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¿Cómo interpretar la foto del llanto de Cristina?

Nadie tiene un puto proyecto, más allá de los papeles que redactan. Es más, muchos tienen miedo de gobernar, por eso son tiramerdis a sueldo. La Presidenta llora, y es bueno que lo haga, y es digno que le ocurra, que el dolor se exprese y salga y recorra el país y redima, a millones.

No me vengan con boludeces. Si quieren interpretar la foto como una muestra de debilidad, pues allá ustedes. Si quieren creer que ese llanto es una parodia para la chusma, pues regocíjense en ello. Si imaginan que el dolor de Cristina es parte de un circo mediático para levantar su imagen, son unos malditos.

Sobredosis de La Nación, Clarín y Perfil. Eso produce, la interpretación distorcionada de un dolor genuino. Y sí, La Presidenta llora, junto a su pueblo, recordando a Néstor Kirchner; el tipo que se murió, no de viejo choto y gagá, o tirado en una playa escribiendo memorias pelotudas. Se murió jugando en el ruedo.

Por eso no me vengan con boludeces. Que Jaime, que Moreno, que El Calafate o la guita de la tierras del sur en el mercado inmobiliario. Me calientan tres carajos esas noticias. Que el INDEC, que D´elía, que Pérsico. Es más, vamos a terminar amando a Moreno y a D’elía y a Pérsico. Porque por interpretaciones de la realidad como las que hacen en la comodidad de no gobernar jamás siquiera una puta intendencia, o después de haber incendiado el país y devorarles la identidad a millones de argentinos, Moreno, D’elía, Pérsico, y todos los malos de la película, son unas barbies al lado de los infames vendepatria, liberales corruptos e izquierdistas esquizoides que creen que la revolución se hace quemando un tren o denunciar una y mil veces la explotación de las mineras.

Nadie tiene un puto proyecto, más allá de los papeles que redactan. Es más, muchos tienen miedo de gobernar, por eso son tiramerdis a sueldo. La Presidenta llora, y es bueno que lo haga, y es digno que le ocurra, que el dolor se exprese y salga y recorra el país y redima, a millones. Ahora resulta que hablar de “Modelo” no sirve, que lo que tiene el país no es un modelo sino una serie de contradictorias políticas. ¿Y quién carajo, pregunto yo, tiene un modelo? ¿Piñera en Chile? ¿Dilma en Brasil? ¿Obama, Zapatero, Sarkozy, o Berlusconi?

En todo caso el único que tiene a varias modelos es Berlusconi  -y pendejitas encima, riquísimas-; y una sola Sarkozy, la bella Carla Bruni. Ahora resulta que no tenemos modelo, no tenemos norte, no tenemos destino. Pues bien señoras y señores, busquen su destino, y vean y escuchen y lean a Claudio María Domínguez.