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Se fue una década menos infame
Arrojemos las navidades para el olvido, los diciembres fatales, aquellas noches de vigilia, las bombas y las lanzas, los litros de sangre que cuajaron en el pavimento. Los autos viejos que son ya, chatarra y, también, los nuevos, que son plástico ardiente en cualquier incendio, esos donde las brujas bailan, cual aquelarre vengativo, sin sosiego. Olvidemos.
Si, se fue una década, una más en el calendario de la historia, del país y de nuestras vidas. Pues del mundo también, claro. Pero no se ha ido una década cualquiera, olvidable, indiferente. ¿Cómo titular a la década 2000-2010?
Cada uno tendrá su título que puede proponerlo en el foro de esta nota.
No creo que se trate de focalizar lo que pasó el año pasado, ni en abril del pasado año; mucho menos ayer. Y si hay que descartar más aún, tampoco deberíamos pensar sólo en lo que nos pasó a nosotros, en lo estrictamente personal. ¿Que cuenta? ¡Sí que cuenta! Pero una miradita más sobrevoladora es lo que pido. Una planeadita sobre 10 años entera, de punta a punta. Sin tanto charme en lo íntimo.
Arrojemos las navidades para el olvido, los diciembres fatales, aquellas noches de vigilia, las bombas y las lanzas, los litros de sangre que cuajaron en el pavimento. Los autos viejos que son ya, chatarra y, también, los nuevos, que son plástico ardiente en cualquier incendio, esos donde las brujas bailan, cual aquelarre vengativo, sin sosiego. Olvidemos. Los amores y desamores. Los besos sin prosperidad. Aquellas caminatas a buen paso.
Un rato olvidemos al amigo que ya no está, presente, en la mesa de la noche de los jueves. A la diáspora. Al almacén que cerró para siempre y dejó ese cartel aferrado a la pared de adobe, a un soplido del derrumbe, sosteniendo el mundo con un solo clavo. Sí, olvidemos. Solo por unos minutos olvidemos el olvido. La indiferencia. O, por el contrario, la sobreexposición. El sobreprotagonismo, el stress de gobernar la vida cotidiana. No comparemos nuestras fotos, aquellas, allá por diciembre del 2000, con éstas, con tu representación en el espejo.
No importa, aunque joda no importa. Solo olvidemos unos minutos la comparación. Ni qué hablar de las fotos de familia. ¡Nó! No corten con tijeras las fotos, no se trata de excluir del retrato a nadie, aunque al que quieras recortar haya salido de buceo por la tierra y no haya vuelto jamás. Muchos, vivos, cercanos, casi rozándote, tampoco están tan cerca.
El tema, les decía, es titular una década, y que te salga de las vísceras el título, recorra el laberinto y llegue al corazón para esquivarlo sin perderle la mirada, pero esquivarlo. Y lleguemos a la cabeza. Aunque la tengas partida por el hígado y los ojos estén de huelga.
Decilo. Yo les propongo entonces no olvidar que hemos vivido “una década menos infame”.
No importa, aunque joda no importa. Solo olvidemos unos minutos la comparación. Ni qué hablar de las fotos de familia. ¡Nó! No corten con tijeras las fotos, no se trata de excluir del retrato a nadie, aunque al que quieras recortar haya salido de buceo por la tierra y no haya vuelto jamás. Muchos, vivos, cercanos, casi rozándote, tampoco están tan cerca.
El tema, les decía, es titular una década, y que te salga de las vísceras el título, recorra el laberinto y llegue al corazón para esquivarlo sin perderle la mirada, pero esquivarlo. Y lleguemos a la cabeza. Aunque la tengas partida por el hígado y los ojos estén de huelga.
Decilo. Yo les propongo entonces no olvidar que hemos vivido “una década menos infame”.