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López Puelles tuvo que explicar las renuncias de dos funcionarias

A pesar de las diferencias de criterio, el jefe de la DGE asegura tener una relación muy cercana a Livia Sández y que su intención es "no perderla". Sández renunció a su cargo y aún no responde al ofrecimiento de permanecer como asesora. Además, se le aceptó la renuncia a María Eugenia Carbonari, quien denuncia al titular de Escuelas por maltratos.
Sández era subsecretaria de Calidad Educativa. Foto: Gerardo Gómez/MDZ
Sández era subsecretaria de Calidad Educativa. Foto: Gerardo Gómez/MDZ
La polémica entre funcionarias de primera línea de la Dirección General de Escuelas y Carlos López Puelles, a causa de la manera y el criterio de proceder del titular de la cartera educativa provincial, tanto con respecto a la gestión como al trato con las personas, sigue levantando vuelo y las renuncias se suceden una tras otra. En los últimos días, se conoció la decisión de abandonar sus cargos de Livia Sández y María Eugenia Carbonari, aunque cada uno de estos casos mereció un tratamiento diferente por parte de López Puelles.

Con respecto a Sández, subsecretaria de Calidad Educativa y ex candidata a senadora nacional por el PJ, el director de Escuelas reconoció hoy que le ofreció mantenerse bajo la órbita de la DGE en un cargo de asesora, ya que no sería su intención “perderla”.

López Puelles aseguró además tener “la mejor relación” con la funcionaria, que su salida “se debe a problemas personales y de agenda” y admitió no saber “de dónde sacan los medios que hay diferencias entre nosotros”. Diferencias que, aunque se empeñe en desmentir, no son un secreto y se basan puntualmente en el escaso conocimiento sobre materia educativa del responsable de la cartera; y que ya provocaron un intento de alejamiento de Sández cuando el contador pretendió imponer, junto al SUTE, la creación de Juntas Calificadoras en el nivel Terciario.

A pesar de que el titular de la  DGE asegura que “va a seguir vinculada” al Gobierno escolar, ya que habría aceptado seguir como asesora, la realidad y las pocas ganas que tiene Sández de seguir en una gestión con la que no comulga, hacen que por estas horas aún no exista pronunciamiento de su parte y sólo concurra a su ahora ex despacho solamente a definir temas puntuales, a la espera de su reemplazo.

Por otro lado, diferente es la situación de María Eugenia Carbonari, a quien sí se le aceptó su renuncia y cuya permanencia en el Gobierno escolar siempre resistida por López Puelles, potenciada a causa de sus declaraciones en el supuesto caso de abuso en una escuela de Rivadavia, aunque nunca tomó la firme decisión de removerla y siempre escudó su falta de determinación en que el despido de Carbonari era potestad del gobernador.

En aquella ocasión, la responsable del área de Orientación y Apoyo Psicopedagógico aseguró que la menor que denunciaba haber sido manoseada por sus compañeros dentro de un salón de clases, en realidad, “se había prestado para un juego sexual consentido”. De manera inmediata, López Puelles salió públicamente a desacreditarla y lanzar un lapidario: “Cometió un error, debería tener fundamentos para sostenerlo”.


Ahora, la propia funcionaria admite haber sido objeto de maltratos de parte de López Puelles, con cartas documento y escándalo de por medio. Situación que no resultaría extraña porque los extraños métodos comunicativos, dominados por gritos, del jefe de la cartera son habitual objeto de comentarios en los pasillos de la DGE.