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Bebé fallecido en el Notti: el trágico destino que lo sacó del infierno

Junto a sus tres hermanitos, el bebé de tan sólo dos meses de edad que llegó sin vida ayer al Hospital Notti con claros signos de maltrato y contagiado de sarna, vivía en condiciones infrahumanas y en un total abandono. La poca ropa que vestían era producto de la caridad del vecindario. "Te partía el corazón escucharlos llorar toda la noche", reconocen en el barrio.
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A pocos metros de la puerta del departamento 3, del 2478 de la calle Santo Domingo, se pueden oír claramente los chillidos y el andar de las ratas que lo gobiernan. Pero, al asomarse por alguna de las ventanas, obviamente sin vidrio, el paisaje imposibilita que la imaginación de cualquier mortal considere que la viviend haya sido habitada por una familia con cuatro niños.

Sin embargo, hasta ayer era así. Hasta ayer, cuando el más pequeño de los hijos de Cinthia y “Pili”, como se conoce en el barrio Suárez al jefe familiar, ingresó casi sin vida al Hospital Pediátrico Humberto Notti, con claros signos de haber sido quemado con cigarrillos y marcas de sarna.

Tan sólo dos meses de edad. Dos meses de padecimiento junto a sus hermanos de 2, 3 y 5 años, también desnutridos, con sus cabecitas llenas de piojos y su piel con sarna; que hoy están a cargo de la Justicia Familiar.

“Andaban siempre desnudos, en invierno y verano. Tratábamos de darles ropa y lavarlos, porque los papás nunca les prestaban atención. Cuando estaban en la casa, se quedaban hasta las dos o tres de la mañana sentados en la vereda escuchando música y cuando salían, dejaban a los niñitos solos. Te partía el corazón escucharlos llorar toda la noche”, reconoció a MDZ una de las vecinas del lugar, que por temor a represalias no quiso dar su nombre ni ser retratada.

Las denuncias que hicieron los vecinos, y que fueron muchas, nunca concluyeron en una acción gubernamental que salvara a los menores del infierno que les tocó vivir.
“Hace dos meses, más o menos, los niñitos lloraban tanto que pensé que les estaban pegando. Ahí nomás llamé a la Policía y cuando vinieron los encontraron solos. Yo creí que se terminaba el suplicio de los chiquitos pero apareció un hermano de ella que vive al lado y dijo que él se iba a hacer cargo. Lo que nunca hizo, es más, ni sabíamos que era el tío. Así que la Policía se fue y no pasó nada”, relató otra vecina, que del mismo modo que la anterior prefirió mantenerse en el anonimato.

Nadie sabe a ciencia cierta cuál era el modo de sustento económico de “Pili”. Sólo que tenía una moto que siempre estaba armando y desarmando en la vereda, rodeado de sus desnudos niños; y que a veces venía una mujer, que aparentemente sería su madre, a traerles algo de mercadería.

Con respecto a Cinthia, la madre de los niños, tampoco hay certezas sobre la forma de conseguir el dinero necesario para subsistir. No obstante, las sospechas y los comentarios abundan, ya que salía de su casa por las noches y regresaba a primera hora de la mañana.

“Lamentablemente, tuvo que morirse uno de los niñitos para que alguien haga algo”, es el lamento colectivo del vecindario.