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Contra el Nobel de Abuelas y la copa de Diego

La columna de Padilla: Existe un importante sector de la prensa deportiva (y política) -que no son otros que los portavoces del pensamiento oficial de los medios donde trabajan- que no quieren consciente o inconscientemente a la selección en la final.

Es notable. Hace mucho que no leo y escucho tamaño ensañamiento o su contrario, el abismal silencio e indiferencia. Es más, no recuerdo si alguna vez, desde que recuperamos la democracia en el 83, hubo tanta impiedad. Toda la carne en el asador parece ser el lema, la acción y la misión del establishment periodístico y del poder económico.

Tenemos un rosario de perlas para señalar cómo, desde el 2003 hasta aquí, una y otra vez, el movimiento conservador de la Argentina acicatea las medidas más progresistas y populares, y ataca a los referentes de la lucha social y política (para qué entrar en detalles).

En este caso, me quiero referir a dos símbolos que nos destacan en el mundo: la figura de las Abuelas de Plaza de Mayo, a través de su referente Estela de Carlotto, y, a Diego Armando Maradona, técnico hasta hoy exitoso al frente de la selección nacional de fútbol.

En este último caso, ya podemos decir que Diego Maradona superó a Bielsa (el adorado por la prensa nacional local que parece, por momentos, chilena, por lo elogios al ex entrenador argentino, contraponiendo sistemáticamente su sapiencia frente a la ignorancia de Maradona) Con la conducción de Diego ya pasamos a octavos de final, y Bielsa, que hace historia en horabuena con los hermanos trasandinos, no llegó a pasar la primer ronda en el mundial Corea-Japón. ¿Y ahora qué carajo van a decir?

Existe un importante sector de la prensa deportiva (y política) -que no son otros que los portavoces del pensamiento oficial de los medios donde trabajan- que no quieren consciente o inconscientemente a la selección en la final. Se les nota hace rato, desde las eliminatorias (no lo olvidemos) Eso sí, si llegásemos a tal situación, el oportunismo sabría de las suyas para acoplarse a la ola. Pero por ahora hacen fuerza. Algunos están mutando como camaleones y hablan de Diego y sus virtudes, con cara de piedra, sin ruborizarse ante las cámaras.

Y sinó escuchen a Closs o a Niembraaa, que recién ahora hablan de fútbol porque se pasaron semanas como gallinas, cacareando, con el tema Barrabravas: apenas un grupo de 30 giles deportados, antes de hacer nada en Sudáfrica, por sus andanzas aquí en Argentina; mientras, 300 ingleses, otros tantos holandeses, eran mandados de vuelta a su casa. De eso no dijeron casi nada. Silencio stampa.

Es simple: se quedaron fuera del negocio y ahora le apuntan a Grondona, su ex aliado, y de paso a Diego Maradona y a la presidenta, en fin, a todas las medidas con las que ellos y sus patrones están de culo. Tiros por elevación. Si le va mal a la selección es culpa del gobierno, encarnado en la figura de Maradona. Escuchen América y a Toti Pasman, y verán.

Y del hecho extra futbolístico más importante en torno al mundial de Sudáfrica, la candidatura de Abuelas al premio nobel de la paz, nada. Nadita y nada. Una selección de jugadores con su técnico apoyando públicamente la candidatura de Carlotto, una señal al mundo luego de que otra selección en el 78 recibiera la copa de Videla, es ninguneada al respecto como si todos los años tuviésemos los argentinos candidatos al premio nobel. Es, cuanto menos sospechoso el silencio, la omisión y la indiferencia. Por eso, después del “Bicentenariazo” que vivimos en mayo, mucho aguante a la selección nacional de Diego y nobel de la paz a nuestras abuelas, símbolos de lucha y resistencia nacional.