Épica baquiana: efectivos de la Policía Rural atravesaron el desierto siguiendo el rastro de unas yeguas robadas
Presas de una ciudad ensimismada y cautiva de sus propios males, difícilmente nos tomemos el tiempo como para detenernos y mirar todo el trabajo silencioso que se realiza desde las márgenes del conglomerado urbano. En una acción que no puede ser tenida menos que como épica, ocho efectivos de la Policía Rural, comandados por el comisario Antequera, se adentraron en el campo y recorrieron más de 35 kilómetros a pie, siguiendo los rastros de unos caballos de raza que habían sido robado en la noche del jueves.
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Más allá de que los animales sean usados para fines deportivos, no pueden ser reubicados a través de conexiones locales con algún tipo de mercado negro. Esto determina que la única suerte que podían correr estos bellos animales se reduciría a la de ser faenados en medio del campo, para la venta posterior de su carne y extracción de su cuero.
Al día siguiente, cuando el personal de Policía rural toma conocimiento de esta causa, decide armar un operativo acorde a las circunstancias. Para esto es fundamental entender cómo operan los cuatreros, quiénes cuentan con redes que se alimentan a través de los caminos. De allí deviene que no les quede otra alternativa mas que seguirlos entre medio del campo, y seguir las huellas que los animales dejaron la noche pasada y que los conducirá hasta el sitio donde fueron ocultados.
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Así, un grupo de ocho efectivos comandados por el Comisario, toman como punto de partida las instalaciones del club y deciden adentrarse en los terrenos rurales comprendidos entre los departamentos de Guaymallén y Maipú.
El inicio del viaje se hizo a partir de las 9 de la mañana del viernes y se extendió hasta las 18.30. El grupo atravesó campos y desiertos al estilo de los vaquianos, guiados únicamente por las huellas de las yeguas y el potro, que eran confirmados por los alambrados rotos que encontraban en su paso. Así se extendió su marcha durante horas, y que solo fue interrumpida cuando se toparon con una facción atrasada de los cuatreros, quiénes los recibieron con una balacera que afortunadamente no dejó heridos, pero que les permitió huir rápido del lugar en algún tipo de vehículo motorizado, hasta una propiedad -que ya es conocida en la zona de Beltrán- en la que se dedican clandestinamente a las tareas de faenamiento de animales.
Este exabrupto, que si bien puede tomarse como una demora, en realidad significó la confirmación de que estaban cerca del escondite de las bestias.
Así fue que unas horas después hallaron finalmente a las tres yeguas y al potro ocultos dentro de un bosque de chañares. Los cuatro permanecían atados a los arbustos y exhibían un excelente estado.
Cabe destacar que la ubicación de los animales no fue accidental, ya que se encuentra a pocos metros del cauce del canal San Martín, sobre cuyas márgenes se pensaba realizar el faenado y en el que se tirarían los huesos y demás restos de los animales, para borrar de este modo todas las pruebas de su existencia.
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Si bien hasta el momento no hay detenidos, se espera que en este fin de semana se termine de desbaratar la banda. De todos modos, cabe destacar el trabajo de los policías rurales que protagonizaron esta gesta silenciosa, pero no por eso menos espectacular.
Por Horacio Yacante, en twitter: @horayacante