Vargas Llosa, el provocador que despertó a Mendoza de la siesta
Mario Vargas Llosa vino a Mendoza en 1995 y se erigió como un verdadero intérprete del momento de la Argentina y de gran parte del continente: la “solución” neoliberal a los problemas de la gente.
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Llegó a Mendoza invitado por la Fundación Alberdi, miembro de la Red Libertad, liderada aquí por el actual director del Instituto de Juegos y Casinos, Daniel Pereyra.
Vargas Llosa sostuvo entonces que “el actual desnivel entre la educación privada es una injusticia y establece una diferencia absolutamente inaceptable desde el punto de vista moral y del principio de la libertad".
Fundamentó sus palabras aseverando que en la mayoría de los países la educación pública está muy por debajo de la calidad de la educación privada y pegó el golpe, del que dieron cuenta los medios de todo el país: “Hay que privatizar enteramente la educación dejando que funcione dentro del mecanismo de la eficiencia y del mercado".
"La obligatoriedad de la enseñanza que yo defiendo –dijo- puede mantenerse de una manera infinitamente más eficaz con un sistema totalmente privatizado".
Sin embargo lo que estaba planteando no era otra cosa que cargarle al Estado la responsabilida de financiar a las empresas educativas, lo que no fue muy liberal de su parte. Sostuvo, como método para emprender su propuesta, que “el Estado debería entregar cupones a las familias para que elijan libremente los colegios donde enviar a sus hijos".
Hoy, ni siquiera quienes comparten sus ideas políticas se animarían a confirmar su propuesta como válida, en aquellos mismos términos.
Lo cierto es que Vargas Llosa provocó y consiguió respuesta y repercusiones.
La gente no supo si aplaudir o no, pero finalmente las repercusiones vinieron después. Lentos de reflejos, en el público cundieron diversas actitudes:
- aplaudir porque estaban de acuerdo;
- aplaudir porque todos los hacía;
- aplaudir porque “queda bien”;
- no aplaudir y mirar al de al lado para tratar de dar crédito a lo que el gran escritor estaba diciendo; o
- pararse, irse y esperar en el hall o sobre calle Chile para comentar el asunto con algún otro el, digamos, “incidente Vargas Llosa”.
Un grupo de intelectuales recurrió, en la semana siguiente, al diario Uno, para pedirle que publicara las opiniones en disonancia, que eran muchas. La idea de los impulsores del debate era que una vez reunidas esas respuestas a Vargas Llosa éste se dignara responderlas. El propio diario polemizó con el autor, fuertemente.
Lo primero pasó: varios mendocinos pudieron enfocarse en las fuertes palabras del autor que hoy fue notificado del Premio Nobel de Literatura y sus textos, publicados. Pero Vargas Llosa se negó. (O por lo menos, eso nos dijeron).



