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Pasamos agosto

Agosto es soledad y angustia, nostalgia y melancolía; bisagra emocional que sentís en todo el cuerpo. Después vendrá setiembre con sus primeras hojas y flores, pero la sensación que produce agosto es que demora más de lo normal.
Foto: Gerardo Gómez/ MDZ
Foto: Gerardo Gómez/ MDZ
El tema no es sólo pasar este inusual invierno; se sabe, el invierno es una estación más que jodida: la guita nunca alcanza, todo es más caro, se gasta el doble o triple de gas y energía, nos encerramos y hablamos más por teléfono, más internet, más tele. En fin, entre la moneda que escasea y las obligaciones para garpar la vida cotidiana, el invierno, es difícil, la estación más difícil de transitar. Además te da más hambre por el frío y comés el doble.

Ahora bien, el mes del invierno y del calendario más duro es agosto, siempre lo fue. Agosto es soledad y angustia, nostalgia y melancolía; bisagra emocional que sentís en todo el cuerpo. Después vendrá setiembre con sus primeras hojas y flores, pero la sensación que produce agosto es que demora más de lo normal. Porque las flores están lejanas y los zondas hacen daño, y las heladas, queman de madrugada lo que apenas florece. Agosto, aquí, se siente en la garganta, es un mes para pasar tragando saliva permanente, soportando nudos. Es el mes donde tráquea y laringe laburan a todo vapor.

Por ello, además del invierno, el que hay que pasar es agosto. Ahí está la clave para luego proyectar lo que queda del año con un poco de humor o con buen humor. Y aquí estamos, contando las horas que quedan del mes para tenderle la alfombra a setiembre, que seguro traerá noches frías, días nublados, algunas lluvias y una buena nevada. Pero es setiembre y sabe mejor. La palabra setiembre suena mejor. Agosto es desierto, sinónimo de desierto.
Agosto no te deja hacer balances, no es un mes que permita sacar conclusiones, es demasiado temprano para esas cavilaciones, porque seguro que hay proyectos inconclusos, o algunos que no pueden arrancar en el año que empieza a extinguirse, o problemáticas personales que no llegan a cerrar, ni heridas que cicatricen del todo. No digo que agosto es el peor mes sino el más espinoso y truculento. Es mes para mareos y desenfados, adusto mes de caras duras y sonrisas escasas.

Tornase efímera la vida entonces, con meses como agosto. Porque siempre habrá agostos, porque siempre apuraremos agostos. Los años habría que sumarlos a partir de los agostos y no en los eneros. Si se sobrevive, no será en los eneros, será cuando setiembre se te mezcle entre las colchas y empecés a guarda los pullóveres con naftalina en el placar, y con ellos, las nostalgias que acompañaron tu soledad.