Gatos gordos
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Gatos gordos. (Dos). Bien criados. Sobrealimentados. Posados en la tierra húmeda de la tumba de los Allende-Pérez. Bajo una parva de malvones gruesos, enraizados, que aun transpiran la mojadura mañanera. "Ya no quedan ratas en los depósitos", dice Don Prieto, de oficio: enterrador; empleado del cementerio municipal desde hace 23 años. "Me desvivo por atender a los muertos", deja, esperando una sonrisa. Los gatos gordos (los dos), yo, los malvones y todo lo que aquí envilece de vanidad por latir aun, le tiramos los sentidos contra la cara. Se da vuelta y escarba un poco en el piso con la pala. Caliente. Porque su frase preferida, esta vez, no ha surtido efecto. Y tan buena que le parece. Irónica, siniestra. Verídica.
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Gabriel Conte en Twitter: @ConteGabriel