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Té multiorgásmico

Cosas de mujeres, la columna de Mara, te invita a tomar el té este fin de semana. Té de mujeres, el tradicional, el de las tazas de porcelana y el lemon pie.
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El té de mujeres no es cosa de antaño, se sigue haciendo como festejo de algún cumpleaños o como excusa para las “ferias de ropa en casa”. (Lo peor que te puede pasar: precios Wanama, calidad La Salada y la mala estrategia de la organizadora insistiendo con que te lleves hasta los adornos del living).

¿Pero quién no tiene uno de estos eventos de vez en cuando y debe dar quórum a alguna buena mina?

¡Hay que ser guapa para ir a este rastreo de información íntima, scaneo de look, consejería de dietas imposibles escondidas tras pastillas, catarsis matrimonial en grupo, curso express de un mal divorcio y cátedra fugaz de educación asexual! 

Se sabe que en este tipo de reuniones los comentarios vuelan, se tergiversan y las confesiones sentimentales son una condena social al otro día. Así que todas a sus puestos que nos va bárbaro, estamos gordas porque decidimos darle valor a cosas más importantes, estamos híper flacas ¡pero me como todo!, nos separamos pero “es algo que decidimos los dos”.

Fue en este té, con feria de ropa y todo, que esta (no tan) señorita, embriagada con coca light, confesó a todas las presentes la suerte de ser multiorgásmica…

Emergió del centro de mesa porque hasta ese momento yo no le había prestado atención. Pero en seguida reconocí este tipo de personaje, que también está en los grupos de varones. El que en su infancia no tuvo mucha atención. (Bueno, eso lo dicen los psicoanalistas.) , y ahora, de grande, el marido o la mujer ya están hartos y ni les hablan. (Eso, lo digo yo.) Por lo tanto, estaremos condenados a contenerlos porque parece que ése es nuestro “rol social” para con ellos. (Y la verdad, a veces nos salva los tés).

Fue ahí, en ese preciso instante en que el té pasaba de tibio a frío en que hubo un silencio incómodo y la histriónica, muriendo de nervios, puso primera.

Bien, supongo que esto no fue culpa del té. Sino del tipo de tazas y su disposición en el jardín, que contribuía a ambientar la escena perfecta para que todas fuéramos quienes no éramos realmente. Parte del código de pueblo chico. Cuando hay alguien fuera del grupo íntimo de amigas todas deben ser otras, por las dudas.

Y si bien el temario light y discreto incluía las hazañas comiquísimas de los maridos (¡Eso me mata!), la conversación se paseaba, hasta el momento, entre la calidad de los colegios y el servicio doméstico cada vez más empobrecido, política económica (comentarios copy-paste de los maridos), vacaciones y por supuesto, quién corneó a quién últimamente,  pero la histriónica advirtió la caída, entonces tomó la batuta y se echó la reunión al hombro.

La anfitriona sirvió el té (que por suerte combinaba con el deck de la pileta) y la inocente parlanchina, ávida de público, desde la punta de la mesa, y como si en vez de té se hubiera chupado 5 botellas de Chandón, arremetió con toda su intimidad sexual sin que nadie le hubiera dado pie y sin hacer pausas para respirar, ni mucho menos para pasar el edulcorante. Entró en una especie de trance compulsivo en el cual vomitó sin ningún filtro todo tipo de experiencia erótica en su último mes, año y, tal vez, vida imaginaria.

Una recién llegada saludó diciendo “Ay chicas me vine así nomás”, dejando bien claro que su pelo estaba hecho un desastre. Comentario al que todas, casi al unísono y sin mirarla, respondieron, “Ay nena pero si estás divina”, volviendo inmediatamente toda la atención hacia la punta de la mesa.

Sin anestesia, la chica, comenzó su discurso sobre tamaños, desatinos, papelones y mega aventuras y cuando su exposición iba llegando al clímax, se mandó de lleno con semejante confesión. “Y si, lo que pasa es yo soy Multiorgásmica”.

Lo dijo y nos miró desafiante a todas, tomándose esta vez más tiempo para su Coca, espacio incómodo que activó más su psicopatología agregando detalles irreproducibles.

La descripción de estos múltiples orgasmos era confusa, una especie de ecos que ella contabilizaba de 14 a 17 por cada relación sexual frente a las caras atónitas de las, ya a esa altura de la conversación, multi frígidas oyentes.

