Dudas y sospechas en el caso del niño "raptado" en una escuela de Godoy Cruz
La aparición del chico horas después en otra escuela, en Maipú; el supuesto auto rojo que se lo llevó; el auto gris que merodeaba la zona; la computadora secuestrada de un cíber y la circulación de una lista con nombres de alumnos de la escuela San Gabriel envuelven el caso con un gran manto de dudas.
La conmoción, angustia, indignación y temor que domina a toda la comunidad educativa de la escuela San Gabriel, del barrio Foecyt de Godoy Cruz, por el rapto de un alumno de primer grado desde el interior del establecimiento y que seis horas más tarde apareció en una escuela de Maipú, sigue en alza y, a medida que se avanza en la búsqueda de datos, se escuchan las voces de los involucrados y se repasa el aparente detalle de los hechos, el caso se vuelve más confuso.
Mientras se suceden las intenciones de solucionar el problema de seguridad en las escuelas o se pretende conseguir que no vuelva a suceder, el hecho ya ocurrió y existen tres aspectos fundamentales a la hora de lograr llegar a alguna certeza: ¿Quién retiró a Agustín de la escuela?, ¿cómo logró hacerlo? y ¿para qué lo hizo?
Punto uno: quién
De acuerdo a lo que declaró Agustín cuando fue encontrado, seis horas más tarde de su desaparición, se habría ido de la escuela con el padre de un compañero de nombre Lautaro. Según los registros de la escuela, varios chicos con ese nombre concurren al establecimiento pero ninguno de ellos es compañero de grado del chico.
De acuerdo a lo que declaró Agustín cuando fue encontrado, seis horas más tarde de su desaparición, se habría ido de la escuela con el padre de un compañero de nombre Lautaro. Según los registros de la escuela, varios chicos con ese nombre concurren al establecimiento pero ninguno de ellos es compañero de grado del chico.
Agustín relató que este hombre lo habría llamado por la ventana del aula, que da a la calle, y le habría ofrecido ir a comprar zapatillas. Él vio con agrado esa invitación y salió del salón de clases, aprovechando que la maestra había salido un instante, rumbo a la puerta del colegio, donde este sujeto lo esperaba.
Luego de darle la mano, y dejar sus útiles en la escuela, el niño admitió que se subieron a un auto rojo, en el que también estaban el abuelo de ese tal Lautaro y una nena. En el auto, habrían ido a pasear al Centro. De ahí hasta que lo encontraron en una escuela de Tropero Sosa, en Maipú, pasadas las 16 horas, el chico dice no acordarse de nada.
De este resumen que hace Agustín de los hechos se desprende que conocía a este hombre pero ninguno de sus compañeritos recuerda haber visto a alguien en la ventana llamándolo como tampoco haberlo visto salir del grado.
El horario de la desaparición puede llegar a determinarse de acuerdo a dos hitos fundamentales de la historia. El profesor de Educación Física asegura haberle dictado clases entre las 10 y las 10.30, y su maestra, haber dado aviso de su ausencia a los directivos del colegio minutos después de advertirla, pasadas las 11.
La investigación judicial para llegar a la persona responsable de la desaparición está centrada por estas horas en un local comercial del barrio que brinda servicio de Internet. De acuerdo a lo que se rumorea, quien atiende este Ciber asegura haber atendido a dos sujetos, muy bien vestidos y que se movilizaban en un auto gris, que imprimieron en su negocio una lista con nombres de algunos chicos que concurren al colegio, además de haber enviado fotos de niños por correo electrónico.
La computadora desde la que supuestamente habrían hecho los envíos ya está en manos de la Justicia, así como la PC central de la red instalada en el comercio.
No obstante, tanto vecinos como comerciantes que tienen sus negocios frente a un portón lateral del colegio, el que se cree podría haber cruzado Agustín para llegar a la calle, admiten no haber visto movimientos sospechosos de personas desconocidas en los últimos días como tampoco un vehículo de esas características con alguien a bordo sacando fotos.
Punto dos: cómo
Si bien los padres que se presentaron a protestar esta mañana en la escuela San Gabriel acusan a los directivos y celadores de no mantener las puertas cerradas con llave, los dos únicos ingresos al colegio no tienen manera de poder abrirse desde afuera. Y, para llegar al portón que señalan como probable salida del chico, debe abrirse otro portón que separa el patio principal del patio del Jardincito.
