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Informe MDZ: la guerra por la tierra, el conflicto que desnudó las contradicciones

Un equipo de MDZ estuvo en uno de los predios ocupados en la Ciudad de Buenos Aires y habló con los okupas como con los vecinos. La tensa espera del violento desalojo o la solución habitacional prometida por el Gobierno. Una visita al Parque Indoamericano, días después de la batalla campal por un espacio donde vivir. Video y Fotogalería.

La posesión de un pedazo de lugar en el mundo es uno de los conflictos más antiguos del hombre. Y esto es lo que se ha desatado en diversas partes del país: la ocupación ilegal de terrenos, dejando en el off side “las bondades” del modelo kirchnerista y la presunción oficialista de que ciertos índices de pobreza ya estaban superados.

La toma del Parque Indoamericano, en la localidad de Villa Soldati, constituyó el primer eslabón en la cadena de dominó que pronto se extendió sobre San Juan y Neuquén. El enorme predio refleja las contradicciones de una urbe –la Ciudad de Buenos Aires- que, mientras no deja de crecer, ya no puede contener a sus habitantes.

Ya no queda nada en el parque, tras el acuerdo logrado entre los ocupantes y el Gobierno nacional. Huellas que poco dicen de la batalla campal que allí se desató hace una semana atrás, con tres muertos. La maquinaria municipal ya ha barrido con las casuchas, aunque algunas todavía se levantan, visitadas por el viento y la Gendarmería dice haber encontrado perdigones que quedaron de la refriega entre vecinos.

De un costado, cruzando la autopista, se ubica la Villa Soldati. Se puede apreciar el modelo de construcción que irrumpiera con la Villa 31 de Retiro –donde ya se han ocupado un predio junto a la terminal de ómnibus-: casas construidas sin un orden urbanístico y donde el espacio se aprovecha hacia arriba, con edificios precarios levantados por sus propios ocupantes en tres niveles. A ellos se suman los nuevos conglomerados de departamentos subsidiados con planes del Gobierno.

Atravesando el parque, la clase media miró expectante la ocupación hasta que fue avanzando más de lo que desearon. Entonces, los vecinos bajaron de sus torres –hay una serie de 20 torres, aproximadamente- y se enfrentaron a los okupas. El panorama es muy similar al Barrio Unimev de Guaymallén, una ciudadela aparte, con su propio equilibrio de vida. Todo eso rodea al parque.

“Es raro ver a un argentino los fines de semana, acá”, comentó un vecino, señalando el parque y una de las entradas vulneradas, ahora cruzada con cintas. “La mayoría son bolivianos y peruanos, que alquilan en la villa”, acotó.

Según el vecino, que vive en una de las torres colindantes al predio, el parque estaba enrejado, pero la gente de la villa se ha ido llevando las rejas para construir sus propias casas, cruzando la avenida.

A 20 cuadras, aproximadamente, está el Gasómetro, el estadio de fútbol de San Lorenzo. A 20 minutos, más o menos, se encuentra la Casa Rosada. A unas 15 cuadras, se vive una tensa espera en otro terreno ocupado en Villa Lugano.

"Esto es por el espacio"

El predio del club Albariño es privado, a diferencia del Parque Indoamericano. De nada valen los carteles que lo indican ni es amenazante la leyenda “Prohibido pasar”.

Allí se instalaron desde hace unos días más de 100 familias. El predio es más acotado y está pegado a la villa miseria de Lugano. Los okupas han instalado un piquete con material de construcción y hasta un viejo lavarropas para resistir la fuerte presencia policial.

“Esto no es política, queremos un espacio”, asegura, cubierto por una remera. Sobre la reja, se encuentra Ezequiel. Dice que gana 1200 pesos por mes en una fábrica de Mataderos y que por una sola pieza para acomodar a su familia le cobran hasta 600 pesos, con el baño compartido con otras familias. El reclamo es el mismo: un plan de viviendas subsidiado por el Gobierno.

“Anoche nos vinieron a ver cuatro tipos con trajecito. Decían que eran el Gobierno nacional y nos ofrecían 4 mil pesos para levantar todo esto”, aseguró. Desistieron. “Esto es por la tierra. Yo voté a Macri porque dijo que iba a erradicar las villas, pero eso nunca pasó”, sostuvo otro okupa.

La conversación se interrumpe un segundo. Tres pibes con mochilas piden pasar por el predio tomado. No quieren dar la vuelta a la cuadra, porque le temen a la policía, fuertemente pertrechada en el ingreso a la villa. Es uno de los conglomerado más grandes de la zona sur de la capital. Aseguran que ocupa unas cincuenta cuadras de caótico orden.

“Vamos a resistir”, dice Ezequiel, y se retira a la sombra de una casucha levantada con cuatro palos y una tela. Es el mediodía, la hora más cruda para aguantar. En tanto, la orden judicial ya está vigente, pero los negociadores buscaban una salida pacífica y política, sin la necesidad de que interviniera la Federal ni Infantería. El predio está sitiado. Los okupas no pueden salir.

Junto al predio, se asoma un jubilado. Vive desde hace 40 años en este mismo sitio, cuando a sus costados no se habían levantados las villas. Y comienza a nombrar a los vecinos famosos de Lugano, entre las cuales figura la actriz y modelo Araceli González. “Esto se ha desvalorizado mucho”, reflexionó, entre cuestionamientos al Gobierno nacional –como puede verse en el video-.

Y mientras las cámaras de los principales canales porteños se mantienen expectantes, y los noteros arremeten contra los mismos transeúntes para indagar cómo es la vida en el barrio, queda claro que la punta más fina del conflicto se cocina en una lucha de clases. Entre aquellos que ya tienen ganada su porción de tierra y aquellos que empujan por obtenerla.

En el medio, la política, el aparato movilizado, las interrogantes y acusaciones del oficialismo contra los “padrinos” de las tomas, la reacción de Cristina con el recambio de ministros, los derrotados políticos tanto en la oposición como el mismo Ejecutivo.

Queda claro también que el conflicto ya es nacional y que deja al desnudo los baches del modelo kirchnerista. La pobreza no ha sido superada.