La mesa de rumiantes de lemon, brownies y tarta de dulce de leche y coco había quedado perpleja.

¡Imposible! Dije yo. (Pensando en que esta chica podría haber confundido orgasmos con los puntos del tejido…)  En seguida miré a las demás, como pidiendo su posición al respecto. ¡Qué ingenuidad la mía! Tan rápido como elegantemente se habían devorado la torta cabsha iban zafando una en una de dar su postura. Sólo un “¡Qué graciosa, cómo puede decir eso!” Ni multiorgásmicas ni anorgásmicas. Estas chicas, de repente, no tenían sexo.

Me quedé mirándolas de manera inquisidora. ¿No iban a decir nada? ¡¿Dejaron que esta mujer contara hasta el largo de la raya de su pareja y ahora se iban a comer otro sanguchito como si nada?!

Recordé aquel curso de sexualidad ¡carísimo! al que asistí en Buenos Aires. (Merece columna aparte para los hombres) En donde sí se presentaba la posibilidad de que las mujeres tuviéramos varios orgasmos antes del coito, pero nunca se pudo establecer un número ni dejar una estadística.

¡No había médica que se animara a establecer datos precisos! Todo dependía de tanto…
El curso planteaba finalmente la complejidad de la mujer. Sí, lamento decirlo pero ésa era la conclusión. Por eso ciertos tratamientos para la disfunción sexual en la mujer lograban pocos resultados y en los hombres habían andado bárbaro.

Es que son tantos los factores que inciden sobre la exitación de una mujer, y además éstos se superponen, que esta multiplicidad explica la incomprensión lógica de los varones hacia nosotras.

Mientras ellos mantienen sus estadios lineales: Deseo Exitación Sexo Orgasmo Pizza, nosotras divagamos en un círculo de Deseo (¡Quiero salir con Lousteau!) Fantasía.(Quiero hacerlo como la yegua esa de la novela). Ilusión. (¡Ay me encanta cuando me agarra la cara para besarme!) Shopping. (Tengo que comprarme un corpiño con más push up).  Caricias. (Sí, creo que se enamoró de mí totalmente.) Elevación del Ego. (¡Ah bueh en esta posición me veo divina!) Distracción. (De atrás es igual a Brad Pitt en Troya…) Fantasía otra vez. (Mirá vos… que salvaje el mecánico…). Dramatismo. (¿Por qué esta vez no me besó tanto?)  Ilusión otra vez. (“Hoy me va a pedir que me vaya a vivir con él”) . Orgasmo. (¡Cómo en las películas!) Abrazo. (¡Si o si! Aunque él ya esté durmiendo).

En el curso también se vio un test a una pareja cuyo objetivo era medir los niveles de exitación en cada género mediante videos de paisajes, animales apareándose, y sexo mujer-mujer, hombre-hombre. ¿Y adivinen quien ganó el primer premio, aun habiendo rechazado de antemano su gusto por ciertos espectáculos horrendos? Laa mujeeer. (Somos turras ¿no?)
Parece que los hombres se exitaban con lo que realmente exponían que les exitaba: hombre-mujer y mujer- mujer. ¡Al pan, pan y al vino, vino!

No hay vuelta que darle. (O mejor dicho, hay muchísimas) Somos complejas. Y es probable que si tantos factores inciden sobre nuestra exitación toda esa sobredosis de carbohidratos de aquel té estuviera actuando también en aquella interlocutora de anécdotas. ¡Un bocado más de ese cheese cake y esta mujer iba a estallar 17 veces sobre todo el juego Verbano!

Con la llegada de la nochecita, la mesa auditora compuesta en su mayoría por mujeres casi-amigas, cometió el error de siempre: embarcarse en el rol de encuestadoras, anotadoras y registradoras para luego copiar, pegar y publicar, sólo los titulares, en otros tés con otras menos amigas que a su vez divulgarán la información a modo del famoso juego del teléfono descompuesto.

Pero lo importante es que si la sexualidad se experiencia y se expresa en todo lo que somos, sentimos, pensamos y hacemos esta chica era multiorgásmica seguro.
Digo, si la genitalidad es una realidad que está en nosotros y la sexualidad es una realidad que hacemos nuestra, bien podríamos intentar librarnos a su multi experiencia. ¿Será cierta?