Bolognezi: Daniel Girala denunció una "carnicería de infamias y calumnias"
Daniel Girala, el padre de Abdo Girala, uno de los acusados en el juicio que se lleva adelante en San Martín por la muerte de José Luis Bolognezi, lanzó munición gruesa al momento de considerar la causa donde es juzgado su hijo junto a Carlos “Metralleta” Pérez: “Esto ha sido una carnicería despiadada de infamias y calumnias”, dijo.
Primero lo hizo en un tramo de la declaración que prestó hoy durante la décima jornada del juicio, ante el tribunal que preside Pedro Bernardo Carrizo y luego ante la prensa. Luego lo manifestó ante la prensa luego de que haber declarado.
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Antes, durante su declaración aclaró que a los empleados del complejo La Jirafa, los conocía sólo de vista y que los saludaba siempre en forma sencilla: “Hola, buen día y chau”, dijo que les decía a lo sumo.
De la misma forma se refirió a su relación con el propietario de La Jirafa, de quien también aclaró que lo conocía “sólo de vista”.
Sobre la forma en la que había conocido el hecho, Girala, contó que se enteró por una llamada proveniente desde la agencia de autos 0 kilómetro, “entre las nueve y las nueve y media” debido a que él se encontraba en la gomería de calle Lavalle.
Una vez puesto al tanto de la novedad conocida durante la mañana del 14 de setiembre de 2002, el empresario apuntó que él mismo ordenó que “llamaran a la policía, a Parra –el dueño del lote baldío donde fue encontrado el cuerpo sin vida de Bolognezi- y al juez Carlos Dalton Martínez”, contó.
Puntualmente sobre el segundo acusado en el juicio, Carlos “Metralleta” Pérez, Girala informó que lo conocía por su fama de boxeador y porque “una vez fue a comprar a la gomería”.
Sí admitió que Pedro Chávez había trabajado para él en calidad de cobrador, “pero no por mucho tiempo”, sostuvo.
Consultado sobre la relación entre Pérez y Chávez, dijo no recordar una declaración anterior en la que había manifestado: “Se que el Metralleta trabajaba para Chávez”.
En tanto, Girala admitió haberlo conocido a Orlando Funes, el suboficial que estuvo a cargo de una de las investigaciones por el caso, a quien dijo haberle facilitado recursos como un “Duna gasolerito”.
“En varias oportunidades le he prestado camionetas a la policía para que esclarecan robos en la zona rural”, se ufanó.
María del Carmen Barraco, la sobrina de Puebla
Luego, a las 10:50, inició su declaración María del Carmen Barraco, la sobrina de Ana María Puebla a quien desenmascaró sobre una solicitud que le realizó en reiteradas oportunidades y que habría provocado un incidente con su marido: “Ella me dijo que alguien me iba a llamar y que yo tenía que decir que se había quedado a dormir en mi casa. Ella nunca se quedó en mi casa. Mi marido le dijo que se fuera una vez que fue a El Ramblón”, ventiló Barraco.
Abel Antonio Espalla y la alteración del lugar del crimen
Después de las 10:10, Abel Antonio Espalla, quien realizó la primera pericia del lugar del crimen, contó ante el tribunal la falta de profesionalismo de los efectivos policiales el día en que fue encontrado el cuerpo sin vida de Bolognezi: “Cuando llegué con mi compañero la escena estaba alterada”, recordó. Y agregó: “Habían policías y curiosos por todos lados. El cuerpo estaba tapado con un nylon y todos caminaban por todos lados”, sostuvo.
Más tarde, Juan Carlos Ramos, quien lo acompañó a Espalla en aquella primera pericia, confirmó los dichos de su compañero y añadió que debió utilizar su cámara fotográfica para recoger las primeras imágenes del cuerpo de Bolognezi y que ahora constan en la causa.
Entre las irregularidades descriptas por Espalla, además se supo que para determinar la temperatura del cuerpo no tenía termómetro y que debió realizar esa constatación a través del tacto de sus manos y “sin guantes”.
Pasadas las 11:40 comenzó con su declaración Héctor Salvador Quiroga, Comisario General retirado, quien describió a la causa como “un hecho muy complejo que estuvo en mis manos cerca de un mes y medio”.
Quiroga contó que conoció a Ana María Puebla porque se presentó un día con el fin de pedir por la moto secuestrada de uno de sus hijos.
Y que había determinado su presencia en el lugar y en el momento en que se produjo el crimen por sus comentarios: “Como le faltaban unos papeles volvió y las conversaciones hablaba de gente que tenía dinero y hacía lo que quería. Fue con su hija y dijo que si algo le pasaba como al chico muerto que no sabía lo que haría. Finalmente me dijo que había visto el crimen. Tenía muchas dudas. No sabía si hacerlo o no”, recordó.
Además expresó tener conocimiento de las amenazas que recibió Puebla, por lo que “se iniciaron tres o cuatro causas”.