Las personas y los proyectos (y sólo un parrafito para Roberto Vélez)
Es una discusión medio añeja, sin embargo por estos días, se me ocurre, tiene su vigencia. Hay frases o consignas representativas en el imaginario colectivo, especialmente en quienes alguna vez creyeron en algo o alguien, y se animaron a militar en política o participar en algún espacio comunitario, estudiantil o gremial.
“La historia la hacen los pueblos” es una lograda máxima, cargada de simbolismo, que rememora acontecimientos que nunca jamás podrán obviarse en el repaso de la historia (aunque algunos se encarguen de pasarlos por alto) Me vienen a la memoria, por lectura claro: la Revolución del Parque en 1890, o la frustrada aunque no menos premonitoria rebelión Yrigoyenista de 1905 (radicales) o el 17 de octubre del '45 que gestó al peronismo, o la patriada estoica del General Valle aquel 9 de junio del '56 que terminó tres días después, con su fusilamiento, por defender al gobierno popular depuesto por “la fusiladora”; sin olvidar el Cordobazo en mayo del '69, que iniciaría la larga marcha por la recuperación del poder popular hasta la asunción del Tío Cámpora en el '73.
Más cercano a nuestros años, la recuperación de la democracia en el '83, y, por último, las inolvidables jornadas de protesta popular del 19 y 20 de diciembre de 2001. Un siglo enterito. Cargado de movimientos, de idas y vueltas, de avances y retrocesos. Y, frente a los mismos, los de siempre; por izquierda o por derecha, pero siempre enfrente. Unidos por el mismo odio, en una especie de eterno retorno que vuelve y que vuelve.
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Pero también me vienen a la memoria, por lectura y método de lectura, algunas reflexiones de la chilena Marta Harnecker, en sus textos de formación política popular que inaugurara bajo el gobierno de Salvador Allende a principios de los '70 en el hermano país. “Unidad en la acción” era una consigna con prestigio teórico-político a la hora de discutir disquisiciones sobre el sentido último de un proceso de cambio.
“Enemigos, aliados y frente político” es un texto de consulta permanente por estos días (creo que a Roberto Vélez le vendría muy bien conocerlo o re-conocerlo, a propósito de la confusa columna que escribió atacándome y defendiendo (ahora) a Pino Solanas (ayer lo hizo con Lilita Carrió de la mano del ¿ex? ganso Gustavo Gutiérrez, y varios años atrás integró el Partido Comunista defendiendo al encumbrado Codovilla) como un fundamentalista con 38 fundamentos, uno, para cada suicidio político. Vélez, no obstante, ha demostrado que es eterno. Se recicla, no tiene desperdicio. Mañana podría ser candidato de cualquiera Unión Democrática que se forme por ahí.
Retomo. En ese entonces, el socialismo y sus sueños, por la vía armada (modelo cubano) o la vía democrática por elecciones (modelo chileno) era parte del damero discursivo. Pero estamos aquí, transitando estos raros años, agrios días. No bien despunta un puñado de ideas distintas que algunos se atreven a llevar adelante, con millones de contradicciones (todo proyecto en su ejecución está plagado de contradicciones) que aparecen los de siempre reciclados, en envases juveniles o en el resentimiento eterno del que ansía estándares de vida de los países pudientes, esos que nos chuparon la sangre por años.
Y se confunden las cosas, y algunos se creen que los que apoyamos una serie de ideas buenas y beneficiosas para la gente, como la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (para algunos “ley de medios K”) comemos los buzones que ellos gustan devorar con desesperación pacata. No señores y señoras. Es muy difícil pensar distinto a lo que “hay que pensar”. Sobre todo si no te pagan por pensar lo que venís pensando desde los 14 años.
Aunque no les guste, siempre hubo y habrá lucha de clases. Eso no lo inventa este ignoto columnista ni tampoco el más lúcido de los intelectuales. Se pelea por la repartija donde hay tradición de lucha por la repartija. Y en este país, enbuenahora, esa tradición existe desde el amanecer de la patria. Y si no les parece o no les cuadra esta idea, pues, allá ustedes o ellos, y aquellos.
Ya les va a tocar asumir el gobierno de nuevo, no falta mucho para que, al país, lo atiendan sus propios dueños. Han hecho lo necesario, aunque no lo suficiente para lograrlo, porque siguen detentando el “poder real”. Pero ojo, la pelea no ha terminado. Y en el camino oscuro de la retirada, siempre habrá un puñado de muchachos preparando el futuro.

