No me arrepiento de este amor
Uno puede estar enamorado de una mujer y no recibir absolutamente nada de su parte; ni cariño, ni amistad, ni tan siquiera indiferencia. Pero uno puede seguir enamorado sufriendo la ausencia de la contraparte. Uno puede amar y ser amado, estar en pareja, de novio, casado o en concubinato. Las combinaciones pueden ser múltiples. No obstante, como concepto, no deja de ser fugaz tal sentimiento. Porque como sabemos, y váya si lo sabemos por estos años tan cambiantes, nada es para siempre.
Ni lo que siente uno ni lo que otros pueden sentir de nosotros dura una eternidad. El amor va de la mano de esa cansina rutina que hace de la monotonía, su forma. Puede durar meses, años, pero difícilmente toda una vida. Hoy lo común es que persista un tiempo, un buen tiempo de momentos compartidos en plenitud, hasta que la cresta de ola empiece a descender hacia la rompiente, y desmoronar cualquier castillo de arena olvidado en una playa.
Y sinó miremos para atrás, desde nuestra adolescencia hasta aquí, hemos amado, sufrido, y al fin olvidado aquellos amores de antaño. Pero hay un amor que, en mi caso, no puedo ni podré dejar, jamás arrepentirme. Es el amor por el Tomba. ¿Y qué mejor momento para celebrar ese amor haciendo el amor?
El domingo por la tarde-noche, en vísperas de San Valentín, los tombinos le hicimos el amor a Boca en su propia cama. Boca con sus mejores modelos, las más caras, las más bonitas, las más habladas. Palermo, Riquelme, Battaglia, la nueva niña bonita Erviti, Clemente, Caruzzo, Inzaurralde, Somoza, Mouche; en fin, las más ricas del mundo. Y a esas modelos les hicimos el amor, a los miles de mal agüeros les hicimos el amor, a los que decían que nos teníamos que conformar con un 0-2, también se lo hicimos. Y hoy estamos cansados, exhaustos de tanto amar.
Godoy Cruz, “el Tomba”, te da amor, te flecha, te hipnotiza, te deja con la Boca abierta. Por eso cuando el tomba va a jugar con Boca de visitante, la bombonera no tiembla, no late, tirita. No queríamos amargarle el debut al dream team de Falcioni, así, de esa manera, amándolos tanto, casi abusando. La idea era un empatecito para salir a festejarlo hoy calmos, esperando el jueves, para debutar en la Copa Libertadores de América.
Pero bue…se nos fue la mano. Y hay que decirlo con todas las letras: nos volvimos a coger a Boca en su propia cancha y por goleada. Y “mi” amor incondicional me regaló una sonrisa que no puedo sacar de mi rostro. Porque me acosté anoche sonriendo y hace un ratito me levanté sonriendo y pasaré el día sonriendo. Hasta podríamos hacer una propaganda masiva de pasta de dientes los hinchas del tomba. Bueno, dedicatorias especiales por supuesto. Para los leprosos que lo vieron por TV y hoy no quieren ver más que los avisos clasificados de los diarios, o para los hinchas de Huracán las Heras que no sé porqué siempre van a alentar a los equipos contrarios. Para Daniel Vila que lo mira por la Televisión Pública. Para Fernando Niembro que no lo pudo relatar y ve a su equipo –Nueva Chicago- en la B metropolitana. Y para cientos de miles más que nos dicen que somos una moda. Una moda-lidad diría yo de generar alegría. Por eso muchachos, no sufran más, súmense al Expreso. Si ya tienen equipo en la liga provincial, apoyen a un equipo continental. Nos vemos el jueves, si es que hay lugar…

