Citas: las buenas, las malas y el día después
Todas sabemos que pasando los 35 las citas son cada vez más complicadas. Los lugares, los diálogos, los atuendos y ni hablar de lo que tenemos enfrente: separados, a punto de, solterones, nenes de mamá, skaters sin pelo, bodegueros sin bodegas y esos nuevos entrepreneurs que ponen varios mini emprendimientos en marcha y se sienten dueños de un holding de empresas.
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Decimos que ahora somos más exigentes cuando en realidad lo que somos es “muy intolerantes” porque, aceptémoslo, estamos grandes.
A esta edad abunda el ex y una tiene que hacerle frente. Ex rugbier, ex publicista, ex marido, ex gordo, ex introvertido (ahora de grande se viene a hacer el piola), ex canchero (la vida le pegó tantos sacudones que sólo le quedan esas fotos con los labios blancos en Reñaca), ex Men (¿no está muy finito ese bigote?) Uff, no es fácil.
Y vamos, nosotras tampoco somos las de antes. Ya estamos tocadas psicológicamente, salimos presas del botón del pantalón, desesperadas por fumar doscientos cigarrillos, tratando de que el planchado definitivo no se humedezca y rinda cada peso que nos costó. Pedimos entrada, principal, postre y café (y no dejamos en el plato un poquito ni por educación), tomamos más tinto que ellos y después de todo eso lo único que queremos es volvernos temprano para ver Dr. House.
Si el tipo te gusta y zafaste de que te invitara a un casamiento, o pudiste pasar estoica el papelón del karaoke en el cumple de 40, es probable que hayan más salidas. Es importante tener en cuenta de que todavía te quedan varias vallas por saltar: el sushi, el trago en el Challao, la vueltita por la finca el sábado y el cafecito para cortar la mañana (que en realidad es cuando vos te levantás).
Los temas de charla
Mientras él te habla de sus nuevos proyectos en términos concretos, números y estadísticas, vos le hablarás de tus sueños en términos realmente inconsistentes. Seguro él mencionará el metro cuadrado que vos, sin querer, irás calculando en centímetros por esa cortina que te querés comprar. Mientras él te cuente el puterío que se armó con la ex mujer de… (obviamente para tantear de qué lado te pondrías) vos pensás “que habrán hecho con los muebles de diseño que compraron en baires”.
Intentará captar tu ideología política haciendo un chiste sobre el INDEC, Moreno y Fernández y vos esperarás tu turno para poder hablar de la dieta de Natalie Portman. Hablarás de vinos como si supieras y él hablará muy bien de la ex como si lo sintiera. Te aprovecharás de sus nervios para acentuarlos dejando entrever que sos una leona en la cama y que después te convertirás rápidamente en pizza. El será exquisitamente caballero y vos confundirás “romanticismo perdido” con “calentura extrema”. Ahh… Nada como la magia de las primeras citas, nada como esa transformación repentina de las personas en seres maravillosos.
Los filos más berretas de ellos
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Me gusta tu punto de vista, vos leíste el último de Umberto Eco ¿no?…
No me gusta que me lastimen y presiento que vos lo vas a hacer…
Estoy por pegar un juicio millonario, menos mal que ya estoy divorciado.
No me había dado cuenta pero veo que tus ojos hacen juego con el neón que tenés atrás.
Tu plato está más rico que el mío…parece que es como la dueña…
Los filos más berretas de ellas
No me gustan hombres lindos, me gustan los hombres inteligentes.
Cómo conseguiste mi teléfono, ¡no lo tiene nadie!
El sábado estoy invitada a una fiesta privada en una bodega.
Qué manos grandes tenés…
¿Vos vivís en un penthouse? Te confieso que las alturas me transforman en otra…
Contame de vos, no sé nada, ¿de dónde saliste?
Nuestros pensamientos (en busca del error)
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Ah que interesante un edificio se hace con ladrillos huecos….
Mmm… que educadito, sirvió primero su copa.
Ah bueh, que rico está el barman.
Una miradita más a la cola de la moza y le hago un escándalo aunque no lo conozca.
