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"No voy a lo de Mirtha por respeto al ser humano"

Una entrevista a Juan Leyrado publica el diario Tiempo Argentino. Cuenta que lo que más le gusta de este gobierno es la claridad para distinguir entre la verdad y la mentira y explica por qué prefiere pasar de largo de los famosos almuerzosDice: “De repente, llego acá y me hace bien encontrar este modelo de país”.

Juan Leyrado estuvo tres meses en Barcelona. El 14 de enero llegó a Buenos Aires, un día después se instaló en Mar del Plata, al otro día ensayó Baraka y el 17 estrenó. Cuenta que durante la tarde del debut se estaba afeitando en el baño y mientras se miraba al espejo pensaba que antes de la función iba a ir al bar de la esquina a tomar una cerveza bien fría y comer un poco de jamón. Pero le alcanzó con darse vuelta y ver cómo la luz le daba en la cara para entender que ya no estaba en España y que aquel bar había quedado del otro lado del océano. “Estas cosas siempre pasan en una gira. Mi cuerpo llegó hace dos días, pero yo recién estoy apareciendo”, cuenta el actor.
 
–¿Es duro hacer el cambio?

–No tanto. Ya estoy acostumbrado al devenir continuo de las cosas. Estuvimos mucho tiempo en España. Ya te acostumbrás a los pasillos del teatro, a los camarines. Ahora hay que empezar de vuelta, acá es todo distinto. Estas cosas tienen que ver con el fuerte poder de adaptación de los actores. A mí me confundiría más estar fijo 15 años en una empresa.
 
Y aunque no es lo mismo que trabajar rutinariamente en una oficina, desde hace un año y medio Leyrado es uno de los protagonistas de Baraka, la obra de teatro que dirige Javier Daulte y en la que comparte escenario con Darío Grandinetti, Jorge Marrale y Hugo Arana. El espectáculo se convirtió en un fenómeno teatral, de esos que pueden permanecer varios años en cartel y renovar el público con giras y nuevos espectadores.

–¿A qué te referís con el poder de adaptación de los actores?

–Y bueno… por algo uno es actor. Se necesita hacer una gran disociación. Hace tiempo que me acostumbré a vivir con un pensamiento disociado. Yo me recuerdo cuando era chico y jugaba. Pensaba varias cosas al mismo tiempo. Era como una situación de estar jugando y verse jugar. En la vida cotidiana entramos y salimos de personajes, todo el tiempo.

Si se trata de personajes, Leyrado sabe de qué habla. Con su Panigazzi, en Gasoleros, supo retratar la vida de una familia de clase media empobrecida. Pudo ser un cruel victimario en sus participaciones en Mujeres Asesinas. Y todas las noches se convierte en un político ambicioso en Baraka. A pesar de tanta exposición, las multitudes lo aterran. “A veces me pasa que voy a un shopping y siento que me estoy por desmayar. Prefiero estar en mi lugarcito chiquito. En el shopping no se lleva la línea de acción. No puedo dejar de preguntarme qué tengo que hacer, qué es lo correcto. Qué puedo dar y recibir más que la tarjeta de crédito y una camisa a cambio”, dice Leyrado con su voz gruesa y lenta, e intenta reflexionar –recién bajado de un avión y un poco perdido en su territorio– sobre uno de los símbolos del consumo.

–¿Cómo se logra la disociación?

–En la medida en que uno puede, se entra y sale de personajes. Muchos actores de mi generación, y me incluyo, se formaron con un método muy ortodoxo de actuación, que entre otros puntos consistía en ignorar la presencia del público, a través de una cuarta pared. Pero el que no puede salir de su personaje, está loco, no es un buen actor. Ahora se da mucho más lugar para acción, para el juego. Y para la gente también es así. Le gusta saber que eso que pasa no es real, que es un juego, que los que están en el escenario son actores que juegan a ser otro. La actuación no es natural.
Los días de Leyrado en Barcelona fueron confusos. Pasaron entre la soledad y las visitas de su mujer, sus hijos y hasta su nieta. “¡Trabajamos para que nuestra familia venga a Europa!”, dice el actor y empieza a reírse con fuerza, a pesar del cansancio de tantos viajes. Cuenta que extraña las pescaderías de allá, que pudo descansar diez días en Palma de Mallorca, pero que no se olvida del duro momento que vivió cuando se enteró que había muerto Néstor Kirchner y él, tan lejos.

–¿Cómo lo viviste?

–Fue muy duro estar lejos en ese momento. Nos quedábamos todo el tiempo en Internet, viendo lo que pasaba. Le mandamos un mensaje a la presidenta. Leíamos por Internet diarios como Página 12 y Tiempo Argentino, donde uno puede aportar y ser aportado. Fue impresionante ver el tema de la juventud. La militancia. Ver el pensamiento y el deseo de la juventud de un país mejor. Miles de personas apostando a un modelo de país. Yo puedo decir con seguridad que me siento identificado con todos los proyectos del kirchnerismo: el cultural, el político, el económico, el de los medios. Me gusta que se note con tanta claridad cuál es la verdad y cuál la mentira. Poder darse cuenta de eso.

–¿Qué sería la mentira?

–Porque pude ver las cosas tan duras que se escuchaban, como si a la gente le pagaban para ir a la plaza, si el cadáver estaba en el cajón. Creo que con esas frases alcanza para que la gente misma se dé cuenta quién es el otro. Se den cuenta de lo negativo. La verdad que estoy contento. Me pone contento estar acá y veo que la gente está bien. Claro que tienen problemas, ¡cómo no los van a tener, con todo lo que les han robado durante años! Hay mucho por hacer.

–¿Te generó problemas expresar con claridad tu posición política?

–Yo no tengo inconvenientes con los medios. Sé que hay cosas que no haría. Sé que no volvería al programa de Mirtha Legrand. No me siento representando. No me gusta. No voy a defender algo indefendible. Lo que me parece negativo es que no se asuma la diferencia. A mí me gustaría discutir con gente de derecha, pero con personas con las que se pueda hablar, que tengan la capacidad de argumentar.

–¿Por qué no volverías al programa de Mirtha Legrand?

–No voy a lo de Mirtha por respeto al ser humano. Yo dije en su momento (cuando ella dijo que tenía una sobrina desaparecida y que intercedió para que la liberaran) que hubiese sido muy útil que hablara en ese momento, podría haber salvado muchas vidas. No fue un ataque a ella, como interpretó su nieto.

–¿Notaste muchas diferencias entre la Argentina y España?

–Por momentos sentía realidades muy parecidas, sobre todo a lo que nos pasó a nosotros. Europa está atravesando una crisis muy grave, y España especialmente. Allí también es una crisis de la hegemonía. En España, las noticias parecen estar escritas por Clarín y La Nación. Y llego acá y siento esa sensación de que somos un país joven. Veo cómo crece Latinoamérica. La gente está muy amargada en España. Piensan que nosotros estamos peor, pero eso es por la información que les llega. Allá los medios también son muy destructivos. De repente, llego acá y me hace bien encontrar este modelo de país.


Fuente: Tiempo Argentino