El jefe de la patrulla preguntó a la madre de Campanini si podían abandonarlo
Tres semanas y media antes de que se conociera el video con el fragmento del operativo de rescate del guía de montaña Federico Campanini en el Aconcagua, su mamá, Mónica Susana Sánchez, ya había solicitado a la fiscal que tomó en un principio la causa, Claudia Ríos, que averiguara si su hijo estaba con alguien cuando falleció o si los rescatistas lo dejaron con vida y murió en la soledad del cerro.
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Antes de relatar esa experiencia, Mónica dejó en claro cuál era el objetivo de sus averiguaciones: “Yo quiero saber si en realidad alguien estaba en ese momento… o si en realidad lo dejaron porque ya no había nada que hacer aun con vida. Yo tengo esa duda, el resto lo determinará la autopsia, la causa de su muerte. Eso es lo que nos trastorna a mi esposo y a mí”.
Lo llamativo de la declaración que la mujer prestó en sede judicial fue que ni la fiscal Claudia Ríos ni sus colaboradores preguntaron cuál había sido la respuesta de la mujer ante la consulta hecha por Párraga. O, en todo caso, nunca fue plasmada en el expediente.
El grupo de la muerte
La expedición de la que formaba parte Campanini se dividió en dos grupos unos metros después de salir del campamento Berlín. Así lo explicó Rolando Abaca Cejudo, que era el asistente de Campanini y que tenían a su cargo a andinistas italianos.
“A los cinco minutos de comenzar el ascenso, Campanini tomo la decisión de caminar más rápido, con cuatro clientes que estaban en mejores condiciones físicas que el resto del grupo. El grupo total éramos siete integrantes, cinco clientes de nacionalidad italiana, Campanini como guía y yo como asistente. Campanini El jefe se adelantó con cuatro clientes, mientras el otro cliente y yo nos retrasamos un poco, debido a que el cliente con el que yo iba caminaba más lento, y específicamente ese es mi trabajo, de acompañar a las últimas personas del grupo, cerrando la marcha de la expedición”.
Abaca comentó que mantuvo contacto radial con Campanini en todo momento, pero que cerca de las 13, decidió abortar su ascenso porque no había forma de continuar: “Alrededor de la hora trece, yo había llegado a la zona conocida como La Travesia, aproximadamente a seis mil cuatrocientos metros de altura sobre el nivel del mar. Decidí descender con la cliente a la cual yo acompañaba, cuyo nombre es Antonella, porque ella se sentía mal, estaba vomitando y afectada por la altura, presentando los síntomas típicos de la altura. Por eso es que descendimos al campamento Berlín, el cual está a unos cinco mil novecientos metros de altura. Luego de informarle nuestro descenso, él (Federico) me dijo que iba a continuar el ascenso, ya que las condiciones climáticas y el estado físico y general del resto del grupo era bueno”.
A las 15.30, Rolando y Federico volvieron a comunicarse. Campanini le contó que habían llegado a la cumbre y que un rato comenzarían a bajar por la ruta normal.
“En ese momento no me dijo nada sobre el clima, pero cuando yo había estado en el campamento Berlín, ya las condiciones del clima estaban desmejorando”.
A las 17 comenzaron las malas noticias. Campanini habló por radio y contó que estaban atravesando mal tiempo y que encima uno de los italianos se había caído. Él bajó a rescatarlo, se percató de que no había sufrido ninguna herida de gravedad e intentaron seguir el descenso.
“Pero me dice también que estaban perdidos, que no encontraban la ruta normal, y que habían tenido que esquivar una avalancha, lo cual motivó que perdieran la ruta normal, y que no sabía por dónde continuar el descenso. Cuando se producen este tipo de tormentas de nieve, en la jerga andinista se la conoce con el nombre de “Pelota de Ping-Pong”, ya que tanto al frente, atrás, arriba y en el suelo todo es blanco, con una escasa visibilidad, no pudiendo medir distancias ni puntos de referencia, y eso mismo era lo que le estaba pasando, según me informó en ese momento”.
Abaca no lo dudó ni un segundo y comunicó el estado de situación a la Patrulla de Rescate.
Por las características de la radio, Rolando dejó de escuchar a Federico, pero sí podía sintonizar lo que los rescatistas indicaban a Campanini.
“Alrededor de las ocho de la noche, la patrulla me dice que al parecer Federico había encontrado la ruta, y que estaba descendiendo por la ruta normal, cerca de un lugar conocido como la Cueva, la cual se ubica en la ladera Norte. En ese momento decidí salir al encuentro de Federico, y durante mi ascenso escuchaba que la patrulla le informaba a él que yo iba en camino, pero Federico no respondía, pero igual se le informaba por si Federico, al quedarse sin batería podía escuchar pero no hablar por la radio”.
Abaca nunca encontró a su amigo. Buscó y buscó hasta las 23. Llegó al refugio Independencia y entendió que no podía seguir. La italiana que iba con él había quedado en Berlín y los integrantes de la patrulla le aconsejaron bajar porque estaba exhausto.
“Como a la una de la mañana llegó un integrante de la patrulla de rescate. Ya era el día siete. Se quedó a dormir con nosotros para emprender la búsqueda en la mañana temprano. En horas de la mañana muy tempranas, ya con la claridad del día, no sé la hora específica, el helicóptero de la patrulla de rescate logró avistar a Campanini y al resto del grupo, informando al integrante de la patrulla que nos acompañaba, y diciéndole que salga en su búsqueda, por lo que lo acompañé”.
Abaca logró caminar sólo una hora y media. Sin embargo, no resistió más y debió regresar a Berlín y de allí al Campamento Base para ser sometidos a un chequeo médico.
En el camino, Abaca y la italiana se enteraron de que una persona había muerto en el cerro. Era Elena Senin, integrante de la grupo guiado por Campanini.
“Sé que cuando llegó la patrulla de rescate, Federico estaba con signos vitales, pero casi no respondía a ningún estímulo, producto del frío, la deshidratación y un probable edema cerebral, que escuché decir a los clientes italianos que lo acompañaban, falleciendo el día ocho, según me enteré por la comunicaciones radiales de la patrulla de rescate”.
Esas fueron las últimas declaraciones de Abaca, el 13 de enero, cuando todavía nadie sabía que los últimos minutos de vida de Federico estaban en un video y la muerte de su compañero no se había transformado aún en el caso más resonante del país en los últimos dos meses.