La moda, entre la ética y la estética
La moda, entre la ética y la estética. Aquí, el punto de vista de Tiziana Domínguez, ejecutiva de Responsabilidad Social Corporativa de la agencia de modas Adolfo Domínguez, de España.
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Crear implica siempre una responsabilidad sobre qué se ofrece pero también sobre cómo. No hablamos sólo de un concepto o un estilo, sino de generar una imagen coherente con nuestras ideas, porque no podemos desligar lo que hacemos de lo que somos. En una empresa de moda, no hay nada más determinante que la selección de tejidos. Es el punto de partida que condiciona el resto. Todo empieza ahí y, por eso, siempre nos ha preocupado la esencia de lo que producimos.
Hace ya diez años que mi padre, Adolfo Domínguez, decidió incluir un bolso sintético para hombre; un producto que fuese más duradero, más impermeable y, sobre todo, que no implicase sacrificar una vida. Sin duda, fue una odisea, una lucha tanto interna -con los diseñadores- como externa -con el público-. Los primeros se sentían limitados a la hora de elegir materias y condicionados, en cierta forma, en su creatividad, mientras que los segundos veían en nuestra arriesgada propuesta un intento de reducir costes, en vez de una firme apuesta por la sostenibilidad del planeta.
Es verdad que algunos de nuestros clientes amenazaron con tirarnos aquellos zapatos de eco-piel a la cabeza, pero otros enseguida entendieron que debían exigirnos alternativas. Mi padre, con su característica firmeza, siguió adelante; y a ese bolso le siguieron cinturones, abrigos, chaquetas... Por entonces, yo, que rondaba sólo los 10 años, emprendí mi particular guerra, intentando arrancar el abrigo de astracán a quien tuviera a mano -como había visto hacer en las calles de Londres de camino al colegio-.
En ese momento, en una época donde el snobismo y la opulencia se daban la mano, pocos éramos los que creíamos en otra forma de crear estilo. ¿Engordar a 20 zorros durante un año para luego matarlos por el simple hecho de desear un abrigo? Puede ser algo selecto, pero no es una selección de la que queramos formar parte. Quienes hacemos posible una empresa como Adolfo Domínguez nos hemos sumado, desde el inicio, a una corriente que no lograba entender ese abuso de poder que ejercemos los humanos hacia los animales, y el tiempo nos ha dado la razón. Son muchos los clientes que ya valoran -e incluso aplauden- la moda sostenible. Además, las técnicas de producción no son las de antes y el término "sintético" ya no recuerda el olor a plástico sino que se ha convertido en una fiel reproducción de la piel original. Si no hay razones estéticas para justificar el uso de pieles ¿Por qué no dejamos que la ética ocupe el lugar que le corresponde?
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