ver más

La historia de amor que podría terminar tras las rejas

Una pareja de amantes que fue sorprendida en la oscuridad de la noche por la Policía en plena vía pública protagonizó una espectacular huida por las calles de San Roque, con agresiones verbales y físicas hacia los uniformados. Ella fue detenida y él está siendo buscado por la Justicia.

Eran pasadas las tres de la mañana y el habitual patrullaje que realizaban el ayudante Herensperger y la auxiliar Andrade por las calles del distrito maipucino de San Roque se vio interrumpido cuando advirtieron en las inmediaciones de la plaza local un vehículo al que no reconocieron como propio del lugar.

De manera inmediata y debido a que el Ford Orion, de color gris y vidrios polarizados, se hallaba estacionado frente a la Iglesia, estos custodios de la ley y el orden optaron por detener el móvil policial justo frente al coche. No sólo para obstruirle la salida sino para proceder a la identificación de algún individuo que se hallase en su interior.

Con la conjunción de alerta y serenidad propia de quienes están acostumbrados a estos menesteres, Andrade y Herensperger se acercaron con sigilo al rodado y grande fue su sorpresa cuando visualizaron a un hombre y una mujer en pleno acto amoroso.

Al verse sorprendidos, los ocupantes del coche, lejos de tratar de disimular o quizás, al menos, reacomodarse sus prendas de vestir, prefirieron proferir fuertes insultos y agravios a quienes no pretendían ser testigos de la escena amorosa sino que simplemente cumplían con su deber de custodios de la seguridad ciudadana.

Pero esa extraña actitud de los amantes sería sólo el primer eslabón de la cadena de extraños hechos que se sucederían a continuación.

Los policías vieron hasta graciosamente que el conductor optó por huir del lugar manejando el coche marcha atrás, obviamente, a una velocidad que no lo llevaría muy lejos.

El recorrido que trazó el amante sorprendido incluyó un recorrido de todos los costados de la plaza y no advirtió, tal vez por sus nervios, que al concluir el cuadrilátero perfecto, otra vez se encontraría con el móvil policial.

En ese momento, los nervios se transformaron en ira, furia o vaya a saberse que sentimiento hacia los uniformados, porque en lugar de detenerse prefirió pretender atropellarlos abalanzándose con el rodado por sobre sus humanidades.

La pretensión de esquivar el embiste llevó a que Andrade sufriera un esguince en la muñeca de su mano derecha y que su compañero rodara por el piso, acarreándole traumatismos varios en su cuerpo.

Tratando de recomponerse e ir en busca del agresor, otra vez la sorpresa ganó los rostros de la pareja de policías cuando vieron que el sujeto, efectivamente, huía del lugar pero seguía haciéndolo marcha atrás, aunque ahora a una alta velocidad.

El inusual escape incluyó un recorrido por varias cuadras internas del lugar y hasta un peligrosísimo cruce de la vieja Ruta 50, que bien podría haber provocado un verdadero desastre si se hubiese producido en horario de mayor tránsito vehicular.

A la caza de los amantes partió el patrullero, siempre de cerca y atento a las imprevistas reacciones que podría tomar el osado conductor. Llegada una bocacalle, y tras girar llamativamente repetidas veces sobre su propio eje, el Orion gris adoptó la normal posición de circulación y comenzó a recorrer todas las calles de la localidad, doblando en cada esquina que se le aparecía, sin dirección lógica.

La cuadrícula que dibujan las calles de San Roque y la imposibilidad de salir de la zona, cercada por campos, permitió que lejos de emular el alocado transitar del rodado en huida, los efectivos policiales trataran de siempre aparecérsele en una vía de posible salida hacia la ruta.

De pronto y tras recorrer un par de cuadras por la calle Rufino Layera, no se volvió a divisar el Orion. Hasta esa arteria avanzó el patrullero y a la altura del 6200 observó detenerse el coche y salir raudos a sus ocupantes para ingresar a una vivienda.

A partir de ese momento, sólo quedaba esperar la orden judicial de allanamiento para poder capturar a los fugitivos. Pero, por alguna extraña razón, la integrante femenina de la pareja de amantes, creyendo quizás haber perdido a sus perseguidores, prefirió salir corriendo de la casa en que se ocultaba y a los pocos metros resignarse cuando las esposas rodearon sus muñecas, indicándole como destino la Subcomisaría Francisco Lara.

Finalmente, la orden de allanar la casa le fue negada a la policía, ya que según los argumentos judiciales y transmitidos por el propio subcomisario Fernando Barrera, los amantes “no habrían cometido un delito que amerite la intromisión por la fuerza en una propiedad privada”.

A las pocas horas, y tras tomarle declaración a la joven y bella detenida, según la apreciación de quienes tuvieron la posibilidad de verla de cerca, quedó libre por orden de la Oficina Fiscal Nº16, que interviene en la causa. Mientras que su amante aún no ha sido identificado, ya que ella se negó a aportar datos sobre su identidad y tampoco sería el propietario de la vivienda que usaron como ocasional escondite.

Por estas horas, la Justicia está tras la pista del propietario del rodado, del que sí pudo tomarse nota de su patente, para que los efectivos policiales agredidos puedan reconocerlo como quien protagonizó la extraña fuga.