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Tiramerdis en tiempo real

Hay foristas que lo único que hacen es meterse a mendigar protagonismo, dudoso protagonismo militante. Y otros que sí acusan recibo, fundamentan su posición cuando disienten con una opinión, y lo hacen con altura.
Foto: Gerardo Gómez/ MDZ
Foto: Gerardo Gómez/ MDZ
No me voy a cansar de sorprender. Es que es increíble cómo el arma de participación que despiertan los medios de comunicación on line en la comunidad de foristas, se ha transformado, poco a poco, en un espacio para ejercer llamamientos fascistas en tiempo real, on line, minuto a minuto. El oprobio está a la orden del día, como si ese fuera el “top-one” de la horda de preopinantes.

La consigna “al diario lo hacen los lectores” es, tengo que reconocerlo, una muy buena invitación a la participación y la reflexión sobre la noticia o la opinión de un columnista. En definitiva, hoy por hoy, los diarios on line se constituyen también con la opinión del lector que participa. Ahora bien, si del lector pasamos al “forista full time”, es notable observar con el paso del tiempo cómo, mayoritariamente, el foro anónimo se transformó en un escudo para proponer ideas atroces, ajusticiamientos, golpes, denuncias sin sostén, reproducción de titulares de medios hegemónicos, entre otros.

¿No será el nuevo diván que la clase media encontró como la forma más cómoda de participación vomitiva? ¿No estaremos viviendo una especie de borrachera on line? Digo, defenestrar al que escribe, opina, está muy lejos de acusar recibo democrático de participar con una idea o una propuesta. Pues déjense de joder entonces.

El forismo que nutre hoy los diarios on line, todos los medios que lo habilitan, no es más que un gran inodoro que, en vez de tener mochila para que el agua se lleve la mierda, tiene un potente ventilador que, por el contrario, la desparrama hacia arriba cuando presionas el botón o tirás de la cadenita.

Hay foristas que lo único que hacen es meterse a mendigar protagonismo, dudoso protagonismo militante. Y otros que sí acusan recibo, fundamentan su posición cuando disienten con una opinión, y lo hacen con altura. Pero son los menos y cada vez menos. Ya no participan muchos que sí lo hacían en esa línea, y, ahora, el espacio, ha quedado plagado de satélites desperdigados a la entropía escatológica del agravio virtualmente dirigido.