Cámaras en la ciudad
Soy el operario que controla las imágenes de la ciudad, y no puedo quejarme porque el sueldo es interesante. Solo que sé demasiado, y eso, a veces, produce turbios sueños y pesadillas. No sé hasta cuando aguantaré. El problema es que estoy enamorado de una mujer a quien le conozco todos sus movimientos. Cada detalle de su cuerpo. Y sufro con otras historias que presiento cómo se desencadenarán. Sin embargo, pese a todo, tengo que hacer el reporte diario para el Intendente. Soy una extensión de su mirada omnipresente.
Rosario y Carlos
Veo cómo Rosario le reclama a su pareja desde el descanso de la escalera. El, resiste, estoico, con sus manos en los bolsillos y la cabeza gacha. Ella le grita, le bailan sus rulos con los movimientos de furia. No sé qué le dice, qué le reclama, pero lo hace con vehemencia. Carlos camina en derredor de la mesa ratona sin poder meter bocado en el incesante monólogo loco de Rosario. Hace ya cuarenta minutos que ella no para de azuzarlo. Por momentos la imagen de mi control se distorsiona y, el audio, acusa interferencias con otros departamentos del mismo edificio.
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Candela
Me canso de la historia repetida y paso a la otra pantalla. Candela duerme desde anoche. Solo una vez salió de las sabanas para buscar agua de la heladera. Es una piba de unos 23 o 24 años. Nunca falta a su trabajo, pero hoy lo ha hecho y sólo duerme. Tal vez esté enferma o triste; o con resaca. Mirarla por horas se parece demasiado a las películas de Andy Warholl. Candela, vive sola y no tiene mascotas, ni plantas. Su refugio es un ambiente de 45 metros, y ello, me permite observar todos sus movimientos. El problema, para mí, es que nunca habla sola, y sólo escucho el ruido de ollas y platos, de sillas y muebles.
Los viejitos
La pareja de viejitos del 12 A tiene los típicos hábitos. Se levantan a las 8 de la mañana, preparan juntos el desayuno, leen el diario, y luego, a eso de las 11, mientras él saca a pasear al perrito, la señora hace las compras en la misma verdulería de siempre. Se encontrarán a las 11:45 hs en la cocina para preparar un almuerzo liviano, con una variedad colorida de ensaladas. Mirarán un rato televisión y luego dormirán una siesta de un par de horas. Lo que sigue es de rutina. Ella se levantará a preparar un té con medialunas y él saldrá a caminar por el parque. La noche los separará. A eso de las nueve, el irá hacia el casino a probar suerte, mientras su esposa prende las velas a una comunidad de santos que montó en la estufa hogar del living.
El Julián del 4to.
Julián, el del 4to. C –porque hay otro Julián en el 1ro. B- vende productos de computación. Vive solo y alterna su cama con Celina, una bella rubia que llama un par de noches a la semana para hacer el amor. No son novios. Son sólo amantes. Celina está de novia hace 7 años con Ricardo, un muchacho que maneja un taxi de noche. Celina y Ricardo ya tienen comprado el set de muebles, la heladera y el lavarropas automático. Piensan casarse en diciembre; mientras, Celina, acompaña un par de noches a la semana las fantasías de Julián, el del 4to.C.

