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Eduardo Hoffmann: "El artista es un coleccionista frustrado"

El pintor mendocino de fama mundial está en la provincia. Este sábado, en Killka, el espacio cultural de Salentein, en el piedemonte de Tunuyán, se inaugura su muestra "Enviados especiales", con trabajos realizados en el último par de años. Aquí, la palabra de un artista buscándose a sí mismo.

Eduardo Hoffmann ha tenido que realizar uno de esos viajes que lamentablemente exige Mendoza: irse para lograr ciertos objetivos. Nacido en Mendoza, Hoffmann ha recorrido el mundo y actualmente vive en Buenos Aires.

Nació en 1957, estudió Bellas Artes y se fue alimentando de las estéticas de vanguardia del siglo XX, tanto como las pictóricas de Italia y Brasil y su mundo negro.

Ahora, sus obras están repartidas por el mundo y cuadros suyos, incluso, han sido subastados en las casas Sotheby’s y Christies, nada menos, las más prestigiosas del mundo. Y empresarios de fuste mundial –como el presidente de la British Petróleo, uno de los hombres más ricos del mundo– ponen sus dólares para tener cuadros suyos.

Ahora, vive alternativamente en Parquemar, en la Costa Atlántica argentina, y en Capital Federal. Acerca de Parquemar, dijo en una entrevista con MDZ: “Como dice Machado ‘del Monte se fue al Mar’, eso hice, Parquemar era para mí un lugar era utópico donde veraneábamos cuando éramos chicos y tengo muy buenos recuerdos de esa etapa de la vida, del olor de la lluvia, los caballos, las bicicletas, el olor a tierra, la irresponsabilidad de la infancia…. Pero como todo lo utópico en las vivencias se vuelve algo llano y prosaico. Tuve que crear un microclima para poder abstraerme porque en realidad es un pueblo sórdido con tres o cuatro personas que terminan siendo tus interlocutores válidos

La última vez que expuso en Mendoza fue en 2007, en la bodega Navarro Correas. Ahora, ha llegado el turno del estupendo museo Killka, en Tunuyán. El artista colgará cerca de cuarenta cuadros, de su última producción, 2008 en adelante, pero mejor que sea él quien lo cuente.

- ¿En qué andás?

- Ahora, colgando cuadros en Mendoza...

- ¿Qué cuadros?

- Son cuadros de gran formato. Una parte de ellos es una serie de investigación, de prueba y error, de búsqueda, con intervenciones digitales, cosas modernas. Esto es una parte importante de mi obra. La otra parte es más ancestral, tal vez más clásica. Apollinaire dijo una vez que al principio nos relacionamos con los muertos, después con los vivos y después con nosotros mismos. Yo creo que estoy en esta última etapa.

- ¿Te gusta hablar de pintura?

- La verdad es que yo no soy un intelectual de la pintura; la conozco porque la pinto y voy sacando mis conclusiones. Y hablo de esto.

- ¿Quiénes son los “Enviados especiales”?

- Los enviados especiales son los que van a la guerra, los que van al frente. Es también un homenaje a los grandes pintores que son enviados especiales que vinieron a iluminarnos. Y, después está lo que intenta uno a partir de lo que hacen ellos, que, a su vez, se nutrieron de otros.

- Uno pinta la parte que otros dejaron sin pintar…

- Sí, y a la vez, también es cierto algo que me han dicho: ya nadie pinta. Yo, por mi lado, me siento bien en todos lados, por eso practico esta especie de esquizofrenia permanente.

- ¿Tenés otros proyectos para Mendoza?

- Estoy preparando una muestra para el Bicentenario, en el Sheraton de Mendoza. Son doce murales relacionados con el mundo del vino. Es una muestra que se me ocurrió junto a Julio Camsen (director del grupo inversor del hotel), quien es amigo mío desde hace muchísimos años.

- A vos te ha ido muy bien con los extranjeros que han llegado a Mendoza…

- Yo he sentido como un rescate a partir de la llegada de extranjeros a algunas bodegas, pero también es muy importante la mirada a futuro, porque esos extranjeros viven en Mendoza. Y crían a sus hijos en Mendoza y después a sus nietos. Es importante que estén acá.

- De paso te sirve para vender.

- Sí, he vendido muy bien en Mendoza.

- Volviendo a tu muestra, ¿surge algún concepto de los trabajos que estás colgando?

- Sí, la idea de ese enviado especial como fuente de belleza, de pasión. Cada obra tiene su verdad y a fin de cuentas el artista es un coleccionista frustrado

 

Video: Eduardo Hoffmann, el artista y su obra