Malas razones para creer en Dios
Todos los debates sobre el “problema de Dios” en los que me inmiscuyo, repiten siempre y paso por paso el mismo sendero; como si respondieran a un plan. Cuando sale el tema y yo comentó mi impresión de que Dios no existe, los creyentes contestan casi por instinto que no hay pruebas de eso. “¿Cómo que no?” –salto yo–: “si existiera Él, no existirían los sufrimientos y muy otro seria el mundo. ¿Qué mejor prueba que esa?”. “Te equivocas” –retrucan sin meditar lo que están por decir– “el sufrimiento no tiene nada que ver con Dios sino con la humanidad que usa mal el libre albedrío” [1]. “Todo lo que quieras” –me apresuro siempre– “pero si Dios sabía de antemano (teóricamente es un Ser omnisciente) que el resultado iba a ser desastroso, ¿por qué creó el libre albedrío de todos modos? ¿Le gusta acaso ver como nos desangramos entre nosotros? Reconocelo: fue una crueldad crearnos así. Pero por definición Dios no puede ser cruel. Así que, ¿para qué llamarlo con ese nombre? Luego, Dios no existe o es otra cosa, lo que para el asunto es más o menos lo mismo” [2].
Llegados a este punto de la discusión, siempre trato de cambiar de tema para no seguir poniendo en aprietos a mis interlocutores (por lo general, muy buenos amigos). Tácitamente agradecidos, muchos me siguen la corriente. No obstante, la mayoría quieren más biaba y traen a colación lo que yo llamo “argumentos de necesidad”. Es decir, argumentos para justificar por qué resulta imperioso y hasta positivo postular la existencia de Dios a pesar de las pruebas en contra.
Analizar todos los “argumentos de necesidad”, demandaría un espacio del que no dispongo. Por eso lo voy a hacer sólo con los cuatro más típicos; aquellos que nunca faltan en la boca de cualquier creyente discutidor que se precie de tal. Y al finalizar, amigo lector, espero haberlo convencido que creer en Dios es en realidad infinitamente menos imperioso y ejerce un efecto infinitamente menos positivo sobre nuestras vidas de lo que parece a primera vista.
1- LA EXISTENCIA DEL UNIVERSO REQUIERE SÍ O SÍ UN CREADOR. ¿Ah, sí? Bertrand Russell razonaba que si todo debe tener una causa, entonces Dios debe tener una causa; y que si puede haber algo sin causa, tanto podría ser el mundo como Dios. De modo que la afirmación de que la existencia del Universo requiere sí o sí un creador es apresurada y gratuita. Y si no le creen a Russell, desafío al amigo lector a sacar algún libro de física elemental de la Biblioteca más próxima a su casa. La primera ley de la termodinámica establece que el Universo está formado por una cantidad limitada de materia y energía, las cuales no pueden crearse ni se destruirse. Sólo transformanse. Esto implica que el Universo siempre existió en alguna forma antes del Big Bang. Hasta donde sabemos, es entonces indestructible. Y postular una cosa anterior (Dios) que creó lo que siempre existió (el Universo) es un despropósito lógico que multiplica inútilmente los entes, como diría el maestro de los maestros Aristóteles [3].
2- SIN CREER EN DIOS, LA VIDA SERIA UNA FARSA VACIA Y SIN SENTIDO. ¿Qué vendría a significar eso exactamente? No termino de entender por qué alguien tendría qué encontrar el sentido de la vida fuera de la vida misma. No conozco ninguna regla lógica que exija que el sentido de la vida deba ser conferido por otro ser. Si no, pregúntese el lector: ¿qué es lo que da sentido a la vida de ese otro ser? ¿De dónde proviene el sentido de la vida de Dios? O bien la vida de Dios tiene sentido por su propia existencia, o no. Si es así, entonces es posible tener una vida con sentido intrínseco. Así que, ¿por qué no puede tener sentido intrínseco nuestra propia vida? Me salgo de quicio cada vez que alguien empieza con eso de que su vida estaría vacía sin Dios. Y siempre se me escapa el mismo comentario insidioso: se nota que nunca te enamoraste con rabia o que nunca experimentaste la delicia de escuchar“April is in my Mistress' face” –de Thomas Morley (1557-1602)– con el equipo a tope, durante alguna lluvia de febrero.
3- LA MORALIDAD SOLO PUEDE BASARSE EN LOS MANDAMIENTOS O DESEOS DE DIOS. Como suele decirme un buen amigo español, esto si que es para quedarse de una pieza. Robar esta mal porque esta mal... no porque Dios lo ordena. No termino de entender cómo podría Dios infundirle moralidad a una norma. O bien la norma es en si misma intrínsicamente moral, o no se le puede dar legitimidad con una orden externa. Si no, pregúntese el lector: los asesinatos y violaciones en masa del Patriarca Josué durante la conquista de Canaán, ¿estuvieron bien solamente porque Dios se lo había ordenado? (Deuteronomio 7: 21-26)? A no ser que nos gusten mucho las piruetas retóricas, la respuesta es un rotundo NO; los asesinatos y las violaciones en masa siguen siendo malos aunque Dios en persona los ordene. Luego, las reglas son morales o inmorales por si mismas y sin necesidad de Dios.
