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No cuenten conmigo para crucificar a Maradona

Fito Suden, periodista, actor, hombre de nuestra cultura reflexiona acerca de la suerte de Diego Maradona y la propia de los argentinos. "Ah, el Diego, el que divide las aguas, el querido, el rechazado, el bancado, el criticado, el villero –“¡que no abra la boca por favor!”.
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¿El tema es Maradona?...

Quizás ese no sea el tema. Quizás el tema sea… los argentinos hablando de Maradona. Ahh, el Diego, el que divide las aguas, el querido, el rechazado, el bancado, el criticado, el villero –“¡que no abra la boca por favor!”.

El tipo se fue pa Sudáfrica con no menos del 85 % de descrédito. “No sabe de tácticas, vamos al degüello”. Pero… el blanco que para muchos es un negro empezó a sorprender, a ilusionar. “Pará un poquito, no es él, es la calidad de los jugadores que tiene, es la debilidad de los otros equipos, es…”. Algunos se pusieron de su lado, “le da una impronta de potrero a un fútbol mundial de plástico –por no decir de mierda-, recobró el espíritu infantil del juego”. Pasó la primera ronda. “Dejá de joder, la pasaron los que estaban adentro de la cancha”. El pueblo –ahh, llamen a un simposio de sociólogos para que expliquen qué es el pueblo- comenzó a comprar banderitas, a entusiasmarse un cachito así, un cacho más grande luego. La publicidad empezó a arrodillarse ante el altar del exitismo. Decenas de periodistas silenciaron un rato la lengua crítica. Y llegó Alemania. Cuatro a cero. ¡Cuatro a cero! “Humillación”. “Desastre”. “¿No te lo decía yo?”. “Estábamos condenados al fracaso” (perdón Duhalde). Decenas de periodistas deportivos, con un tonito de maestro ciruela cuasi fascistoide, hacían análisis maravillosos CON EL RESULTADO PUESTO. Así cualquiera. Algunos -¿cuántos?- pensamos… “estamos quedando fuera del mundial, vamos pa adelante viejo, qué vamos a hacer, ¿cuidarnos y perder 1 a 0 con toda dignidad?”. “El fútbol tiene esas cosas. Te hacen un gol de entrada y se empantana la cancha”. Todo el mundo opinó. Los argentinos sufrimos de “diarrea de opinión”. Bueno, yo también opino entonces. Ja, aporto una idea al debate caótico: el próximo director técnico de la selección podría ser un seleccionado de ciertos periodistas deportivos que la tienen súper clara, que garantizan el éxito como un recuerdo del futuro. Estaría bueno. El Diego podría conducir un programa de tv y… ¡dedicarse a criticarlos!

Y tomaron el avión. Y llegaron a casa. Y… ¡oh, sorpresa!, miles de hinchas con el banque del corazón. Y algunos nos emocionamos porque no todo es éxito en la vida. Y otros “¿cómo aplaudir el fracaso?”, “te juro que no lo puedo entender”.

No sé, Maradona, el que no tenía crédito –casi como un celular, ¿viste?-, el que no sabía nada de nada alcanzó la línea de Passarella y Pekerman. Ah, perdoname, me distraje un poquito, cierto que no fue él, fueron solamente los jugadores.

Que no dirija más. Que se vaya a su casa. Que no se exponga. Que no corra riesgos. Que no ponga más la cabeza en la guillotina-opinión pública. Que esté tranquilo y sea feliz. Se lo merece. Algunos lo queremos como si fuese un hermano. Cuando se daba con la droga lo sentíamos en las entrañas y lo seguimos queriendo. Es tan fácil querer cuando el otro hace maravillas y habla todo el tiempo con lenguaje políticamente correcto, bien peinado y con traje de tela italiana. Así cualquiera. “Como jugador fue grande pero como persona…”. A mí me parece que es una buena persona. ¿Viste cómo lo quieren los jugadores de fútbol?... A mí me gusta más escuchar a los jugadores que a los periodistas.  ¿Alguien se tomó el laburo de hacer un archivo de las cosas sensatas, inteligentes y sabias que el Diego dijo en los últimos años? No creo. Eso sí, el archivo de sus ganzadas tiene horario corrido. ¿Alguien tiene un archivo de las ganzadas que decimos cualquiera de nosotros todos los días? No creo.

En fin, me acuerdo de una frase de Osvaldo Soriano escrita en un diario de 1.994: “No cuenten conmigo para crucificar a Maradona”.