Lanata contra el vidrio
Lanata hoy está contra el vidrio. Lanata representa el resentimiento del loser que se llenó de guita cabalgando sobre la crítica ideológica. Se quedó en la pelotudez de la “libertad de expresión”, en la pelotudez del “independiente”.
El gordo hizo de las suyas en el periodismo argentino. De eso no cabe duda. El Porteño, Página 12, Crítica de los argentinos, y en la tele Día D, entre otras incursiones creativas en los medios locales.
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Fue sin dudas el referente crítico de los años 90. Casi casi que todo periodista que se preciara de tal, comprometido con la investigación y la crítica, deseaba trabajar con él.
Algunos lo lograron y otros lo siguieron. El gordo las hizo todas, hasta se casó con una hermosísima mujer que todos también deseaban. Es que el gordo fumaba en vivo y rompía el molde.
Fue la contracara de Grondona y Neustad en los años menemistas y creció como figura al calor de las transformaciones sociales y políticas de la argentina. Pero lentamente, desde el 2003, se fue a la mierda. Sí, a la mismísima mierda.
No pudo con su ego, gordo. Y pasó a cultivar más su “Marca Lanata” que el espíritu crítico que supo cautivar a la clase media progresista de este país. Hoy el gordo Lanata es una parodia de aquél.
Su encono al kirchnerismo lo llevó a desconocer conquistas que él mismo pretendía desde sus programas y publicaciones. Y se rindió al enemigo, defendiendo lo indefendible. La jugó, mal.
Aquellos jóvenes de los 90 que lo veneraban hoy ni siquiera lo tienen. La nueva juventud politizada lo desprecia. Se rindió a Clarín y al cipayismo de Fontevechia como un sumiso. Cambió su PERFIL.
Lanata hoy está contra el vidrio. Lanata representa el resentimiento del loser que se llenó de guita cabalgando sobre la crítica ideológica para luego invertirla en putas y merca. Se quedó en la pelotudez de la “libertad de expresión”, en la pelotudez del “independiente”.
Repito, Lanata está contra el vidrio, mirando cómo la historia pasa frente a sus narices y no lo invita siquiera a escribirla.
Su encono al kirchnerismo lo llevó a desconocer conquistas que él mismo pretendía desde sus programas y publicaciones. Y se rindió al enemigo, defendiendo lo indefendible. La jugó, mal.
Aquellos jóvenes de los 90 que lo veneraban hoy ni siquiera lo tienen. La nueva juventud politizada lo desprecia. Se rindió a Clarín y al cipayismo de Fontevechia como un sumiso. Cambió su PERFIL.
Lanata hoy está contra el vidrio. Lanata representa el resentimiento del loser que se llenó de guita cabalgando sobre la crítica ideológica para luego invertirla en putas y merca. Se quedó en la pelotudez de la “libertad de expresión”, en la pelotudez del “independiente”.
Repito, Lanata está contra el vidrio, mirando cómo la historia pasa frente a sus narices y no lo invita siquiera a escribirla.


