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Chau, maestro, amigo, Máximo Arias

Es esta una pérdida enorme, una ausencia insoslayable. Máximo Arias fue uno de los artistas con sentido de lo social más grandes que ha dado la historia de Mendoza. Ahora, la esquina de San Martín y Garibaldi no tendrá más sus fotos y tampoco el campo gozará de su paso leve y su ojo definitivo para captar la cultura de su pueblo y tampoco sus amigos gozaremos ya de su infinita ternura y su talento.
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Resulta que anoche se murió el viejo, el Máximo, un tipo fundamental en la historia de la cultura de Mendoza.

Si hubiese que poner en una sola mano las vidas de los artistas más notables de la contemporaneidad mendocina, ahí estaría latiendo el ojo maravilloso del maestro fotógrafo Máximo Arias.

Jamás negó sus trabajos en cuanto acto de la cultura popular se organizara.

Todo el mundo sabía que podía contar con los trabajos de Máximo tanto para poner luz artística sobre la vida de los mendocinos, como para realzar y prestigiar la cita.

Si había buena luz para iluminar sus iluminaciones, mejor. Y si no, no importaba. El siempre tenía decenas de fotos pendiendo de hilo sisal en alguna escuelita de Lavalle o en un festival campero.

El Máximo siempre estaba disponible.

Y también lo estaba para viajar, para salir a ponerle el ojo a la gente de pueblo, a sus paisajes, al capricho de las estaciones, a los tatuajes que la historia ha ido regalando en nuestra tierra.

“Le gustaba estar en la montaña, con los viejos del desierto… Qué sé yo, le gustaba estar de viaje por el campo; ir al norte del país a conocer pueblitos. Su vida estaba ahí, en el campo, con la gente. El tuvo siempre la coherencia de vivir como se siente”, me dice un amigo que fue uno de sus hermanos de la vida, el Patán Púrpora, quien ahora lo llora y lo despide.

“Estamos todos colgados del pincel. Todavía no entendemos qué pasó ni lo que vamos a hacer, porque al Viejo no le gustaban los velorios. La familia lo va a cremar. Hay que ver”, suelta el Patán, triste, flamantemente abandonado.

Ahora, la esquina de San Martín y Garibaldi no tendrá más sus fotos y tampoco el campo gozará de su paso leve y su ojo definitivo para captar la cultura de su pueblo y tampoco sus amigos gozaremos ya de su infinita ternura y su talento.

Es esta una pérdida enorme, una ausencia insoslayable. Máximo Arias fue uno de los artistas con sentido de lo social más grandes que ha dado la historia de Mendoza. Su concepto de la belleza debiera ser carne y hueso de nuestros días.