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Así te pueden gorrear durante el Mundial Sudáfrica 2010

En la casa quedan dos perros y un gato que miran al chabón de coté, pegaditos a las estufa. El tipo, Roberto, camina en pantuflas y se hace el enfermo por teléfono en el laburo. "No doy más de la garganta tengo fiebre, el lunes seguro estaré mejor, nos vemos jefe", y corta, sin esperar siquiera un "bueno che, mejorate y hacé reposo".

El tipo se ajusta la corbata, mal, muy mal; mientras, sostiene como puede con los dientes la tostada que chorrea mermelada. “Goool” de Camerún, “Nooo, de Nigeria”, “Tampooco, de Sudáfrica”, “Ma qué se yo, she igual, gol es gol”, y se lo gritan frente a la cámara los negros que bailan el fútbol como carnaval de guerra. La mujer ya partió con los chicos a la escuela, apurada y puteando, porque Roberto le dijo “esperá gorda, que esto es cada cuatro años, o andá vos que yo salgo en micro enseguida”.

La esposa salió bufando con los tres pendejos colgados de los brazos y tres mochilas atestadas de cuadernos y meriendas. Cristina no alcanzó a peinarse ni a maquillarse, y las ojeras se las patea con la izquierda y la derecha.

Es que Roberto ya está en Sudáfrica con su corbata mal anudada, sí, ya lo está, con sus ojos inyectados en sangre. Estrenando su LCD y tosiendo tostadas con el gol, con el primer gol del mundial ansiado. Ha llegado la hora y, como Roberto, la mayoría de los hombres deciden olvidar su rutina e ignorar a sus esposas o concubinas.

En la casa quedan dos perros y un gato que miran al chabón de coté, pegaditos a las estufa. El tipo, Roberto, camina en pantuflas y se hace el enfermo por teléfono en el laburo. “No doy más de la garganta (finge con voz cavernosa) tengo fiebre, el lunes seguro estaré mejor, nos vemos jefe”, y corta, sin esperar siquiera un “bueno ché, mejorate y hacé reposo”. A Roberto le salió perfecta la jugada, se clavó el verso y, de corbateli, se quedó prendido al partido, que no será el único en su enfermedad porque a la siesta ya tiene programa: Uruguay-Francia.

En el cole, los guachos se amontonan en el kiosquito y sentados en ronda, como si adoraran a un dios tabú, miran la pantalla masticando nachos y papitas. Las maestras ¡joya!, en la sala de profesores arreglándose las cutículas y chusmeando sobre la vida privada de la directora. Alguna que otra mal agestada tira mala onda con esto del mundial y el quilombo que se trae en la vida cotidiana. Los pendejos gritan goles de cualquier equipo, y cantan al son de la danza africana “vamo/vamo/ sargentinaaaa/vamo/vamo/saganr”.

La esposa de Roberto llegó a la oficina exhausta por el tránsito y los pendejos. Tira la cartera sobre su escritorio, que no es del todo suyo porque lo comparte con Rubén. Pero Rubén es todo un caballero y trabaja de parado cuando Cristina, la esposa de Roberto, usa el mueble. A Rubén poco le importa el fútbol, más bien es un simpatizante del vóley. Vive solo, es pisiútico, muy hacendoso y cordial con las mujeres, especialmente casadas. Un caballero dirían las viejas. Cristina quiere vacaciones ya. No aguanta más a los pibes, ni a Roberto, ni el trabajo, y menos, el bardo del mundial. A su pesar, hay una pantalla de un tele derruido frente a su escritorio con el partido del momento donde se amontonan compañeros de trabajo.

- “Dentro de todo, tan buenos los negritos” dice Cristina, prendiéndose un mentolado luego de sorber un café con leche. Rubén, sonríe y le suelta: “Cris, se te nota cansada, deberías tomarte una licencia, relajarte, hace tiempo que no se te ve como siempre, digo, espléndida, brillando”.

- Ay Rubén… vos siempre tan preocupado. Si mi marido me lo dijera una vez al año…

- Vení Cris, salgamos a dar una vuelta a tomar un poco de aire fresco…en el depto tengo unas gotitas de “Flores de Bach” que te van a venir bien…en un par de horas volvemos, cuando se les pase la locura a estos alienados.

- Ay…dale Rubén, siempre tan atento.