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¿La minería es el problema?

¿Por qué la sociedad mendocina se encuentra dividida por dos posturas extremas a favor o en contra de la minería? La discusión hoy en día debería estar centrada en los muchos problemas ambientales que tenemos y que vamos a enfrentar en el futuro.

Últimamente los foros de discusión en las notas relacionadas con la minería caen indefectiblemente en dos posturas claramente opuestas.

La disyuntiva de si estamos a favor o no de la “megaminería”, y aquí voy a dar mi opinión personal del asunto, no creo que esta disyuntiva sea problema de fondo.

 Primero que nada tenemos que aceptar que la minería se viene desarrollando en Mendoza desde hace mucho tiempo. Mucha gente opinará que se trata de una minería tradicional de baja escala y por lo tanto de “bajo impacto” con respecto a la “megaminería”. Sin embargo, si sumamos los impactos de todos los emprendimientos de minería pequeños, la balanza empieza a emparejarse. Para que quede claro, además de las mineras que explotan en baja escala diversos minerales, estoy hablando de las canteras de arena, ripio, yeso, cal y granulado volcánico, como así también de las ladrilleras. Todos materiales de construcción que conforman nuestras casas.

Entonces: ¿por qué nos quejamos de la megaminería y no decimos nada del resto de los emprendimientos mineros?

Hemos podido leer carteles que dicen “No a la minería contaminante”. Pero si analizamos un poco esta expresión, nos damos cuenta que la frase resulta redundante. No existe la minería NO contaminante, así como no existe actividad humana que no impacte en la naturaleza. La agricultura, la ganadería, la industria, las rutas, embalses, expansión urbana. TODO impacta y contamina de alguna forma. ¿Alguien se puso a pensar cómo afecta la calidad del agua las miles de cabezas de ganado que defecan en las vegas cordilleranas, lugar donde nacen todos nuestros ríos? Ni hablar de las cloacas, pozos sépticos, desagües agrícolas e industriales, basura urbana, etc., que muchas veces contaminan el agua de riego que utilizamos para regar frutas y verduras que luego consumimos. Incluso el turismo “ecológico” produce un impacto en el ambiente, bajo, pero impacto al fin.

Entonces: ¿por qué nos quejamos de la megaminería y no del resto de las actividades humanas que TAMBIÉN impactan y contaminan?

Bajo mi punto de vista, la respuesta a esta pregunta es simple: MIEDO.

Tenemos miedo de que todo esto empeore, de que las empresas multinacionales con un presupuesto mayor al PBI de nuestro país se instalen en nuestra provincia y puedan hacer lo que quieran comprando favores. Tenemos miedo que los controles del gobierno puedan ser evadidos fácilmente por la empresa. Tenemos miedo que la legislación no sea acorde con la magnitud y poder del emprendimiento. Tenemos miedo de no saber a quién acudir en caso de que haya excesos por parte de la empresa. Tenemos miedo de que la justicia actúe demasiado tarde. Y entonces, después de todo eso, tenemos miedo de que la “megaminería” contamine el agua, el aire y la tierra.

A pesar de que cada vez nos preocupamos más de nuestro ambiente, mejoramos la legislación, creamos nuevos controles y normas, y exigimos más estudios de impacto a las actividades que se van desarrollando, todavía nos falta mucho. Creemos que vamos a poder controlar las nuevas actividades económicas pero no sabemos cómo nos afectan aquellas actividades que ya tenemos instaladas en la provincia. Vemos que resulta difícil de controlar a una empresa pequeña que contamina a “pequeña escala”, y claramente nos damos cuenta que controlar a un gigante es, hoy en día, prácticamente imposible. No le creemos a la “megaempresa” cuando nos dice que no va a contaminar porque conocemos más antecedentes malos que buenos. Y además no le tenemos confianza al gobierno porque creemos que los controles son muy débiles e imperfectos.

El problema de fondo somos nosotros que todavía no maduramos como sociedad. Nos falta educación, nosotros somos los que tenemos que exigir los controles, que se contrate personal instruido en el tema, que se le dé capacitación a la gente que va a controlar nuestras propias actividades humanas, controlar la elección de esa gente de acuerdo a su compromiso ético.

Desgraciadamente no soy muy optimista con esto. Mientras sigamos tirando basura en las acequias y canales (por poner un ejemplo), difícilmente estemos a la altura de controlar eficientemente a estos gigantes. Imagínense el respeto que nos puede tener una empresa multinacional al ver el derroche y mala gestión que hacemos de nuestra agua.


La minería está presente en nuestro país y más tarde o más temprano la vamos a tener en Mendoza. Considero que hoy en día no estamos en condiciones de recibir este tipo de empresas. Como provincia deberíamos pensar qué tipo de desarrollo queremos en el futuro e ir previendo las acciones. Si queremos un desarrollo armónico con la naturaleza deberíamos actualizar la legislación para que sea acorde a ese desarrollo y no esperar a que ocurran tragedias para cambiarla cuando ya sea tarde. Un buen comienzo es la ley de Ordenamiento Territorial. A pesar de que la ley aún no contempla seriamente un desarrollo armónico con la naturaleza, al menos es posible mejorarla y perfeccionarla.

Será necesario pensar seriamente en la formación de recursos humanos para que ésta sea acorde a los problemas que se vienen. Por ello, lo mejor sería empezar por identificar los problemas ambientales actuales y prever los problemas futuros, aceptarlos sinceramente y tratar de solucionarlos.

Entonces, y sólo entonces, cuando confiemos en que las cosas se hacen como se debe, estaremos en condiciones de recibir cualquier actividad económica, evaluarla y eventualmente controlarla en forma acorde sin importar la magnitud del emprendimiento.

Utópico? Quizás, pero mientras no haya al menos un compromiso sincero de tomar este camino mi postura es que no deberíamos permitir la explotación minera a cielo abierto.



*Guillermo Debandi, autor de esta nota es doctor en Ciencias Naturales, profesor en la Universidad Champagnat y presidente de BIOTA (Asociación para la Conservación de la Diversidad Biológica Argentina).