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Tunuyán: iban a sepultar un cadáver sin avisar a sus familiares

Famoso por los escándalos de sus ex directivos y por tener el cuerpo de un paciente fallecido anónimo dentro del hospital durante 16 meses, ahora el Scaravelli se envuelve en polémica por pretender sepultar el cadáver de un hombre apenas 48 horas después de su muerte y sin que supieran sus familiares. "Hicimos las cosas de acuerdo al procedimiento", dijo el gerente asistencial del hospital.

Otra vez la polémica envuelve al Hospital Antonio Scaravelli de Tunuyán y nuevamente es por el mal manejo del cuerpo de una persona fallecida en sus instalaciones. Primero, fue el caso de un NN del que se mantuvo su cadáver durante un año y medio dentro del hospital, sin hacer los trámites correspondientes para darle sepultura. Tarea administrativa que, llamativamente, se cumplió luego de una publicación de MDZ acerca del caso.

Pero, ahora la situación es la otra cara de la moneda y lejos de pecar por lentitud, lo hace por demasiada premura: dieron por sepultado el cuerpo de un hombre que había fallecido el día anterior.

Calixto Aguilar, de 65 años, fue ingresado a la Unidad de Terapia Intensiva del hospital el pasado 21 de abril. Este hombre trabajaba en una empresa dedicada a la exportación de ajo, con sede en Tunuyán, y su crítico estado de salud promovió a una de las secretarias de la empresa a intentar contactarse con sus familiares.

La tarea no resultó sencilla, puesto que la única miembro de su familia que vive en Mendoza es su hija, Margarita Aguilar, quien reside junto a su esposo y sus hijos en la localidad de Tres Porteñas, cercana a la ciudad de San Martín.

Margarita pudo ser contactada recién el día sábado, 24 de abril, y entre que pudo acomodar sus cosas, el viaje hacia el Valle de Uco lo emprendió al otro día junto a su marido, Julio Cabezas. Tras su llegada, en día domingo, la angustia se apoderó de ella al no encontrar a su padre.

Debió esperar hasta el lunes para hallar alguna respuesta sobre el paradero de su padre y lamentablemente se la topó con dureza: su padre había fallecido el 23 de abril.

Presa de la tristeza llegó hasta las oficinas administrativas del Scaravelli para iniciar los trámites para retirar el cuerpo, al que aún no había visto, y darle sepultura de acuerdo a sus creencias religiosas. Otra vez, la cruda realidad le dio de lleno en la cara: el cuerpo de su padre ya había sido sepultado por orden del directorio del Hospital.

“¿Cómo puede ser que lo entierren sin avisarle a los familiares?”, era la pregunta que lanzaba con insistencia Margarita, mientras era contenida por su marido; y la respuesta que encontró fue más cruda aún que todo lo que había padecido hasta entonces. “Y si ustedes recién ahora aparecen, ¿Por qué no vinieron cuando estaba vivo?”, les enrostró la responsable administrativa del hospital, Gladys Molina, ya que ninguno de los directivos se había presentado a trabajar al igual que los abogados del nosocomio, Pablo Díaz y Gabriela Aveiro.
Según Molina, estos letrados fueron los que dieron la orden del sepelio “para que no se vuelva a repetir lo de la otra vez” (el cadáver alojado por 16 meses). Pero la situación en este caso era diferente, el paciente estaba identificado y los familiares ya habían sido contactados.

El escándalo se tornó incontrolable y Margarita y Julio se fueron con la amenaza de volver y de no encontrarse con una respuesta favorable iniciar  las acciones legales pertinentes. El retorno fue el prometido y otra vez la sorpresa: el cuerpo de Calixto sí estaba en el hospital y el sepultado era otro.

Luego del reconocimiento del cadáver de su padre, Margarita pretendió retirarlo. Pero la cadena de curiosidades no podía ser tan corta y no había quien le firmara el certificado de defunción. Rubrica que aún están esperando, a pesar de tener que frenar al propio personal del hospital que el martes por la mañana pretendían llevar el cuerpo hasta el cementerio, por orden de la Dirección del hospital.

“Hicimos las cosas de acuerdo al procedimiento”, dice el gerente del Scaravelli

Guillermo Ferro, gerente asistencial del hospital de Tunuyán, reconoció que la publicación de Mdz sobre el cadáver que permaneció en las instalaciones del centro asistencial durante 16 meses los ayudó a encontrar el camino para actuar ante estos casos, merced a encontrar una ley que regula el procedimiento. Aunque no pudo especificar el número, al menos, de tal norma.

“El trámite lo hicimos como corresponde y como dice la ley. Esperamos 48 horas, para que el trámite lo hicieran los familiares. Superada esa instancia, el hospital tiene hasta 60 días para concretar el retiro del cuerpo de sus instalaciones y proceder a la sepultura. Si se nos cumple ese plazo, actúa la Justicia”, resumió Ferro.

De todos modos, llama la atención que Calixto Aguilera falleció un día viernes y al lunes siguiente y sin la presencia en el hospital de directivos ni responsables de asesoría letrada, el trámite ya se había completado y la carroza estaba en la puerta esperando el cadáver el mismo martes por la mañana.