El crimen no será esclarecido hasta que se conozcan los perfiles psicológicos de los niños involucrados
La interacción y los códigos de amistad establecidos entre Ezequiel y su vecino son fundamentales para entender la génesis de los hechos, y cómo fue posible que esto ocurriera en un contexto familiar aparentemente calmo.
Ezequiel era un chico de once años retraído y poco social. Sus únicos amigos eran su perra y el vecino de enfrente, con quién compartía todas las tardes después de que volvía del colegio.
Aparte de su vecino de enfrente, este niño no tenía otros amigos en la cuadra. Según el testimonio de algunos de ellos, Ezequiel era caprichoso y también violento. No soportaba que le negaran las cosas y reaccionaba con furia cuando alguien le tomaba algo.
Extrañadamente, había construido una buena amistad con su vecino, quien al ser dos años mayor que él, le tenía más paciencia y sabía como interactuar juntos. Ambos jugaban con una perrita de la familia Miguel, y con los jueguitos de la computadora. Vivían en una aparente armonía, y se comportaban dentro de los márgenes de otros chicos catalogados socialmente como “normales”. Razón por la que ni a sus parientes y vecinos se les cruzó por la mente que ellos serían los autores de tan aberrante hecho.
Entorno familiar
Ezequiel no era el hijo natural de Mónica. Pero obviamente, este hecho biológico no alcanza para negar la realidad de una familia construida a través del amor.
Ezequiel no era el hijo natural de Mónica. Pero obviamente, este hecho biológico no alcanza para negar la realidad de una familia construida a través del amor.
Mónica, su madre, era una maestra de Plástica muy reconocida en el barrio ya que había tenido como alumnos a decenas de chicos del barrio 8 de Mayo y alrededores.
Además de su amor indisimulado por los niños, nunca se le conoció una pareja estable. Tanto vecinos como familiares coinciden en que la mujer se había dedicado plenamente a la enseñanza en escuelas primarias, y que su vocación sólo había sido atenuada por el amor hacia el pequeño Ezequiel, al que adoptó hace once años cuando la criatura tenía solo ocho meses.
“Su hijo era su vida, la luz de sus ojos”, comentó una vecina de las víctimas. Hacia él dedicaba todos sus esfuerzos, y se esmeraba en brindarle una educación adecuada, enviándolo a escuelas donde pudieran atenderlo y comprenderlo como se debía por sus arranques violentos.
Aparte de Mónica, la familia de Ezequiel estaba compuesta por sus abuelos Alí y Sara, una pareja de ancianos que era la más querida de la zona, y que ya habían sufrido hechos de violencia en asaltos callejeros. Razón por la que no había vecino que no se solidarizase con ellos y los premiara con su afecto.
Problemas psiquiátricos: violencia y ataques
Ezequiel era un chico retraído y violento. No soportaba que lo contradijeran. Los niños del barrio no se le acercaban, salvo su vecino y amigo de enfrente. Pero por lo general era evitado por la gente.
En varias ocasiones los vecinos habían escuchado sus gritos, así también como arrojar violentamente los objetos al suelo.
Tenía una conducta explosiva e inestable por momentos.
De acuerdo a las impresiones policiales, las heridas realizadas en las víctimas evidenciaban la acción de una persona esquizofrénica y enajenada. La repetición excesiva de los golpes asestados demostraban un encono y una furia inusitada de una persona conciente de sus actos.
Análisis de un profesional
Según el ex director del COSE Arturo Piracés, la apatía social imperante en la comunidad mendocina resulta fundamental para entender este y otros casos de niños violentos. Nuestro sistema educativo no ha sido diseñado para enfrentar este tipo de problemáticas y por lo tanto nos coloca en una posición desfavorable ante estos hechos.
Si bien no se puede prevenir este tipo de conflictos, sí se puede trabajar en la contención adecuada de personas que desde su temprana edad dan muestras de problemas mentales.
Además de su amor indisimulado por los niños, nunca se le conoció una pareja estable. Tanto vecinos como familiares coinciden en que la mujer se había dedicado plenamente a la enseñanza en escuelas primarias, y que su vocación sólo había sido atenuada por el amor hacia el pequeño Ezequiel, al que adoptó hace once años cuando la criatura tenía solo ocho meses.
“Su hijo era su vida, la luz de sus ojos”, comentó una vecina de las víctimas. Hacia él dedicaba todos sus esfuerzos, y se esmeraba en brindarle una educación adecuada, enviándolo a escuelas donde pudieran atenderlo y comprenderlo como se debía por sus arranques violentos.
Aparte de Mónica, la familia de Ezequiel estaba compuesta por sus abuelos Alí y Sara, una pareja de ancianos que era la más querida de la zona, y que ya habían sufrido hechos de violencia en asaltos callejeros. Razón por la que no había vecino que no se solidarizase con ellos y los premiara con su afecto.
Problemas psiquiátricos: violencia y ataques
Ezequiel era un chico retraído y violento. No soportaba que lo contradijeran. Los niños del barrio no se le acercaban, salvo su vecino y amigo de enfrente. Pero por lo general era evitado por la gente.
En varias ocasiones los vecinos habían escuchado sus gritos, así también como arrojar violentamente los objetos al suelo.
Tenía una conducta explosiva e inestable por momentos.
De acuerdo a las impresiones policiales, las heridas realizadas en las víctimas evidenciaban la acción de una persona esquizofrénica y enajenada. La repetición excesiva de los golpes asestados demostraban un encono y una furia inusitada de una persona conciente de sus actos.
Análisis de un profesional
Según el ex director del COSE Arturo Piracés, la apatía social imperante en la comunidad mendocina resulta fundamental para entender este y otros casos de niños violentos. Nuestro sistema educativo no ha sido diseñado para enfrentar este tipo de problemáticas y por lo tanto nos coloca en una posición desfavorable ante estos hechos.
Si bien no se puede prevenir este tipo de conflictos, sí se puede trabajar en la contención adecuada de personas que desde su temprana edad dan muestras de problemas mentales.
Ahora, desde el Ministerio de Seguiridad comenzará un exhaustivo examen psicológico al joven sobreviviente y de ahí se comenzará a desentramar esta historia.
Por Horacio Yacante, en twitter @horayacante


