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Infidelidad femenina: ¿por qué siempre nos descubren primero?

Cinco casos de infidelidad mendocina y los consiguientes cinco ejercicios para superar la situación una vez que te descubren. No te podés perder esta columna. ¿Será tu caso?

Una de las pocas cosas en la que todavía estamos lejos del macho (gracias a Dios o lamentablemente) es, sin dudas, el manejo de las infidelidades. Los tiros al aire o la distribución en Plantilla Excel de nuestros chongos, amantes, amigovios, etc.

Analizando algunos casos muy resonantes de nuestra provincia, estoy en condiciones de decir que las mujeres deberíamos aprender un poco (y en esto no hay cursos express), porque un flan te lo hago en 10 minutos en el microondas, pero para mandar un mensajito non sancto necesito espacio y tiempo en la cocina como para hacer un pato laqueado.

Queridas chicas, muy a mi pesar, debo admitir que hemos hecho mucho ruido y han sonado muy pocos caramelos en el frasco. Mucho “somos iguales”,  mucho “somos mejores” pero sobre algunos temas todavía nos falta mucho por aprender de los señores.

Aprendimos sí a mantener familias, a decir “no, esto me aburre” o a ponerle cara de toor a sus insoportables amigos. Aprendimos también a decir “si querés más chicos tenelos con otra”, a gastar en nosotras sin culpa, a cuidarnos, a seguir casadas por elección propia y a divorciarnos por elección ajena (o sea… de nuestro grupo de amigas).

Pero en el arte del engaño, terreno por excelencia de los hombres, no hay caso, no aprendemos.

Y quizás la gran lección sea que ellos se lo toman como un VERDADERO ARTE; mientras que nosotras, negadoras e auto inquisidoras, lo hemos subordinado a la categoría "Me pasó sin darme cuenta…"

Es verdad que quien se encuentra en plan de conquista se lookea un poco (demás). Hasta ahí vamos parejos. ¿Pero no es muy obvio ir en top a la oficina? ¿No es sospechoso salir a correr y antes ducharse y llenarse de DCNY? ¡¿Hace falta tanto escote para ir al tapicero?!

Ni hablar del corte de pelo (de arriba y de abajo) la lencería finísima y bueno, ok, un poquito de esa actitud gatuna que nos sale de adentro cuando estamos envueltas en la telaraña de la seducción.

¿Vamos a casos concretos?

Caso N°1

Asadito en Chacras con  varias parejas entre 7 y 10 años de casados, con hijos y vidas tipo ABC1. Cuando salió a recibirlos la dueña de casa, el que llegaba se quedó shockeado por las calzas, los tacos y la bijú. A modo de chiste le preguntó si también se había comprado lencería nueva y ella respondió tontamente… ¿Cómo te diste cuenta?… ¡Ay mi amooor te pusiste tanto en evidencia que a la semana tu marido ya sabía por todos los medios que lo estabas engañando!

Ejercicio

No es que esté mal escuchar al Paz Martínez y aprenderse las letras. Pero por favor atención especial en no cantar a toda voz Amor Pirata cuando traen a los chicos del cole. Otras pasan de obesas a anoréxicas, de monjas a descocadas, de conservadoras a liberales. Cambian de amigas. Cambian de gustos. Ven otro cine. O, peor, de golpe van al cine.  Empiezan a leer, ponen frases célebres en sus facebooks y hasta se mandan al frente en el muro con algun comentario encapsulado. Escuchan música a todo lo que da. ¡Y mandan mensajitos con emoticones en pleno almuerzo familiar!

Revolución hormonal y neuronal imparable, incontinente. ¡Sucesión de errores y tropiezos incomprensibles! Lean mas arriba, esto es un ARTE. El complejo arte de la sutileza, de la comunicación virtual y del manejo de los silencios.

Caso N° 2

Aquella que, envuelta en la euforia del enamoramiento le cuenta con lujo de detalles toda su historia oculta a su mejor amiga, ¡después de haber hablado con el marido y haberse olvidado de cortar el celular!

Ejercicio

Olvídense de los celulares. El escándalo de Wikileaks demuestra que todo es demasiado sofisticado para que alguien sospeche de tu plan básico de Telefónica. (Sí, de todas maneras, cada vez que suene, sentirás la voz de él ,desde el sillón y  en medias, diciendo: "¡¡¡Atendé que es para vos!!!")

Caso N°3

No se olvidará en Mendoza aquel famoso caso,  de la mujer de tan prestigioso arquitecto que dejaba el auto en el súper y se iba con el amante. Y… no estaba tan mal la estrategia. ¡¿Pero hacía falta que fueras todas las tardes al supermercado diciendo que te olvidaste el Nesquik?! ¿Cuántas veces se puede dejar el auto en el Carrefour antes que el de seguridad se dé cuenta?

Ejercicio

Establecer una serie de respuestas concretas y rápidas a las preguntas intimidantes del marido como por ejemplo… ¿Te llamé tres veces, dónde estabas? ¿Otra vez no hay Nesquik? ¿Hasta dónde fuiste con el auto si las llaves las tengo yo?

Caso N°4

(Todavía sin sentencia) La señora de Palmares que inventa enfermedades de los hijos todos los jueves para que venga el mismo pediatra de guardia.("Doctor, venga  con el delanta…", conseguimos leer en un mensajito de texto) ¡Cómo se te ocurre confiar en un médico de guardia!

Ejercicio

Jamás te involucres con empleados de grandes corporaciones. Son traicioneros por naturaleza. Es lo primero que les enseñan en el curso de “Adaptación a la Empresa”.

Caso N°5

El del político tan importante que dejó el vendaval de familiares y amigos al seducir a la mujer de su sobrino a causa de “algunas distracciones” de ella. ¡Eso sí que opacó ante el médico  llorando sobre el capot de su auto!

Ejercicio

Para este caso el ejercicio sería una buena charla con ella ya que el rápido crecimiento de su cuenta bancaria es para sacarse el sombrero.

Aunque suene a paradoja pienso que las mujeres infieles son atrapadas en su irremediable fidelidad. Si, mucha atención a esta reflexión: “La mujer es fiel a su infidelidad”. Sólo vive para su amante. Se arregla para él, comienza a compartir sus ideas, a disfrutar sus gustos. Esto es lo llamativo, y aquí quedan al descubierto.

Los hombres, en cambio, seguirán siendo los mismos aunque se los encuentre desnudos y en pleno acto.

“¡No era yo. Es una foto retocada!”. “Fijate si no tengo nada en el celu, nada de nada”. “Llamá a mis amigos preguntales si estaba o no en el asado”. “¡Estás loca! Vos te creés todo lo que te dicen las otras locardas de tus amigas”. “¿Otra vez con eso? Yo cuando trabajo, trabajo”.
Llegarán a casa con la misma cara de pócker de siempre. Te tratarán de loca enferma ante el mínimo pedido de explicación.

Lograron de generación en generación eso que nosotras imploramos nos caiga como un don divino: La naturalidad. Y desde ahí se mueven con absoluta libertad. Unos más, otros menos, pero hasta el más puritano podrá encontrar una explicación que lo salve.

La prueba está en que todavía resuenan frases de ellos, excusando sus pecados, tales como “Ella no me daba lo que yo necesitaba”… Mientras sus madres ¡y amigas! asienten comprensivamente con la cabeza.

Seamos sinceras con nosotras mismas. Que ellos sigan creyendo nomás que somos esas gatas agazapadas silenciosas. En realidad, en materia de infidelidad lo único que hacemos es lo que no hay que hacer: muchísimo ruido.