4- LAS PERSONAS SE SIENTEN INCLINADAS A HACER EL BIEN SOLO SI CREEN QUE HAY UN DIOS QUE SE LOS DEMANDA Y LOS VA A PREMIAR POR ELLO. ¡El oído da para todo! A ver usted, que tiene la audacia de plantar semejante afirmación, responda por favor: ¿debo interpretar que si no anda por ahí matando y violando indiscriminadamente es sólo porque se lo ordenan? ¿Y si le ordenaran –como al Patriarca Josué– matar y violar?, ¿cómo reaccionaria entonces? ¿Obedecería? Si cualquiera de estas cosas fuera cierta, usted me da más pánico que el protagonista del siguiente video:
Pero me resisto a tenerlo en tan baja estima. Prefiero pensar que se porta bien simplemente porque le nace.... y que lo seguiría haciendo con gusto aunque el propio Dios se lo prohibiera [4]. Al margen de lo anterior, ¿ese es el concepto que los creyentes tienen de Dios? ¿Que es una especie de Macho Alfa sobrenatural al que hay que mantener contento para ver si nos da algo a cambio? ¡Y después nos preguntamos sobre las raíces culturales del caudillismo y el clientelismo! El bien debe hacerse porque esta bien y SÓLO porque esta bien. El supuesto de que hay que hacerlo porque Dios va a estar contento con nosotros (y gracias a eso vamos a poder sacar alguna tajada) es lisa y llanamente corrupto. No tiene nada que ver con la moralidad y a duras penas puedo creer que en pleno siglo XXI haya tanta gente ansiosa por inculcárselo a sus hijos.
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¿Qué más agregar? Creo que ha quedado ya suficientemente claro no sólo que la existencia de Dios resulta altamente improbable, sino que insistir en lo contrario tampoco es imperioso ni representa una ventaja para nuestras vidas. Y me doy cuenta que muchos de los que me escuchan ironizar sobre el asunto se imaginan que me muero de gozo gritándolo a los cuatro vientos. ¡Al contrario! ¡Detesto haber descubierto que el Dios de mis padres nunca estuvo ahí! Todos los días veo a mi alrededor tanta gente buena a la que le va mal y tanta gente mala a la que le va bien, ¿¡qué mas quisiera yo entonces que –como me enseñaron de chiquito– hubiera en el Cielo un Juez inmensamente sabio e inmensamente poderoso que le da a cada cual su merecido!? ¡Daría lo que sea con tal de recuperar la ilusión que hace muchos años depositaba en eso! Para mí personalmente sería como volver al hogar. De hecho, no me da vergüenza reconocer que si pudiera hacerme deliberadamente el zota y pasar por alto el hecho de que no hay una sola prueba y/o regla lógica que induzcan a creer en Dios, lo haría feliz. Pero (¡maldita sea mil veces mi condenada suerte!) nací privado del don de la ingenuidad. Y no me mal interprete, amigo lector; no me estoy disculpando con Usted por mi “desgracia”. Es lo que hay. Le ruego, eso sí, sea indulgente con ella.
NOTAS
[1] Para no hacerla tan larga, obvie la parte de la discusión donde le hago notar a mi interlocutor de turno que la mayor parte de los sufrimientos son causados por desastres naturales (tzunamis, terremotos, enfermedades, tornados, etc.) que, sobra decirlo, no tienen su origen en el mal ejercicio del albedrío.
[2] Los apologistas religiosos tratan de salir de este atolladero diciendo que nunca vamos a entender las intenciones de Dios por lo insignificante que es nuestra inteligencia en comparación con la de Él. Sería como pretender que una hormiga nos entendiera a nosotros. Ahora bien: este argumento agudiza el dilema en vez de solucionarlo. Si nuestra inteligencia es demasiado limitada para abarcar a Dios, ¿por qué los creyentes están tan seguros que es omnibondadoso ¿En qué quedamos al final? ¿Se puede o no se puede? O bien es posible entender a Dios, o no. Si fuera la última posibilidad, ¿cómo estar seguro que es bondadoso o sus intenciones son buenas? Pero supongamos que sus intenciones hacia nosotros fueran realmente buenas; pues a mi personalmente no me merecen ningún respeto desde el momento que necesita de instrumentos como el dolor y el sufrimiento para ejecutarlas. Y no me cabe duda que los cristianos van a estar gustosamente de acuerdo conmigo porque, después de todo, estan enojadísimos desde hace cinco siglos con el pobre Nicolás Maquiávelo por haber dicho que EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS.
[3] Pero dejemos de lado la termodinámica por un minuto e imaginemos que el Universo sí necesito un creador. ¿Por qué pensar que fue precisamente Dios? ¿Qué regla práctica nos impide pensar que fue Zeus o Quetzalcoatl o Krishna o Baal o Thor o las Hadas Madrinas? Después de todo, de cada uno ellos se dice que tienen poderes sobrenautrales.... y para demostrar la existencia de cada uno de ellos tenemos exactamente la misma cantidad y calidad de pruebas. ¿Cómo estar seguro a cuál atribuirle la existencia del Universo sin errar?
[4] Solamente para ponerle un poco de color a mi nota, me gustaría agregar un dato anecdótico. Según un estudio hecho por el Departamento Federal de Prisiones de los EEUU en 1997, ¡únicamente el 0,2 % de los reclusos eran ateos! El resto (99,98 %) creían en algún tipo de Ser Supremo sobrenatural. Y no trato de sugerir con esto que los ateos somos más buenos que los demás, sino que tener a Dios en la cabeza no funciona como estímulo para portarse mejor. El que se quiere portar mal, se va a portar mal.... y no hay Dios, genio de la lampara o gualicho que pueda frenarlo. Y el que se quiere portar bien, lo va a hacer no gracias sino a pesar de todo eso.

