Caso Julio López, la parodia de cada principio de año
Cada año, la Justicia ordena medidas improductivas en la causa por la desaparición del albañil Jorge Julio López. Las dudas del expediente y la increíble pista que no se quiere investigar.
Desde el preciso momento que desapareció el albañil Jorge Julio López, el día 18 de septiembre de 2006, cada vez que termina cada año, se dan a conocer con bombos y platillos nuevas medidas judiciales tendientes a quedar finalmente en la nada. Desde allanamientos al penal de Marcos Paz, hasta la detención de personajes que, más allá de sus curriculums delictivos, nada tienen que ver con la causa judicial.
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En las últimas horas, por caso, se anunció la declaración indagatoria del médico policial retirado Carlos Osvaldo Falcone, quien días antes de que desapareciera López, visitó al represor Miguel Etchecolatz en la cárcel donde se encuentra detenido y señalado por un “testigo de identidad reservadad” como uno de los secuestradores del albañil.
Mientras estas erráticas medidas ocurren -año tras año, se insiste- ninguna línea de investigación alternativa es llevada adelante, aún cuando existen indicios elocuentes de que López se fue de su casa por propia voluntad y no fue secuestrado por nadie. Veamos:
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En el expediente que investiga la desaparición del albañil, hay cuatro testigos que marcan el camino hecho por López la mañana del 18 de septiembre, cuando salió de su casa en Los Hornos para asistir a la audiencia de alegatos en el juicio contra Etchecolatz. Los resultados de la medida fueron reveladores, ya que se demostraron una serie de incongruencias:
-Julio López debía ir a la audiencia con su sobrino, Hugo Savegnago, pero no lo esperó y se fue antes de su domicilio.
-Perros de la policía demostraron que López hizo un camino en zigzag, al salir de su casa, como queriendo perder tiempo.
-Según diario La Nación, el juez destacó que López vivía en un barrio de policías, "con los que tenía un trato de vecinos".
-Los cuatro testigos coincidieron en asegurar que vieron a López caminando por el barrio, en dirección contraria a los tribunales donde lo esperaban, y vestido con ropa diferente a la que usaba para ir a las audiencias.
A los puntos mencionados hay que agregar otra serie de datos que llaman la atención y que también constan en el expediente de marras:
-El albañil utilizaba todos los días un mismo modelo de zapatillas, del que tenía dos pares. El lunes en que desapareció, las zapatillas quedaron en la casa y el albañil se ausentó calzando un par de borceguíes que nunca usaba.
-Cuando salía de su domicilio, López tenía la costumbre de cerrar la puerta con llave y después tirar la llave adentro por una ventana. Esta vez se llevó la llave con él.
-En su casa faltó un pequeño cuchillo que el testigo utilizaba, pero que nunca antes había sacado de su domicilio. Todo indica que se lo llevó en esta oportunidad.
A los referidos enigmas se han sumado las dudas surgidas de su propio testimonio ante la justicia. Detalles imposibles de retener, datos que son falaces y dudosas anécdotas, hacen que su declaración sea poco creíble, a punto tal que hasta la titular de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini ha echado un manto de escepticismo a la cuestión.
"Para nosotros, no es un típico desaparecido. López no fue militante, hay que investigar su trayectoria (...) vive en un barrio de policías, tiene un hermano policía y la familia no habla de que está desaparecido, lo cual es extraño", dijo Bonafini poco después de la evaporación del albañil, al salir de una reunión con el presidente Néstor Kirchner en la Casa Rosada.
La titular de Madres aseguró posteriormente lo mismo que dicen los investigadores hoy en día: que el albañil no era el único testigo de importancia en la causa contra Etchecolatz. Las palabras finales de Bonafini fueron aún más elocuentes, al tildar lo sucedido como una "operación muy grande".
Lo antedicho provocó el consecuente enojo de gran parte de las agrupaciones alineadas al gobierno, pero más aún generó desconcierto. En realidad, Bonafini dijo en voz alta lo mismo que muchos no se animan siquiera a sugerir y que todos sospechan: que el testimonio de López fue digitado por alguien más. Es dable recordar que sus propios familiares admitieron que el albañil nunca había hablado con ellos de los detalles que luego comentara ante los jueces.
Amén de esto, llama la atención que la declaración judicial de López sea tan puntillosa, contradiciendo sus primeros testimonios referidos a su secuestro y en donde aseguraba no recordar detalles concretos del cautiverio que había vivido. Según han publicado otros medios digitales, "su declaración en el juicio por la verdad es totalmente inducida por los jueces. Dice no reconocer a sus torturadores. En el juicio oral da nombres, increíble. Habla que en Arana supuestamente veía por una mirilla todo. Todas las personas que declararon si en algo coincidieron es que en Arana no se podía ver, ya que estaban vendados y atados. Él sí ve por una mirilla. Lo raro es que las mirillas por disposición interna, se abrían de afuera (...) En Arana ve a una persona que llaman Higuita por el parecido con el jugador colombiano, que lo llamaban Higuita. Nuevamente extraño, ya que Higuita en esa fecha tenía 10 años y además no era aún conocido.”