Entonces, el método para sacar a Agustín del colegio se enfoca en que alguien le abrió la puerta al sujeto, tenía una copia de la llave (porque la cerradura no tiene signos de violencia) o lo hizo el mismo niño, y nadie lo vio hacerlo.
Si esta persona ingresó gracias a que alguien se lo permitió o contaba con una copia de la llave, quiere decir que se trata de alguien conocido en la escuela y la investigación debe centrarse en los celadores, quienes se encargan de la portería.
Ahora bien, si la puerta fue abierta por el propio niño habla de una forma de manejarse del chico que no concuerda con las descripciones que hacen de él, tanto docentes como los padres de sus compañeritos. Aseguran que Agustín es un niño retraído, que no se da mucho con la gente que no conoce, que padece de ataques de epilepsia y que está siendo tratado por un psicólogo y una psicopedagoga.
Punto tres: para qué
Fuentes policiales, a cargo de la investigación, admiten que las motivaciones más comunes de rapto de menores, en este caso, estarían prácticamente descartadas.
No puede tomarse el hecho como un secuestro en busca de una suma dineraria, ya que la familia del niño es de condición humilde, vive en el barrio Jardín Sarmiento, lindante al Campo Papa; y su padre, Gustavo Ponce –Agustín lleva el apellido de su madre-, es trabajador municipal.
A su vez, si su captura fuese producto del trabajo de una banda o red dedicada a la trata de menores o al tráfico de órganos, en el lapso de tiempo transcurrido desde la desaparición hasta que se montó el operativo policial -cerca de dos horas- tranquilamente, podrían haber logrado su cometido. Si la huida era por aire -a minutos de la escuela San Gabriel hay un aeródromo-, podrían haber cruzado las fronteras del país.
La aparición del menor en otra escuela, sin ningún signo de violencia o maltrato, indica, según los investigadores, la clara intención de sus captores de que el niño apareciera, tal como si se tratara de un clásico mensaje mafioso a sus padres.
“La forma más sencilla de hacer descender de un auto a un niño con guardapolvo y que nadie que sospeche de algo raro, es hacerlo precisamente frente a una escuela. Si realmente se hubieran visto acorralados, podrían haber abandonado al chico en cualquier ruta o en una plaza”, reconoció a MDZ una alta fuente policial a cargo de la investigación, que se encuentra bajo secreto de sumario.
Las repercusiones
Rápidamente, al conocerse el supuesto secuestro del niño de 5 años, la responsable de la Dirección de Educación Inicial y Primaria, Laura Abraham, aseguró que se inició una investigación en el establecimiento y “si hay que tomar sanciones, lo vamos a hacer. Pero, primero vamos a comprobar”.
La funcionaria de la Dirección General de Escuelas estuvo reunida esta mañana con las autoridades escolares -en la misma escuela- y adelantó que un grupo de supervisores se encargará de determinar las responsabilidades de cada uno de los miembros del colegio que pudo tener alguna participación en el hecho.
El Ministro de Seguridad, Carlos Aranda, también salió al ruedo al admitir que la instalación de un sistema de cámaras en cada escuela “es viable” y que “lo estamos evaluando”, aunque no quiso adelantar de qué manera se implementaría.
Mientras tanto, los padres del resto del alumnado se hicieron presentes a primera hora de hoy en la escuela exigiendo medidas de seguridad para el control de ingreso y egreso de sus hijos del establecimiento, y llegaron hasta pedir la renuncia del equipo directivo escolar.
De este resumen que hace Agustín de los hechos se desprende que conocía a este hombre pero ninguno de sus compañeritos recuerda haber visto a alguien en la ventana llamándolo como tampoco haberlo visto salir del grado.
El horario de la desaparición puede llegar a determinarse de acuerdo a dos hitos fundamentales de la historia. El profesor de Educación Física asegura haberle dictado clases entre las 10 y las 10.30, y su maestra, haber dado aviso de su ausencia a los directivos del colegio minutos después de advertirla, pasadas las 11.
La investigación judicial para llegar a la persona responsable de la desaparición está centrada por estas horas en un local comercial del barrio que brinda servicio de Internet. De acuerdo a lo que se rumorea, quien atiende este Ciber asegura haber atendido a dos sujetos, muy bien vestidos y que se movilizaban en un auto gris, que imprimieron en su negocio una lista con nombres de algunos chicos que concurren al colegio, además de haber enviado fotos de niños por correo electrónico.
