Informe MDZ: Alfredo Yabrán, la muerte que generó escepticismo y desconfianza social
Una de las muertes más conmocionantes a nivel social ha sido la del empresario postal Alfredo Yabrán. La andanada de perdigones sobre su rostro aumento misterio al suicidio. Fue la consecuencia de otra muerte conmocionante. Tal ha sido su impacto que muchos aún hoy creen que se encuentra vivito y coleando en alguna isla paradisíaca. Una historia asombrosa, pero real.
En la historia de las muertes que generaron conmoción en la Argentina, una de las que se lleva los primeros puestos en las últimas décadas, es la de Alfredo Yabrán, un hombre al que, sólo cinco años antes de aparecer “suicidado”, no se le conocía el rostro. Siquiera se conocía su nombre.
Empresario postal y proveniente de una familia humilde, Yabrán creció al amparo de los negocios de diversa índole de la mano de la dictadura militar y de la “laxitud” de los gobiernos de Raúl Alfonsín y Carlos Menem, respectivamente. Ellos, le facilitaron los mecanismos para armar una suerte de Estado paralelo, a través del cual terminó operando, con las mismas herramientas que utiliza la mafia.
A mediados de los 90, la DEA —organismo norteamericano dedicado a investigar a narcotraficantes— lo agregó a su inmensa base de datos ubicada en El Paso, Texas, sospechando que la mayor parte de sus ingresos provenían de la venta de narcóticos. Fue el comienzo de su propio fin.
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Sin embargo, no fue la mirada de los investigadores foráneos lo que lo precipitó al abismo, sino las sospechas de su participación en el asesinato del reportero Gráfico José Luis Cabezas, quien apareció repentinamente incinerado dentro de un automóvil a principios de 1997.
Poco más de un año después de ese hecho, el 20 de mayo de 1998, el propio Yabrán iba a aparecer muerto a raíz de un escopetazo en la cara. Los diarios titularon al unísono: “Se suicidó Alfredo Yabrán”.
La noticia, que cubrió los titulares de diarios y revistas de todo el mundo, provocó una inevitable conmoción en la opinión pública, que veía al oscuro empresario como un personaje muy poderoso, relacionado a lo más importante del arco político vernáculo.
Por eso, entre la enorme cantidad de interrogantes que quedaron flotando en el aire, el más fuerte de ellos está relacionado con su propia desaparición. Y es que, así como una parte importante de la sociedad refrenda la muerte de Yabrán —lo cual es lógico—, otra gran cantidad de personas jura que el empresario postal está vivito y coleando en algún lugar paradisíaco de este mundo.
¿Es posible que pudiera estar vivo? Si bien no existe una sola prueba que sustente esa posibilidad, hay una serie de indicios que permiten jugar con esa posibilidad. Son datos, sólo datos, pero no dejan de ser sugestivos.
Por caso, pocos saben que días antes de su muerte, Yabrán le regaló a su fiel amigo Carlos Galaor “Coco” Mouriño una novela llamada El socio, del escritor John Grisham, basada en la historia de un hombre que finge su propia muerte para escapar de la justicia.
Las similitudes entre el mafioso de la novela —Patrick Lannigan— y Yabrán son realmente asombrosas y cabe preguntarse cuáles fueron los reales motivos que llevaron al empresario postal a obsequiar dicho libro a un hombre tan rústico como es Coco Mouriño.
Reforzando esta hipótesis, en agosto de 1998, un conocido periodista, Leo Gleizer, denunció públicamente que tenía la certeza de que Yabrán estaba escondido en un puerto de Siria llamado Latakia. Según él, una “fuente inobjetable” se lo había asegurado.
Asimismo, en el mismo momento en el que se hacía pública la muerte de Yabrán, se comenzó a hablar en Entre Ríos de la extraña desaparición de un “vagabundo” físicamente parecido al poderoso empresario postal.
¿Es todo ello prueba de que Yabrán está vivo? Para nada, pero es interesante cómo con datos sueltos se puede promover el ejercicio del escepticismo más extremo.
Al menos, por un instante.
La noticia, que cubrió los titulares de diarios y revistas de todo el mundo, provocó una inevitable conmoción en la opinión pública, que veía al oscuro empresario como un personaje muy poderoso, relacionado a lo más importante del arco político vernáculo.
Por eso, entre la enorme cantidad de interrogantes que quedaron flotando en el aire, el más fuerte de ellos está relacionado con su propia desaparición. Y es que, así como una parte importante de la sociedad refrenda la muerte de Yabrán —lo cual es lógico—, otra gran cantidad de personas jura que el empresario postal está vivito y coleando en algún lugar paradisíaco de este mundo.
¿Es posible que pudiera estar vivo? Si bien no existe una sola prueba que sustente esa posibilidad, hay una serie de indicios que permiten jugar con esa posibilidad. Son datos, sólo datos, pero no dejan de ser sugestivos.
Por caso, pocos saben que días antes de su muerte, Yabrán le regaló a su fiel amigo Carlos Galaor “Coco” Mouriño una novela llamada El socio, del escritor John Grisham, basada en la historia de un hombre que finge su propia muerte para escapar de la justicia.
Las similitudes entre el mafioso de la novela —Patrick Lannigan— y Yabrán son realmente asombrosas y cabe preguntarse cuáles fueron los reales motivos que llevaron al empresario postal a obsequiar dicho libro a un hombre tan rústico como es Coco Mouriño.
Reforzando esta hipótesis, en agosto de 1998, un conocido periodista, Leo Gleizer, denunció públicamente que tenía la certeza de que Yabrán estaba escondido en un puerto de Siria llamado Latakia. Según él, una “fuente inobjetable” se lo había asegurado.
Asimismo, en el mismo momento en el que se hacía pública la muerte de Yabrán, se comenzó a hablar en Entre Ríos de la extraña desaparición de un “vagabundo” físicamente parecido al poderoso empresario postal.
¿Es todo ello prueba de que Yabrán está vivo? Para nada, pero es interesante cómo con datos sueltos se puede promover el ejercicio del escepticismo más extremo.
Al menos, por un instante.