Ay, cómo no combiné la bombacha con el corpiño, qué pena.
Los pensamientos de ellos (en busca de las coincidencias)
En esta turra no pongo un mango. “Yo también me estoy cuidando, ¡mozo!, un menú ejecutivo para compartir…”
Una coincidencia más y hoy la pongo. “Tenés razón, a mí también me gusta la carne bien sequita.” “¿Pero cómo, no pediste un carpaccio de lomo?”
No le tengo que mirar las lolas, no le tengo que mirar las l… ¡Uy qué tarado se dio cuenta de que le estaba mirando las lolas! “Eh…linda cruz la que tenés en el medio de…” ¿Sos católica? ¡Yo también!
Mal pronóstico para nosotras
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El pide el vino más barato de la carta y le pregunta al mozo si no hay alguna bodega haciendo promoción.
Tiene demasiados planes de antemano (comer, trago, bailar, montaña, desayuno y almuerzo al otro día)
El te dice, “Hay una luna alucinante ¿tomamos unas birras en la montaña?... Lo único es que vamos a tener que pasar a buscar unos envases por lo de mi tía.”
Encara por San Martín directo a lo de Mallmann pero no, para más allá en un Manso Pancho.
Mal pronóstico para ellos
Apenas se sube al auto ella cuenta todo su drama con el ex marido y la cuota alimentaria miserable que le pasa.
Le dice, “Si parás en un quiosco ¿me comprás tres atados de Derby porfa?”.
En el restaurante ella se pelea con el mozo (ey, discúlpame, ¡te dije Sprite no Seven!).
Estoy con una amiga que es divina, ¿no tenés un amigo así salimos los 4?
Después de cada frase repite ¡No-te-lo-puedo-creer!
Te indica por donde ir y donde estacionar.
Cuando entra saluda a los mozos, al barman y hasta al cuida coches con un beso.
El día después
Si en tu cita encontraste un hombre respetuoso, de buen humor, hablaste hasta el amanecer y el sexo fue increíble, preparate tus próximos días serán una condena. Entrarás en el maldito túnel de la incertidumbre y faltará un tiempo para que vuelvas a ser la misma de antes. Vos que andabas tan tranquila por la vida sufrirás taquicardias cada vez que suene el teléfono, escribirás ridículos mails intentando ser casual que no te animarás a enviar e irás guardando en Borradores, perderás toda tu capacidad de concentración, te fijarás en las patentes de los autos ¡qué denigrante!, estarás todo el día depilada por las dudas, cancelarás toda actividad para después de las 7 de la tarde, te harás dependiente de los chicles de menta, de los mensajitos de texto y cada vez que alguien mencione su nombre girarás la cabeza como Linda Blair en El Exorcista.
Para recuperar tu estabilidad emocional tendrás que esperar dos posibilidades muy opuestas que nuevamente te decepcionen o que esta vez, sí funcione.
Los NO para después de la primera cita
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No lo sorprendas a media mañana con un llamadito (ni en el trabajo vestida tunning).
Dejá una, ¡aunque sea una! llamada perdida.
Evitá que él abra su mail y haya un “¡Buen día!” tuyo (ni hablar de mandarle un PPT por más que la tentación sea grande).
No le confieses que hablás con tu perrito como si fuera un humano (ni con las plantas, acordate de la Alfano el papelón que hizo).
No le mandes la traducción de la letra de una canción ¡Por favor! (ya sabe lo que significa -you are beautifull).
No lo abraces tanto, ¿no ves que tiene que meter otro cambio?
No te rías de tooodo lo que dice.
No hagas “eso” de mostrárselo a tus amigas.
No pidas datos de él, se va a enterar (¡vivimos en Mendoza!).
No espíes su facebook, te va a confundir, le vas a terminar haciendo planteos tipo. “¿Así que la pasaste como en los viejos tiempos anoche con María?”. “Claro, es mi hermana que me hizo las milanesas de mi mamá”…
No trates de coincidir con sus gustos (sobre todo con el fútbol, no seas tramposa).
Y jamás, pero jamás le cocines.