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Vía Blanca de las Reinas: de las luces y el orden, a la oscuridad y el caos

Una verdadera marea de gente colmó las calles céntricas para vivir el primer gran festejo popular de la edición 2010 de la Fiesta Nacional de la Vendimia. Mientras la avenida San Martín lució ordenada e iluminada, la oscuridad y el caos dominaron la Las Heras y la calle Chile.

Ya en la previa del desfile podía apreciarse que no estaba todo bien. El escaso control de la zona de carros y la gente que se abalanzaba en busca de algún souvenir hacían presagiar que la multitud podría volverse incontrolable.

El paisaje era diferente sólo a un par de cuadras de la zona de inicio de la Vía Blanca de las Reinas. En el área de palcos y autoridades estaba dispuesto un ordenado vallado para controlar el avance del público asistente y ese mal presentimiento parecía quedar sólo en eso.

Bajo un importante cordón policial, que contenía la multitud, y con una perfecta iluminación, la avenida San Martín lucía amplia y despejada para que el pasar de los carros no tuviese interrupciones.

La marea de gente, que de todas maneras siempre intentó sobrepasar el vallado para quedarse con un recuerdo, se comportó estrictamente ordenada y hasta podía observarse la caravana desde las cómodas mesas de los cafés, apostadas en las veredas, sin necesidad de discusiones ni protestas entre los concurrentes; y llamativamente a muchos niños cómodamente sentados en los cordones de esas veredas. Panorama primer mundista que distó mucho de parecerse a lo que ocurrió a la vuelta de la esquina, donde obviamente ya no llegaba la vista de los funcionarios e invitados especiales.

Al doblar por avenida Las Heras, el escenario era radicalmente opuesto. La otra cara de la moneda.

Quizás el sector más popular tanto de la Vía Blanca como del Carrusel y donde tal vez podría hacerse foco en la seguridad, si es que ese fuera el propósito de un operativo montado para una ocasión como ésta.

Según fuentes del Ministerio de Seguridad, el operativo iba a contar con 500 efectivos policiales y de acuerdo a la confirmación del propio ministro, Carlos Aranda, previo al inicio del desfile, hubo “asistencia cien por ciento perfecta”.

En teoría, los efectivos apostados a lo largo de avenida Las Heras y las calles Chile y Sarmiento, deberían que haber sido 165. “Dos por cuadra, además del personal de investigaciones, vestido de civil, que se haya mezclado entre la gente para prevenir arrebatos y robos”, aseguraba un comisario, que prefirió reservar su nombre, en la esquina de Las Heras y Mitre. Sin embargo, a simple vista, se notaba que el número de uniformados era menor.

Tras recorrer las zonas más conflictivas, los hombres encargados de la seguridad no eran más de 20 en las cinco cuadras de Las Heras ,y no superaban la docena en las cuatro cuadras de recorrido por Chile. Escasez de control que convirtió estas arterias en un verdadero caos.

Las vallas brillaron por su ausencia y la multitud ganó la calle. Hombres, mujeres y niños llegaron en algunos casos a intentar colgarse de los carros para quedarse al menos con una fruta y el riesgo de accidentes provocó que la caravana de carros avanzara cada vez más lento.

Tanto fue así, que los baches entre un carro y otro promediaron cien metros de distancia, llegando incluso a los 500 entre el paso de la soberana representativa del departamento de San Martín y la de Maipú.

Bochazo para el operativo de seguridad, que lució perfecto para quienes miran desde un palco pero ni siquiera existió para quienes transitan al ras del piso.