Mendoza, la tierra del granizo y el fuego
De taquitos y gambetas en la siesta brava. Donde la vista se pierde con el codazo del defensor y, la piñadera, y el bochinche, y las tropelías de los muchachos panzones sin religión que los proteja, suspende la partida.
Mendoza, la tierra del granizo y el fuego. Mendoza/Mendoza/Mendoza….La de los veranos con cactus florecidos, hojas de parra, agujereadas por las piedras. Luego de los llantos. Luego de las lluvias. La fresca. La brisa que corre las cortinas. Allí, Donde pueden verse los cuerpos desnudos. Ex-transpirados. Re-patriados. Hormigas rojas, hormigas negras. Cooperativas de vino. Cazadores de plagas.
Mal de amores, mal barajados, mal paraíso. Hoteles dos estrellas, tres estrellas, cuatro estrellas, cinco estrellas. Hoteles sin estrellas. Hoteles para ciegos y para mudos, hoteles para marinos, hoteles para-militares. Vendimia, arboleda. Secano. Garganta con arena del desierto. Gemidos en milcayac. Gemidos en canoa.
Caciques. Territorios, tomados por la fuerza y el control, de cámaras que saben si te excitan los perros de la calle. Un baldazo de agua bien helada para los súper canales, súper mercados, súper manes. Después de la lluvia, siempre. Después de la lluvia, todo es vapor. Es lo que sucede, siempre, después de la lluvia, del granizo, de la matanza de frutales y de techos pobres.
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Después, el fuego, el rayo que fulmina a unos tipos en el campo. Los policiales, cientos de policiales. Después del fuego, los bomberos, voluntarios. Es que será siempre así después del fuego. Tarde, anunciado, solitario. De taquitos y gambetas en la siesta brava. Donde la vista se pierde con el codazo del defensor y, la piñadera, y el bochinche, y las tropelías de los muchachos panzones sin religión que los proteja, suspende la partida. No hay tercer tiempo, después, del fuego. Solo corridas, algunos pómulos inflamados y un par de dientes que se pierden en la tierra, en el área chica, en la vida chica.
Y aparecen unos platos, volando rasantes por la ciudad quemada, lanzando chorros, lanzando espuma. Unos violines que explotan, unas pibitas que gritan. La eternidad es cosa seria. Como dragones nos decimos secretos, y en la falda de la montaña, cien tipos se desnudan, cien tipos se amontañan.
Mientras, en las copas de los arboles, hay gente brindando, hasta que la noche los separe, hasta que se mueva la placa madre. Y se caigan como cocos, como cacos, como macacos dormilones.
Mientras, en las copas de los arboles, hay gente brindando, hasta que la noche los separe, hasta que se mueva la placa madre. Y se caigan como cocos, como cacos, como macacos dormilones.


