Era así, un tipo directo que siempre fue de frente. Y no usaba las armas de la diplomacia para largar y gritar su verdad a los cuatro vientos. Un parrhesiasta –al decir de Foucault- te la mandaba sin medias tintas. Actor y militante, organizador nato de su sector artístico por el que siempre peleó hasta con los de su misma ideología para defender sus derechos. Con un pasado durísimo en la dictadura, porque se comió 8 años de calvario en cana, amenazado, con el cuchillo en la garganta, siempre. Pero el tipo seguía. No se guardó en el placard. No conoció la palabra cobardía. Y así y todo, lo respetaban muchos, lo querían y lo temían. El negro. Un eterno luchador que Mendoza parió y también maltrató. Hoy se fue de gira. Y seguro, donde esté, algo va a armar para protestar contra las injusticias.