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¿Desde dónde se “habla”?
En el mundo de las ideas, existe un pensamiento dominante que concibe que, toda reflexión sobre la realidad, en cualquiera de sus dimensiones, "debe tender a la objetividad". Ser objetivo, pareciera ser una virtud, un certificado de confiabilidad ante las audiencias, los lectores, ante la vida misma.
En el mundo de las ideas, existe un pensamiento dominante que concibe que, toda reflexión sobre la realidad, en cualquiera de sus dimensiones, “debe tender a la objetividad”. Ser objetivo, pareciera ser una virtud, un certificado de confiabilidad ante las audiencias, los lectores, ante la vida misma. El reclamo de una supuesta “objetividad”, heredada del pensamiento occidental positivista que se impone en nuestras sociedades hacia mediados del siglo XIX en adelante, tiñe las valoraciones que se hacen de las distintas “tomas de posición” en el campo de la política, del periodismo, de la cultura y de la ciencia, acusándolas de parciales y “poco objetivas”.
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Lo cierto es que siempre se habla, se escribe o piensa, desde algún lado. No hay interpretación inocente. Se reflexiona desde algún lugar. Estos “lugares”, la clase social, el capital cultural, la institución, la ideología política y económica, la empresa, la religión, etc., existen como estructuras estructurantes –al decir de Bourdieu- que se imponen sobre el individuo, en definitiva sobre nuestras conciencias individuales. Entonces, cuando se reclama “objetividad”, no se está haciendo más que “tomar distancia” de la postura a la que se rechaza, por su ideologización, por su grado de subjetividad, por su posicionamiento, a veces encubierto, a veces explícito, ideológico. Pasando en limpio, se está tomando “otra posición” en “apariencia” neutral. Hablamos siempre, consciente o inconscientemente, desde esa complejidad constitutiva de lo social en la que estamos insertos. Por ello, todo pensamiento, está imposibilitado de ser neutral, por el contrario, todo pensamiento es culpable, no inocente. La realidad está ahí, caótica y desordenada, presta para ser aprehendida mediante conceptos, categorías, posiciones teóricas y políticas. Toda posición, en última instancia, es política. Toda interpretación de la realidad está situada y contextuada por intereses específicos.
Cuando hablamos de “campo” (término desarrollado por el francés Pierre Bourdieu) nos referimos a esa trama de actores e instituciones que participan de un juego particular, de un interés específico, de una lógica normatizada. En el mismo, se desarrollan “formas de relación” entre los mismos grupos de actores e instituciones, que determinan, por el mismo juego de esas relaciones, una correlación de fuerzas favorable en algunos momentos de la historia a un determinado sector sobre el otro. En el juego democrático, estas relaciones varían con el paso del tiempo, por determinaciones condicionantes macro que se imponen en esa lógica del juego y que se traducen al mismo, con los códigos del campo en cuestión. Esto es muy aplicable al periodismo y a los periodistas. En primer lugar, el periodista trabaja para una empresa, la cual tiene intereses concretos lucrativos (legítimos por cierto) e intenta competir con los otros medios (empresas) con un estilo periodístico diferencial. De allí que existan medios gráficos tan disímiles desde sus posiciones editoriales, y de tratamiento de las noticias, por caso: Pagina 12, Perfil, Clarín, La Nación, entre otros. Pero al interior de los medios, los periodistas, forman una fracción, un sector, que tiene sus propios códigos, construidos en el tiempo, pero también móviles en el tiempo. Tomar una “posición” sobre una noticia, en definitiva construir la noticia, ya implica toda una serie de mecanismos de valoraciones y decisiones que se filtran en la nota escrita o audiovisual.
Una noticia “es una toma de posición sobre la realidad”, repito, caótica y desordenada, que el periodista “ordena”, “clasifica”, desde algún lugar, desde algún interés particular o grupal. La extrema adjetivación y uso de metáforas que hoy invaden la letra del periodismo constituyen un posicionamiento, un determinado tipo de “mirada” sobre la realidad social. De alguna manera, el periodismo ejerce un tipo específico de dominación simbólica en el orden de las clasificaciones del mundo social y cultural. Por ello, como en todo campo, en el campo del periodismo se libran luchas (ideológicas) subyacentes o explícitas, sobre cómo informar, qué informar, desde donde informar. Si bien esto no constituye una novedad, sí puede contribuir a explicitar los mecanismos de producción de la mirada, para manejarlos mejor y con mayor autonomía, y, sobre todo, para que las audiencias y lectores, tengan mayores elementos críticos a su alcance y puedan resignificar la recepción de las noticias, ponerlas en contexto e historizar los fenómenos. En definitiva, tomar distancia y posición.