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Vacaciones prohibidas

Dos matrimonios mendocinos y sus vacaciones juntos. Brasil, alcohol, golf y mucho erotismo. ¿Fuiste vos? Ay, perdón si me olvidé de algún detalle. Contalo aquí.
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Buzios. 25°, atardecer, 2 caipirinhas, 2 piñas coladas. Reposeras, coco gelado, un puesto de milho y un nativo vendiendo brochettes de langostinos...

Estos matrimonios mendocinos hicieron la de muchos, irse juntos y la de algunos, terminar cruzados.

Matrimonio 1

Ella está muy bien para su edad (56), habla siempre en doble sentido y es la simpaticona del club, se hace amiga de los mozos, los de administración y por supuesto de los caddies. En las fiestas no duda en lucir escotes sugerentes y siempre, pero siempre gana algún premio (campeona del torneo, mejor approach o miss simpatía), es el ídolo de los pendejos de 20 y la archi-enemiga de las mujeres de los socios más antiguos.

El, abogado, de esos que hacen negocios, metido en política, muy seductor, pelo canoso. Nunca se calla, siempre tiene una anécdota. Comió con Menem en Puerto Madero, jugó 9 hoyos con De Vicenzo, le festejaron su despedida de soltero con champagne francés en el más conocido puticlub de Recoleta.

A veces, el matrimonio no se lleva tan bien, a él se le sube la guita a la cabeza, y ella insiste en hacerse la pendeja.(Una combinación fatal).

Este es el segundo viaje con amigos en familia, planeado después de que se divirtieron tanto en Viña del Mar, cuando todavía los chicos eran chicos y no tontarracos post adolescentes como ahora.

Combinaron con la pareja de amigos con la que tenían más afinidad. Bien opuestos a ellos.

Matrimonio 2

Ella es la amiga de todas las mujeres del club. Aros perla y el mismo peinado hace años. La que pone paños fríos a los chimentos. La que vota en contra de los nuevos socios. Aunque no lo necesita trabaja porque para eso estudió. Siempre está de twinset.

El es un tipo que no quiere quilombos. Vive tranquilo, tiene su guita en el exterior y todo asegurado por la compañía Suiza para la que trabaja. No sale del pantalón pinzado, la Lacoste y el sweater escote en V sobre los hombros. Y la verdad, le cuesta ganar torneos y mucho más tener alguna anécdota divertida.

Pienso que estas vacaciones no fueron tan distintas a las de cualquiera, sólo que además de mar, tragos y deporte estos jugadores intercambiaron camisetas, se bajaron los lienzos y a mí se me cayeron las medias.

Y es que todo hizo click tiempo atrás, en un lugar tan verde como Brasil pero con riego por aspersión: las canchas de un club de golf de Mendoza.

Jugando un partido, ella (la simpaticona) comentó en broma al amigo del marido, luego de un tiro fallido: “Indio cagón no coge mujer bonita”… parafraseando la memorable wawatukina de Danza con Lobos. El la miró fijo con una extraña sensación, mezcla de desafío y bronca, mientras observaba como la pelotita finalmente no entraba al hoyo.

Y así, con esa boquita empezó toda esta historia.

Ella era, hasta ese comentario, invisible a los ojos del señor correcto, aunque él, por supuesto, ya estaba al tanto de las proezas sexuales de ella y también de sus desatinos. (Charla de hombres, qué va a ser…)

Durante los partidos, siempre la misma cantinela.

 -“Esa” no entra seguro…-decía ella, picantona.

- “Yo que vos”, no estaría tan segura…- respondía él, sin mirarla.

