones estéticas y que los cuide por si los tienen que internar en el futuro.
Ya no están para ir a bailar y mucho menos para hacer papelones en bares porque probablemente estén sus hijos ahí. Estos campeones están en otra, miran a la recién separada con ojo de tigre, saben que ese es su segmento (ávidas de cariño, con sexualidad descuidada y pocas ganas de volver a engancharse con alguien).
Es el que te invita mucho a comer a restaurantes caros, es el que sabe casi todo de vos, porque conoce a tus viejos, a tus tíos. Regala flores, cita películas de Luchiano Visconti pero se aggiornó a la tecnología cambiando su hotmail por gmail, mensajeando más rápido que los de 14, mirando videos en Youtube, sabiendo usar la señal Bluetooth y, ojo, está re on line.
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Pragmáticos y seguros, como debe ser un gran combatiente, tienen el objetivo claro. Por eso cuando vean a uno con un minón al lado, no duden tanto, se la han ganado con honor. (y cada billete de esa cena ha costado sangre, sudor y lágrimas.)
Ubicables durante las noches en sus dptos de 5ta y Villa Mediterránea y durante el día en Peatonal vereda Norte y Galerías.
Pero más allá de la edad y de las formas, de las estrategias y de los objetivos de cada uno estamos ante ese tremendo indescifrable: la soledad. Ese monstruo que nos asusta más de grandes que de chicos. El que se disfraza de paraíso terrenal cuando nos falta. El que desea el casado y aterra al soltero, el que nos da placer cuando leemos un libro y el que nos lo quita cuando salimos a comer. Ese lado oscuro que todo el mundo esconde en el sótano, dejándolo crecer y crecer. El que nadie quiere admitir que le teme porque queda mal, admitirlo es mostrar la dependencia del otro, la ausencia de vida interior como le dicen. No es así. La soledad es inevitable para todos en algún momento de la vida, siempre ése en el que precisamente parece imprescindible una compañía.
Los nuevos solteros seguirán buscando. Jamás dirán explícitamente la verdad de lo que les pasa. Simplemente porque no lo saben. Seguirán cubriendo esa búsqueda con chistes sobre sexo. Algunos menos atinados caerán en la bajeza de hacer esos antiguos comentarios machistas. ¡Mentira otra vez! Buscan enamorarse y que por fin sea para siempre.
Es increíble cómo podemos rearmarnos una y mil veces. Cómo la desesperanza se remasteriza, se pasa a digital y vuelve como nueva para estrenarla con alguien que, tal vez, haya pasado por el mismo proceso. ¿Cuántos somos ya?
Todos en la misma. Ellos y nosotras. Y por una cosa o por la otra (nosotras por ser distintas de las que fuimos y ellos por ser lo que nunca pudieron) todavía seguimos sin encontrarnos.