Al día de hoy, a pesar de todo el esfuerzo que asegura haber puesto en este tema, el kirchnerismo no ha logrado dilucidar si López está muerto, secuestrado o perdido. La investigación no avanza, las hipótesis que se barajan son contradictorias y el Gobierno ni siquiera disimula su incomodidad cuando se habla de López.
Es raro, pero más aún cabe otro adjetivo: es sumamente sugestivo.
-Perros de la policía demostraron que López hizo un camino en zigzag, al salir de su casa, como queriendo perder tiempo.
-Según diario La Nación, el juez destacó que López vivía en un barrio de policías, "con los que tenía un trato de vecinos".
-Los cuatro testigos coincidieron en asegurar que vieron a López caminando por el barrio, en dirección contraria a los tribunales donde lo esperaban, y vestido con ropa diferente a la que usaba para ir a las audiencias.
A los puntos mencionados hay que agregar otra serie de datos que llaman la atención y que también constan en el expediente de marras:
-El albañil utilizaba todos los días un mismo modelo de zapatillas, del que tenía dos pares. El lunes en que desapareció, las zapatillas quedaron en la casa y el albañil se ausentó calzando un par de borceguíes que nunca usaba.
-Cuando salía de su domicilio, López tenía la costumbre de cerrar la puerta con llave y después tirar la llave adentro por una ventana. Esta vez se llevó la llave con él.
-En su casa faltó un pequeño cuchillo que el testigo utilizaba, pero que nunca antes había sacado de su domicilio. Todo indica que se lo llevó en esta oportunidad.
A los referidos enigmas se han sumado las dudas surgidas de su propio testimonio ante la justicia. Detalles imposibles de retener, datos que son falaces y dudosas anécdotas, hacen que su declaración sea poco creíble, a punto tal que hasta la titular de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini ha echado un manto de escepticismo a la cuestión.
"Para nosotros, no es un típico desaparecido. López no fue militante, hay que investigar su trayectoria (...) vive en un barrio de policías, tiene un hermano policía y la familia no habla de que está desaparecido, lo cual es extraño", dijo Bonafini poco después de la evaporación del albañil, al salir de una reunión con el presidente Néstor Kirchner en la Casa Rosada.
La titular de Madres aseguró posteriormente lo mismo que dicen los investigadores hoy en día: que el albañil no era el único testigo de importancia en la causa contra Etchecolatz. Las palabras finales de Bonafini fueron aún más elocuentes, al tildar lo sucedido como una "operación muy grande".
Lo antedicho provocó el consecuente enojo de gran parte de las agrupaciones alineadas al gobierno, pero más aún generó desconcierto. En realidad, Bonafini dijo en voz alta lo mismo que muchos no se animan siquiera a sugerir y que todos sospechan: que el testimonio de López fue digitado por alguien más. Es dable recordar que sus propios familiares admitieron que el albañil nunca había hablado con ellos de los detalles que luego comentara ante los jueces.
Amén de esto, llama la atención que la declaración judicial de López sea tan puntillosa, contradiciendo sus primeros testimonios referidos a su secuestro y en donde aseguraba no recordar detalles concretos del cautiverio que había vivido. Según han publicado otros medios digitales, "su declaración en el juicio por la verdad es totalmente inducida por los jueces. Dice no reconocer a sus torturadores. En el juicio oral da nombres, increíble. Habla que en Arana supuestamente veía por una mirilla todo. Todas las personas que declararon si en algo coincidieron es que en Arana no se podía ver, ya que estaban vendados y atados. Él sí ve por una mirilla. Lo raro es que las mirillas por disposición interna, se abrían de afuera (...) En Arana ve a una persona que llaman Higuita por el parecido con el jugador colombiano, que lo llamaban Higuita. Nuevamente extraño, ya que Higuita en esa fecha tenía 10 años y además no era aún conocido.”
Al día de hoy, a pesar de todo el esfuerzo que asegura haber puesto en este tema, el kirchnerismo no ha logrado dilucidar si López está muerto, secuestrado o perdido. La investigación no avanza, las hipótesis que se barajan son contradictorias y el Gobierno ni siquiera disimula su incomodidad cuando se habla de López.
Es raro, pero más aún cabe otro adjetivo: es sumamente sugestivo.


