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Agua: "¿Es un castigo por lo que no hemos hecho” o "Potrerillos no soluciona nada?"

La sequía que padece gran parte de la provincia, según Alberto Vich, especialista en hidrología, es "por todo lo que no hemos hecho y por la variabilidad del sistema natural". Criticó la falta de obras, el deficiente sistema de distribución de agua –potable y de riego- y la ausencia de conciencia de los usuarios.

Lejos de ser un castigo divino, la actual emergencia hídrica local se manifiesta como la consecuencia del crecimiento demográfico, de mayor demanda de agua para riego, de la conjunción de variables que versan sobre ineficiencia en los sistemas de distribución y almacenamiento del recurso vital y de la normal condición de variabilidad de la naturaleza.

De esa manera consideró el problema Alberto Vich, ingeniero en recursos hídricos e integrante del equipo de trabajo que dirige Ricardo Villalba, en el Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (Ianiglia).

“Nosotros nos estamos castigando por lo mismo que no hemos hecho durante años. Tampoco estamos en un nivel extremo de que en Mendoza comenzará a escasear gravemente el agua. Pero me preocupo cuando la veo a mi vecina usando la manguera de la misma forma que siempre”, señaló. Y agregó: “Yo quiero rescatar que lo cambiante, lo mutante, lo variable de la naturaleza, tiene condición normal. Esto no es la primera vez que sucede”, manifestó.

Según Vich, la naturaleza ya en el pasado había producido emergencias hídricas en Mendoza, por esa misma condición de variabilidad que enunció al explicar que no todos los años nieva de la misma manera sobre la Cordillera de los Andes.

“En 1998 se presentó una condición similar a la que sufrimos ahora. En ese momento los registros observaron indicadores de cero nieve. En 1996 hubo un registro de EAM –un indicador que es el equivalente a agua nieve y que usan los especialistas para medir la acumulación nívea- de 36 y en 1995 de 39. Ahora el mismo indicador se encuentra entre 40 y 50 milímetros de EAM. Por eso hay antecedentes de que ha habido en el pasado menos agua incluso que la que observamos hoy”, explicó.

Por lo que analizó que “el caudal de agua del río está un 40 o un 50 por ciento por debajo de lo esperado. Este año hubo poca nieve. Atribuir la falta de agua a otra razón sería arriesgado. Porque mayormente los ríos mendocinos dependen de la nieve. No tanto de los glaciares que en el mejor de los casos lo hacen en un 15 por ciento. Otro elemento que aporta agua a los ríos es el agua congelada en el cerro, que lo que se cita cuando se mencionan las áreas periglaciares”.

A la explicación de la variabilidad de la naturaleza, Vich, le agregó “lo que no hemos hecho durante años para tener buena provisión de agua, tanto para la agricultura como para el consumo humano”.

“Después de muchos años se construyó Potrerillos, un embalse chico, que en realidad no soluciona nada, porque no tiene capacidad para regular de un año a otro, por ejemplo, un exceso de agua. Si tuviéramos exceso habría que dejar correr el agua, porque sólo puede almacenar en parte. Potrerillos es un embalse que regula en parte a nivel anual. Para la construcción de Potrerillos Mendoza entregó una empresa que en su momento era superavitaria como Obras Sanitarias”, analizó.

También apuntó con lo que sucede con el agua de riego en la agricultura mendocina: “El sistema de riego actual es casi el mismo que usaban nuestros antepasados. Porque sigue habiendo un 35 por ciento de ineficiencia en la distribución, el resto del agua se pierde antes de que llegue a las plantas. En otras palabras, si tomo 100 litros del río para regar, a mi finca llegan 35. En el Oasis Norte tenemos casi unos cinco mil kilómetros de canales de riego de los cuales apenas un 10 por ciento, o menos, están sin revestimiento”, marcó.

En ese sentido, calificó también de ineficiente las campañas de concientización: “¿Hemos educado bien al peón rural o al productor para que busque un camino alternativo, más eficiente? No. En Mendoza se sigue regando como se regaba antes. ¿Hemos cambiado la mentalidad del mendocino que está acostumbrado a vivir con recursos que cree que le sobran? No. En realidad no vivimos con plena conciencia de que estamos en un desierto transformado por el hombre, por nuestros antepasados. Esto se ve agravado por el hecho de es deficiente el actual sistema de distribución de agua potable. No todos reciben en sus casas 500 litros de agua. La media recibe 350 litros por día”, dijo.

En tanto criticó “lo que no ha hecho esta sociedad para enfrentar una emergencia hídrica”. También la “carencia de una red institucional a nivel institucional o gubernamental para combatirla, considerando que la variabilidad es la condición natural de los sistemas naturales. Lo común es que los sistemas naturales sean variables, que tengan excesos y déficit”.