La computadora desde la que supuestamente habrían hecho los envíos ya está en manos de la Justicia, así como la PC central de la red instalada en el comercio.
No obstante, tanto vecinos como comerciantes que tienen sus negocios frente a un portón lateral del colegio, el que se cree podría haber cruzado Agustín para llegar a la calle, admiten no haber visto movimientos sospechosos de personas desconocidas en los últimos días como tampoco un vehículo de esas características con alguien a bordo sacando fotos.
Punto dos: cómo
Si bien los padres que se presentaron a protestar esta mañana en la escuela San Gabriel acusan a los directivos y celadores de no mantener las puertas cerradas con llave, los dos únicos ingresos al colegio no tienen manera de poder abrirse desde afuera. Y, para llegar al portón que señalan como probable salida del chico, debe abrirse otro portón que separa el patio principal del patio del Jardincito.
Entonces, el método para sacar a Agustín del colegio se enfoca en que alguien le abrió la puerta al sujeto, tenía una copia de la llave (porque la cerradura no tiene signos de violencia) o lo hizo el mismo niño, y nadie lo vio hacerlo.
Si esta persona ingresó gracias a que alguien se lo permitió o contaba con una copia de la llave, quiere decir que se trata de alguien conocido en la escuela y la investigación debe centrarse en los celadores, quienes se encargan de la portería.
Ahora bien, si la puerta fue abierta por el propio niño habla de una forma de manejarse del chico que no concuerda con las descripciones que hacen de él, tanto docentes como los padres de sus compañeritos. Aseguran que Agustín es un niño retraído, que no se da mucho con la gente que no conoce, que padece de ataques de epilepsia y que está siendo tratado por un psicólogo y una psicopedagoga.
Punto tres: para qué
Fuentes policiales, a cargo de la investigación, admiten que las motivaciones más comunes de rapto de menores, en este caso, estarían prácticamente descartadas.
No puede tomarse el hecho como un secuestro en busca de una suma dineraria, ya que la familia del niño es de condición humilde, vive en el barrio Jardín Sarmiento, lindante al Campo Papa; y su padre, Gustavo Ponce –Agustín lleva el apellido de su madre-, es trabajador municipal.
A su vez, si su captura fuese producto del trabajo de una banda o red dedicada a la trata de menores o al tráfico de órganos, en el lapso de tiempo transcurrido desde la desaparición hasta que se montó el operativo policial -cerca de dos horas- tranquilamente, podrían haber logrado su cometido. Si la huida era por aire -a minutos de la escuela San Gabriel hay un aeródromo-, podrían haber cruzado las fronteras del país.
La aparición del menor en otra escuela, sin ningún signo de violencia o maltrato, indica, según los investigadores, la clara intención de sus captores de que el niño apareciera, tal como si se tratara de un clásico mensaje mafioso a sus padres.
“La forma más sencilla de hacer descender de un auto a un niño con guardapolvo y que nadie que sospeche de algo raro, es hacerlo precisamente frente a una escuela. Si realmente se hubieran visto acorralados, podrían haber abandonado al chico en cualquier ruta o en una plaza”, reconoció a MDZ una alta fuente policial a cargo de la investigación, que se encuentra bajo secreto de sumario.
Las repercusiones
Rápidamente, al conocerse el supuesto secuestro del niño de 5 años, la responsable de la Dirección de Educación Inicial y Primaria, Laura Abraham, aseguró que se inició una investigación en el establecimiento y “si hay que tomar sanciones, lo vamos a hacer. Pero, primero vamos a comprobar”.
La funcionaria de la Dirección General de Escuelas estuvo reunida esta mañana con las autoridades escolares -en la misma escuela- y adelantó que un grupo de supervisores se encargará de determinar las responsabilidades de cada uno de los miembros del colegio que pudo tener alguna participación en el hecho.
El Ministro de Seguridad, Carlos Aranda, también salió al ruedo al admitir que la instalación de un sistema de cámaras en cada escuela “es viable” y que “lo estamos evaluando”, aunque no quiso adelantar de qué manera se implementaría.
Mientras tanto, los padres del resto del alumnado se hicieron presentes a primera hora de hoy en la escuela exigiendo medidas de seguridad para el control de ingreso y egreso de sus hijos del establecimiento, y llegaron hasta pedir la renuncia del equipo directivo escolar.

