El gobierno paralelo de Cleto
Y sí, señores y señoras de este hermoso país llamado Argentina. Hoy por hoy tenemos dos gobiernos en el país. Dos conducciones, dos referencias de la sociedad, claro está, más allá de sus matices.
Y sí, señores y señoras de este hermoso país llamado Argentina. Hoy por hoy tenemos dos gobiernos en el país. Dos conducciones, dos referencias de la sociedad, claro está, más allá de sus matices.
El gobierno legítimo desde lo institucional que eligió la gente en 2007 y que conduce la presidenta Cristina Fernández por un lado, y el gobierno “legitimado” por el establishment que lidera Cleto Cobos. La fractura entre ellos se dio aquella noche no positiva de 2008, y, de ahí en más, no hubo tema o decisión oficial en los cuales el vice no disintiera (y conspirara) contra el gobierno legítimo. Su posición, la de Cobos, como representante del poder económico-mediático fue legitimada y ensalzada como nunca antes ocurrió en la historia nacional. Y no es que Cobos sea una luz ni un guía, no. Es la patética imagen de la pospolítica menemista y delaruista que quedó como resaca del 2001.
Y así la llevamos y nos la llevan. Con una interna feroz, casi minuto a minuto, entre quienes se animan al menos a algo (no a todo, de eso soy consciente) y quienes quieren voltear, torcer y manipular la opinión pública para obstaculizar el empuje de los cambios que una buena parte de la sociedad pretendemos. Y ello, no implica ser oficialista. A la vista está que a este gobierno lo apoyan no solo peronistas sino radicales, intelectuales, artistas y organizaciones sociales que jamás se identificaron con el peronismo.
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Por estos años, vivimos una de las coyunturas más jugosas para entender cómo se producen los alineamientos ideológicos y políticos en una sociedad. Carne fresca para el análisis y tomas de posición de quienes se animan a salirse de la ingenua y muchas veces malintencionada pretensión de objetividad.
La Argentina de Cristina, que no es de las mejores ni lo será, pero sería injusto no reconocer algunos avances en materia social, de derechos humanos, de crecimiento económico, de resignificación de la discusión política, entre varios logros que no me parece aquí enumerar. Y la Argentina de Cleto Cobos, que es la que usa a Cleto Cobos hoy como ayer, pero que no dudará en patearle el trasero cuando no les sirva (metáfora del helicóptero) a quienes lo levantan como “el garante” de la institucionalidad y la democracia para fariseos.
La Argentina de Cristina, que no es de las mejores ni lo será, pero sería injusto no reconocer algunos avances en materia social, de derechos humanos, de crecimiento económico, de resignificación de la discusión política, entre varios logros que no me parece aquí enumerar. Y la Argentina de Cleto Cobos, que es la que usa a Cleto Cobos hoy como ayer, pero que no dudará en patearle el trasero cuando no les sirva (metáfora del helicóptero) a quienes lo levantan como “el garante” de la institucionalidad y la democracia para fariseos.
Una Argentina que quiere terminar un proceso y a la cual deberemos hacerle una serie de críticas importantes para profundizar algunas tendencias y rumbos estancados u olvidados. Y otra, que quiere retroceder, que no admite los cambios ni las transformaciones. Esta última no está sola, tiene a “todo el poder real de su lado”: medios, empresarios, oposición política, la mayoría de la clase media y buena parte del empresariado que necesita de la timba y poner sus propias reglas por sobre el resto de la sociedad. Eso ya lo conocimos. No ofrecen nada pero absolutamente nada nuevo. Ni bajo ni sobre el sol.