Ella implorante de placer usaba su mejor swing para desafiarlo. Mientras que los otros dos, debatiendo siempre a quienes había que admitir en el club, se iban quedando atrás…
Después de meses de tremendos comentarios, de desconcentración total en el juego, y cuando estuvieron cerca de un hoyo apartado, el señor correcto tomó coraje y barrió con todos sus juicios sobre la lealtad a su amigo, su infinidad de horas cátedras sobre la moral y su intachable reputación en el Club. Levantó la vista,  la miró fijo a ella, le guiñó un ojo y con la confianza al palo, midió el golpe y de un sólo saque, “la metió”.

Y así, estos loquitos no tuvieron mejor idea que planificar vacaciones juntos.

Y si jugando al golf se tiraron palos, imagínense con lo que se tiraron cuando llegaron al hotel “All niclusive” con vista a la playa Joao Fernandes en Buzios.

Ella se iba al mar, él se incorporaba para estar más cómodo. A ella le gustaba un trago y él se convertía en Tom Cruise en la película Cocktail. Un papelón tras otro, el señor correcto había perdido toda compostura. La frotaba con aceite de coco, le chequeaba la temperatura del mar, le sacaba fotos sola y hasta estuvo a punto de comprarle una hamaca tejida.

La señora del twinset estaba enfrascada en “La viuda de los Jueves” y el abogado, en sí mismo.

La cosa se puso más espesa que una piña colada. Decidieron ir juntos para despedir la última noche al hidromasaje del hotel. Ella, la simpaticona, propuso hacerlo en topless. La otra, la bonachona, se rió. El abogado le dijo a su mujer: “Igual las tuyas ya flotan solas”. Y se mató de risa. (solo, como siempre.)

La cosa es que terminaron en topless y en bolas, los cuatro, con el mar tras el vidrio y con mucho champagne encima.

El señor correcto largó todos los prejuicios y se le tiró encima a la simpaticona, la señora del twinset se rió ¡otra vez! pero atinó a manotear por debajo del agua al abogado. Entonces fue ahí donde, por primera vez con toda la razón, se mató de risa…

Regresaron peleados, obvio. Jamás volverían a viajar juntos. Se sentaron en asientos diferentes. (Aunque la señora del twinset perdonó al señor correcto en el vuelo de regreso.) La simpaticona se hizo amiga de un equipo de rugby que regresaba de Brasil. El abogado perdió el avión. (Se quedó en el hidromasaje contándole a los camareros sus increíbles y fabulosas anécdotas.)

Es inevitable, el erotismo está entre nosotros dando vueltas. Se pasea y merodea esperando el momento de interponerse y que lo dejen intervenir. Es un espacio el que hay entre él y la rutina, un lugar tan chico, que a veces con correrse un poco, él se mete encantado, hace de las suyas, se va y deja un quilombo bárbaro.

¿Será que con el tiempo le vamos perdiendo el miedo y nos corremos a propósito para volver a sentir su adrenalina?

El animal erótico que llevamos dentro se despierta con poco: una mirada que descubrimos no fue direccionada a nuestros ojos, un “te llevo y me contás de vos”, un chiste en doble sentido y el mismo chiste otra vez, o el típico “vos sí que tenés suerte…”

Ahora, me pregunto: ¿Lo matamos rápidamente para que nos deje en paz y con culpa suficiente para nunca más corrernos de lugar? ¿O lo dejamos que viva entre nosotros, nos aprovechamos de él y vemos como nos transforma?

Sólo tendríamos que permitirnos lo prohibido. Terminar con la lucha agotadora creada en ese instante impreciso en que no sabemos cómo, se instalaron en nosotros pensamientos enfrentados entre la lógica y la fantasía, esos donde el erotismo es referí y la represión,  juez.

No queda otra. Cuando el animal se les despierte cumplan con lo que pida, sino lo tendrán atormentándolos durante toda la vida y de animalito doméstico se convertirá en una bestia salvaje muy enojada que llevarán dentro por siempre. ¡Una condena!

N. de la R.: Los matrimonios viven actualmente en el barrio del club. Las vacaciones están prohibidas pero si comparten, de vez en cuando, un partidito juntos. (¡Animal aniquilado!)