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Violencia escolar: las escuelas no pueden sancionar a los alumnos agresores

Al ocurrir los hechos fuera de los establecimientos, los directivos no pueden tomar medidas disciplinarias sino, solamente, organizar jornadas de reflexión. "En estos casos, tendría que haber intervención policial", confirmó el asesor en violencia escolar de la DGE, Alejandro Castro Santander.

Otra vez el universo escolar mendocino vuelve a encontrarse atado de pies y manos ante hechos de extrema violencia juvenil, al conocerse las brutales agresiones a alumnas de las escuelas Profesores Mendocinos, de Luján de Cuyo; y Roberto Azzoni, de Guaymallén; por parte de sus propios compañeros y que desembocaron en internación hospitalaria de las víctimas por la gravedad de las lesiones.

Tal conclusión se desprende luego de la charla que mantuvo MDZ con el asesor casos de violencia escolar de la Dirección General de Escuelas, Alejandro Castro Santander.

El psicólogo y experto internacional en esta materia confió que “en realidad, la escuela sanciona cuando los hechos ocurren adentro del establecimiento. En estos casos tendría que haber intervención policial, con denuncias como corresponde”.

“Lo más urgente es organizar jornadas de reflexión pero deben hacerse antes de que los hechos ocurran, a modo preventivo. Sabiendo los tipos de alumnos que tenemos, las edades o la conflictividad social, tenemos que salir antes”, resumió el además director del  Observatorio Internacional de Violencia Escolar.

Sin embargo, Castro Santander reconoce que de muy poco sirve aplicar esta metodología preventiva durante la adolescencia: “El aprendizaje de habilidades sociales debe iniciarse en la formación inicial. Es decir, empezar temprano porque esta habilidad de defender sus derechos y respetar los del otro, resolver diferencias o ponerse en el lugar del otro requiere de mucho tiempo de práctica. Todas estas cosas las queremos hacer cuando entramos en crisis y, precisamente, en la adolescencia los chicos están con la cabeza en otro lado”.

“El fenómeno de la violencia juvenil -agrega el especialista- abarca un espacio multicontextual. La familia debe ser el principal involucrado y también deben hacerlo la escuela, los medios de comunicación, las políticas públicas, las iglesias y todas las organizaciones sociales que tienen algo que decir”.

El hoy asesor de la Dirección General de Escuelas, cuyo nombre sonó con fuerza en algún momento para hacerse cargo de la Dirección de Orientación Psicopedagógica Comunitaria en lugar de la desplazada María Eugenia Carbonari -ofrecimiento que él mismo aseguró haber rechazado- aseguró también que “la violencia, sea del más chico o de un adolescente, son violencias aprendidas de nosotros, de los adultos. Los que hemos dado permanentemente mal ejemplo somos nosotros. Cuando ven escenas en los concejos deliberantes, en la Legislatura, el Congreso o en los propios Gobiernos y les venimos con el mensaje ‘llévense bien, resuelvan conflictos a través del diálogo’, nos miran como diciendo ‘qué hipócritas que son’”.