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Doble escolaridad: dos casos testigo y mucha expectativa

Buenas y malas. Sin mesas ni sillas para montar los comedores, en la mayoría de las escuelas en las que pudo comenzarse con la implementación del programa de jornada completa hubo que agudizar el ingenio. "Tuvimos que sacar los bancos de las aulas", dijeron en una escuela de Las Heras.

“Agudizar el ingenio”, fue la frase de autoconvencimiento más repetida en las escuelas mendocinas en las que hoy se dio comienzo con el programa de Doble Escolaridad. Es que contando con el personal para los talleres y con la mercadería para hacer la comida, no había excusas para no empezar, a pesar de no contar con un salón habilitado para utilizar como comedor, mesas ni sillas adecuadas para su funcionamiento.

Uno de estos casos es el de la escuela Jorge Newbery, de Las Heras, donde para colmo hoy no se presentaron a trabajar dos celadores, por enfermedad, y hubo que adelantar recreos para poder sacar los bancos y sillas de las aulas y montar un improvisado comedor en la galería principal del edificio.

“No hemos tenido problemas para contar con los talleristas ni tampoco con los proveedores, que pusieron muy buena voluntad, pero si resultó complicado armar el comedor. Tuvimos que sacar los bancos de las aulas”, admitió la vicedirectora, Elba Aballay.

Aunque existe ya un proyecto de construcción de un comedor, la respuesta desde la Dirección General de Escuelas aún no llega y sólo puede recurrirse por el momento a los padres, para conseguir tablones y para al menos no tener que desarmar las aulas a la hora del almuerzo.

De todos modos, la falta de directivas claras desde la cartera educativa provincial, que recién hoy emitió una Circular Informativa hacia los directivos sobre la aplicación de este nuevo ciclo lectivo de talleres y que aún no ha terminado de distribuirse, no permitió que comenzaran en pleno sino que después de darle de comer a los chicos, hubo que hacer la reunión informativa con los talleristas y en conjunto interpretar los lineamientos resumidos en la Circular.

En la escuela Cordillera de los Andes, por su parte, también se dio inicio a las actividades del programa, con almuerzo y talleres incluidos. Y aunque tampoco cuentan con un espacio habilitado como comedor, un aula vacía fue acondicionada para tal propósito.

“En nuestro caso, pudimos comenzar con todo. Por suerte no hemos tenido inconvenientes”, subrayó Norma Franzi, la vicedirectora del establecimiento godoycruceño.

En esta institución, que cuenta con una matrícula que supera los 600 alumnos, sólo se pudo incluir en el plan de jornada completa a 50. “No hay espacio para incluir a más chicos”, reconoce Franzi.  A pesar de haber logrado mejorar el rendimiento de los alumnos, ya que el 70% de los talleres están orientados hacia lo pedagógico, la falta de infraestructura limita el alcance del programa.