Los precios del aeropuerto que alarman a pasajeros y turistas
Aunque algunos coinciden en afirmar que la exorbitancia concuerda con la del resto de las aerostaciones del país, desde usar la playa de estacionamiento hasta pretender tomar un café resulta poco accesible.
“Es un robo”. Así de contundente fue Marta, quien admite concurrir entre 5 ó 6 veces por año para abordar algún vuelo, para graficar la abismal diferencia de precios entre los locales del Aeropuerto Francisco Gabrielli y cualquier otro del Microcentro, o aun con estaciones como Aeroparque o Ezeiza, donde los precios son de un 8 a un 20 % más económicos.
Es que el hecho de tener que pagar 8 pesos por un café, cuando en los mejores lugares del centro mendocino oscila entre los 4 y 5 pesos, espanta a cualquiera. Y, el hecho de ver mesas y locales vacíos cuando la cantidad de personas en las áreas de espera de arribo y partidas se transformaría en un suculento y potencial nicho de clientes para cualquier comerciante del Centro, muestra claramente lo alejado de la realidad económica que se encuentran los precios de la aerostación. Allí, lo que manda es el precio-oportunidad.
Desde la llegada al control de ingreso al estacionamiento es fácil darse cuenta con qué se puede encontrar el usuario adentro. Cada persona que ingresa al predio del aeropuerto tiene un máximo de 15 minutos para completar su visita y de llegar a excederse, tan sólo un minuto, debe abonar 4 pesos por hora si llegó en moto, 6 si lo hizo en auto, 7,50 si el vehículo en que se traslada es una camioneta o 9,50 si conduce un minibús.
Te puede interesar
Celulares a menos de $700.000: cómo conseguirlos en Argentina
Una vez en el interior y si el precio por tomarse un café no lo seduce, puede servirse un té, por el que deberá pagar también 8 pesos. Ahora bien, la opción a la que recurriría alguien que no pretenda pagar esa cantidad de dinero por una infusión de volumen tan escaso y quiera servirse una botella de agua mineral, de 500cc, a la hora de abonar en caja se encontrará con que también vale 8 pesos.
Si así y todo, las ansias de consumir son más fuertes que las de ahorrar, y sin escatimar en gastos, opta por servirse un menú individual compuesto por una pizzeta y una gaseosa de 350 cc, la cuenta a pagar se elevará a los 30,50. Cifra comparativamente más baja si se está acompañado, ya que una picada para dos personas acompañada por una cerveza de 650 cc, cuesta 48 pesos.
“Se olvidan que están en la Argentina y que más allá de que llegan muchos extranjeros, a los que quizás puedan sacarles esas cantidades de dinero con facilidad, la gran mayoría de los pasajeros somos argentinos”, agrega Marta, quien asegura que cuando tiene que esperar a la espera de su vuelo “trato de evitar consumir algo aquí”.
Ahora bien, y suponiendo que el viajero prefiera no gastar en comestibles y si lo haga en algún recuerdo de la provincia o en un mínimo detalle para quien lo espere en su destino, el panorama no es mucho más alentador.
Para obsequiar una caja de 100 gramos del típico chocolate mendocino, en rama, debe disponerse de no menos de 16 pesos. En tanto, si prefiere regalar una taza con el nombre del destinatario del obsequio, que en cualquier negocio del Centro se consigue en no más de 10 pesos, en el aeropuerto cuesta 18.
“Es normal en este país”, afirma Sergio, quien asegura viajar cada 15 días por razones laborales. “Pasa lo mismo en todos los aeropuertos de la Argentina pero el de Mendoza es el peor de todos en cuanto a oferta. Hay sólo dos negocios de comida y dejan bastante que desear”, sostiene.
De todas maneras, existe otra opción: el quiosco. Lugar donde un paquete de galletas, que en cualquier negocio similar fuera del predio aeroportuario se puede adquirir entre 2,50 y 3 pesos, cuesta de 4 hacia arriba. Porcentaje de incremento que se también se refleja en un paquete de papas fritas, que a pesar de tener impreso el precio sugerido en su envoltorio, los 4 pesos que se deben cobrar se elevan a 6.
“Los precios son muy altos. Por eso, es muy raro que consuma algo aquí”, dice Juan Carlos tras arribar a la provincia luego de un nuevo viaje por cuestiones laborales y reflexiona: “No tienen relación ni con el dólar, si tuviesen como argumento que la venta se focaliza en los turistas, ni con el costo de vida, si se enfocaran en los pasajeros locales”.
A todo esto, hay que sumar un detalle más y que pinta a las claras nuestra idiosincrasia, justamente en uno de los primeros lugares que pisa un extranjero al llegar a nuestro país: la no entrega de la correspondiente factura. Como ya es costumbre, es el cliente el que debe pedir el ticket o la factura de compra porque jamás nace del comerciante entregar algún tipo de comprobante.
![]() |
Ahora bien, y suponiendo que el viajero prefiera no gastar en comestibles y si lo haga en algún recuerdo de la provincia o en un mínimo detalle para quien lo espere en su destino, el panorama no es mucho más alentador.
Para obsequiar una caja de 100 gramos del típico chocolate mendocino, en rama, debe disponerse de no menos de 16 pesos. En tanto, si prefiere regalar una taza con el nombre del destinatario del obsequio, que en cualquier negocio del Centro se consigue en no más de 10 pesos, en el aeropuerto cuesta 18.
“Es normal en este país”, afirma Sergio, quien asegura viajar cada 15 días por razones laborales. “Pasa lo mismo en todos los aeropuertos de la Argentina pero el de Mendoza es el peor de todos en cuanto a oferta. Hay sólo dos negocios de comida y dejan bastante que desear”, sostiene.
De todas maneras, existe otra opción: el quiosco. Lugar donde un paquete de galletas, que en cualquier negocio similar fuera del predio aeroportuario se puede adquirir entre 2,50 y 3 pesos, cuesta de 4 hacia arriba. Porcentaje de incremento que se también se refleja en un paquete de papas fritas, que a pesar de tener impreso el precio sugerido en su envoltorio, los 4 pesos que se deben cobrar se elevan a 6.
![]() |
A todo esto, hay que sumar un detalle más y que pinta a las claras nuestra idiosincrasia, justamente en uno de los primeros lugares que pisa un extranjero al llegar a nuestro país: la no entrega de la correspondiente factura. Como ya es costumbre, es el cliente el que debe pedir el ticket o la factura de compra porque jamás nace del comerciante entregar algún tipo de comprobante.





