Matrimonios y algo menos…
Chicos, colegio, fútbol, guitarra, jazz. El trabajo de ellos, el nuestro, la casa en construcción, la familia en construcción. Uff… demasiada obra para tan poco personal.
En fin, los padres lo sabemos y antes de serlo, lo sabíamos. Nos las arreglamos, ponemos el despertador 6.30 y damos la largada.
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Arranca la carrera de roles donde hoy el padre es madre, la madre es madre, padre y chofer, la abuela nunca puede, el abuelo no se acuerda, los tíos solteros siempre están durmiendo y las niñeras existen sólo en la televisión.
Oscar Wilde quien lo sabía casi todo y tenía la capacidad de, aún así, hacerlo todo al revés dijo sabiamente refiriéndose al matrimonio:
“Los solteros deberían pagar más impuestos; no es justo que algunos sean más felices que otros.”
Pero a la frase de Wilde le hicimos el desafío con otra de base psicoanalítica como “La experiencia es intransferible” y muchos nos lanzamos a probar si esto de los solteros era verdad. Sí, era verdad.
Pero ya en el juego, con el auto convertido en el basurín del kiosko y ante la penosa mirada de nuestros padres cuando nos volvemos a buscar al nene que nos olvidamos otra vez; nos preguntamos: ¿adónde fue a parar el romanticismo?
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Y hoy cuando el único acto verdaderamente romántico es no tirar demasiado de la sábana, me pregunto adonde quedaron las flores, los poemas, los chocolates…
Con tenaz optimismo sostengo que el romanticismo no murió, sólo que fue reemplazado por nuevos códigos románticos más adecuados al período llamado “parejas con niños en crecimiento”. Y no por nuevos estos códigos son menos efectivos que los de antaño, solamente era cuestión de decodificarlos.
Como era de esperar los principales beneficiarios se pusieron en alerta y lo hicieron, utilizando sus niveles máximos de testosterona, entendiendo que para lograr más sexo iban a tener que ser románticos pero aggiornados a la época.
Y tras el fracaso por algunos chocolates devueltos con un ¿“No ves que estoy a dieta?” o flores que ellos mismos tuvieron que arreglar en el jarrón, los tipos le agarraron la mano.
Van al super (y hasta están empezando a entender que además de mayonesa y postrecitos hay que comprar comida y jabón para lavar…) ¡Eso es romántico!
Bañan de vez en cuando a los chicos… ¡¡¡Esos son bombones!!!
¡Se animan a tocar el papel higiénico nuevo y reponerlo! ¡¿No es muy tierno?!
Algunos hasta están reprimiendo esas ganas locas de frenar el eterno pedal imaginario mientras nosotras manejamos. ¡Esos son machos!
¿Y los que se la bancan calladitos sin preguntar -¿Y… de qué hablaron? - cuando volvemos de salir con amigas? ¡¡¡Eso, eso es una carta de amor con todas las letras!!!
¿Y los que empezaron a guardarse la frase: “Sos igual a tu mamá”? ¡Eso es creatividad pura! ¡Para comérselos a besos!
Y ahora están cocinando. ¡Vamos, vamos chicos..! ¡¡¡Sexo seguro!!!
¿Quieren más? Laven los platos y, de paso, dejen la plancha de los bifes en remojo.
¡¡¡Orgasmo seguro!!!
Y a ver… el último esfuercito. No lean taaan minuciosamente los resúmenes de la tarjeta.
¡¡¡ Multiorgasmo!!! ¡¡¡Si, si, siiiiii!!!
Y podríamos seguir con que se lleven a los chicos un fin de semana. Que te digan ¡que bueno te quedó el color en el pelo! ¡Me caen bárbaro tus amigas! o ¡¡¡No, no vayamos a lo de mi mamá otra vez!!!
El romanticismo de hoy, es eso, pequeños gestos para dejarnos espacio para poder pensar en eso, el romanticismo.
Es que, tanto ellos como nosotras, necesitamos esa ecuación mágica, espacio y tiempo. ¿Quién quiere flores sin tiempo para mirarlas y olerlas? ¿Quién puede disfrutar de una cena romántica si después hay que lavar los platos…?
En el sexo pasa lo mismo, no hay despegue sin carreteo, y no hay llegada sin viaje, o sea… el romanticismo de hoy pasa más por darse cuenta de lo que disfruta el otro. Quizás eso sea sencillamente dejar a nuestro cuchi cuchi se vaya a pescar una semana entera sin pasarle facturas a su regreso. O quizás ellos deberían saber que a nosotras también nos gusta estar solas un buen rato, para ponernos lindas y desconectarnos de las “normal con alas”, el Discovery Kids y el Oxipower.
Pareciera que cada cosita que a nosotras nos gusta se transforma, en el acto, en un bien de cambio y seguramente ellos piensan lo mismo. Así entonces no hay lugar para otra cosa que la negociación pura y descarnada… en la que transcurre cotidianamente la vida del que fue nuestro príncipe azul, (ahora un poco más gordo y aunque parecía imposible, mucho más fanático del fútbol) y la princesa…Si, porque yo fui una princesa…Aunque, ok, reconozco que quizás el zapatito de cristal no era el mío y que esos bichos inmundos que me ayudaron en el bosque estaban pagados.